Por Catalina Yob
15 junio, 2018

Marco Antonio Muñoz viajó, junto a su esposa e hijo, a Estados Unidos para escapar de la violencia en Honduras. En la frontera, fue arrestado y forzado a separarse de ellos.

Dos días después de haber sido arrestado y forzado a separarse de su esposa e hijo de tan sólo tres años de edad, Marco Antonio Muñoz de 39 fue hallado sin vida al interior de la celda a la que fue trasladado tras ser capturado en la frontera con Texas por el delito de «ingreso ilegal». Durante semanas, la familia viajó hacia Estados Unidos con la esperanza de dejar atrás la violencia instaurada en Honduras, sin embargo no estaban en conocimiento de aquella que hoy reina en las fronteras del país liderado por Trump. 

«Tuvieron que utilizar la fuerza física para quitarle al niño de sus brazos», aseguró un uniformado.

Al interior del centro de detención fronterizo, el padre de 39 desarrolló una actitud violenta, a raíz del deterioro inherente que le provocó el distanciamiento con su familia. Impedido de comunicarse con ellos o de tener acceso a información que le proporcionara el estado de salud de su familia, Muñoz decidió quitarse la vida al interior de la prisión a la que fue trasladado al segundo día de detención.

Sin encontrar escapatoria y una palabra de aliento, el hondureño se quitó la vida por medio de un pedazo de tela que ató alrededor de su cuello. El deceso ocurrió sólo a dos días de haber llegado al recinto penitenciario. 

The Washington Post

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De acuerdo al informe policial entregado al cónsul de Honduras en Estados Unidos, Muñoz se habría involucrado en una serie de incidentes con los agentes de seguridad que custodian el lugar, hecho que permitió que el control sobre él fue reforzado. Al día siguiente, el 13 de mayo, Muñoz fue hallado tumbado en el suelo y sin mostrar signos vitales. 

Tras revisar las inmediaciones en las que dormía, los oficiales llegaron a la conclusión que el padre de 39 años se había suicidado a través del método de ahorcamiento. Utilizó un pedazo de tela que yacía en su interior para atarla alrededor de su cuello y posteriormente colgarse hasta quedar sin aliento. 

«El gobierno de Honduras lamenta que como consecuencia de la implementación de la política estadounidense, se reporte el fallecimiento del hondureño Marco Antonio Muñoz, quien fue separado de su esposa e hijo por agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas en McAllen, Texas», esgrime parte del comunicado público de la Secretaría de Relaciones Exteriores y Cooperación Internacional de Honduras.

«No somos criminales»

El fallecimiento de Muñoz se suma a la repudiable lista de inmigrantes que han encontrado su deceso al intentar cruzar a Estados Unidos. La campaña de tolerancia cero contra la inmigración ilegal, instaurada por Donald Trump, no sólo ha terminado con la vida de un número indeterminado de inmigrantes, sino que ha separado a cientos de familias que cruzaron la frontera en busca de una mejor calidad de vida. 

EFE
EFE

Sin importar la decena de imágenes de familias inmigrantes que han sido fracturadas a raíz de las políticas migratorias y que han quedado a la deriva, el gobierno del magnate norteamericano pareciera mantenerse alejado de cualquier tipo de solución que vaya en ayuda de quienes nacieron fuera de territorio estadounidense, especialmente quienes se han visto en la obligación de dejar sus países a raíz de la pobreza o violencia.

Este fue el caso de Marco Antonio Muñoz, su esposa y su hijo de tres años, quienes tomaron la decisión de abandonar Honduras y huir a Estados Unido luego del asesinato del cuñado de Muñoz. La inseguridad y el riesgo latente desencadenó que la familia emprendiera rumbo a territorios lejanos para aspirar a una vida en la que pudieran vivir tranquilos.

Pese a que actualmente la familia de Muñoz se encuentra realizando los trámites para la obtención de asilo en Estados Unidos, la vida del padre de 39 años no será restituida. Hoy son millones los inmigrantes que gritan «No somos criminales» con el propósito de exigir un trato digno. Y es que en las fronteras no sólo son objeto de vejaciones y malos tratos, sino que incluso algunos son asesinados por los mismos policías que custodian los límites territoriales. 

Familias fracturadas

El conducto regular, establecido por las políticas migratorias de Estados Unidos, determina que los adultos que intentan cruzar son procesados penalmente por el delito de «ingreso ilegal», mientras que los niños que los acompañan, son arrebatados de los brazos de sus padres y considerados como menores de edad no acompañados. Refugios, casas de extraños e incluso a la deriva, estos son sólo algunos de los destinos a los que llegan aquellos niños que al igual que sus padres, pusieron en riesgo sus vidas para aspirar a una mejor vida. 

JR

De acuerdo a información expuesta por la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza, 658 menores de edad fueron separados de sus padres en las primeras dos semanas en las que fueron implementadas las políticas.

Actualmente se desconoce el número exacto de niños inmigrantes que yacen en refugios y centros de acogida, sin embargo decenas de personas acusan que los menores de edad coexisten hacinados y sin protección. Por medio de fotografías, los mismos cuidadores de los establecimientos han visibilizado la preocupante situación que viven aquellos niños que no sólo fueron aislados de sus familiares, sino que hoy subsisten en paupérrimas condiciones.

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