Por Diego Cid
11 enero, 2017

“Quiero dejar en claro que no me arrepiento de lo que hice. No me disculpo. No he llorado una sola lágrima por los inocentes que asesiné”.

17 de junio, 2015. Los miembros de la Iglesia Metodista Episcopal Africana Emanuel se encuentran realizando el servicio de día miércoles liderados por su pastor, el Senador del Partido Demócrata, Reverendo Clementa Pinckney. Una figura respetada en la que es la iglesia afroamericana más antigua del sur de Estados Unidos y que fue un importante punto de congregación en Carolina del Sur durante la revolución por los derechos civiles en los 50’s y 60’s.

Department of Justice

Mientras los creyentes oraban, la iglesia se tiñó de rojo.

Nadie se explicaba cómo el carmesí brotaba de los cuerpos de los fieles. El reverendo y muchos de los presentes no paraban de sangrar mientras Dylann Roof, un joven blanco recargaba su arma 5 veces mientras repetía  “Es mi deber hacerlo. Ustedes se adueñan de nuestro país, violan a nuestras mujeres y deben irse”. Dylann, que creía en la supremacía blanca e incluso guardaba simbologías de cuando la minoría blanca controlaba Sudáfrica, continuaba su deseo por sangre.

9 personas perdieron la vida ese día.

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Cuando Dylann fue arrestado y procesado, no mostró arrepentimiento alguno y actuó como su propio abogado.

“Quiero dejar en claro que no me arrepiento de lo que hice. No me disculpo. No he llorado una sola lágrima por los inocentes que asesiné. Sí siento pena por los niños blancos inocentes forzados a vivir en este país enfermo y siento pena por la gente blanca que es asesinada a diario en las manos de las razas inferiores. Lloré una lágrima de lástima por mí mismo. Siento lástima de que tuve que hacerlo en primer lugar. Siento lástima de que tuve que entregar mi vida por una situación que jamás debió suceder”.

Chuck Burton / AP

El fiscal demostró que la cárcel no cambiaría a Dylann Roof, así que el jurado decidió condenarlo a muerte.

Fue condenado por 33 cargos en contra suya, incluyendo 9 cargos de homicidio y 12 violaciones al estatuto federal por crímenes de odio.

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El Gobierno decidió llamar a declarar a las familias y amigos de los nueve asesinados para dar su testimonio y mostrar el gran dolor que causó el tiroteo.

“Le dije a mis dos hijas que algo había sucedido… les dije que papi fue herido. Les expliqué que papi fue asesinado y que él siempre estaría con ellas, con nosotras. Les dije que estaría siempre con nosotras y que siempre hablaríamos de él. Es lo más duro que he hecho alguna vez. Explicarle a una niña de 6 años y otra de 11 que su padre fue asesinado“.

Jennifer Pinckney, esposa del Senador y Reverendo Clementa Pinckney.

Rainier Ehrhardt / AP

“Mi mundo se acabó… ¿para qué estoy acá? no me queda nada para hacer. La persona por quien vivía se ha ido para siempre“.

Anthony Thompson, su esposa Myra, con la que llevaba 16 años de casados, murió en la masacre.

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“Mi hijo me dijo que estaba luchando para conseguir logros en la vida sin unirse al Ejército. Vi a mi hijo llegar a este mundo y luego le vi abandonarlo. Antes de disparar, el asesinó se sentó en una de las bancas de la iglesia y nos miraba, perverso, perverso, tan perverso como la misma maldad puede ser“.

Felicia Sanders, madre de la víctima más joven, Tywanza, de 26 años.

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Antes de finalizar el juicio, Dylann Roof dijo que sentía un deber por hacerlo, y que aún siente que lo debía hacer: “Les pediría que me condenaran de por vida, pero sería inútil”.

Stephen B. Morton / AP

Un lamentable crimen de odio que condenamos. ¿Crees que la medida de la pena de muerte es la apropiada?