Por Alex Miranda
1 julio, 2018

Matteo Salvini busca entregar recursos a Libia, para que ellos puedan asumir el rescate de las embarcaciones y que por sobre todo, impidan el éxodo de libios hacia Italia.

El ministro del Interior italiano, Matteo Salvini, se encontraba a las siete de la mañana del lunes abordando un avión militar. Según las fotos que subió a su cuenta de Facebook, el destino de su vuelo era Libia, uno de los países que más tiene que decir sobre la actual crisis migratoria del mediterráneo. El líder del partido derechista de La Liga se puso como misión cambiar el actual panorama de inmigrantes , tanto en Italia como en la UE, por lo que pasará el día en Trípoli, la capital de Libia, para renegociar los acuerdos alcanzados por su predecesor, Marco Minniti, con el Primer Ministro libio, Fayez Al Sarraj.

Antes del anuncio del viaje, ya habían rumores sobre este movimiento italiano, pero el equipo de ministro del Interior no había querido confirmarlo y prefirió entregar la información de forma sorpresiva y -como ya nos tiene acostumbrado Salvini- a través de sus cuentas en redes sociales. Aunque tampoco era difícil imaginarse que pasaría, ya que el ministro el Interior hace poco había agradecido a Libia haber «salvado y hecho regresar a Libia a 820 inmigrantes, haciendo inútil el trabajo de los traficantes y evitando las intervenciones incorrectas de los barcos de la ONG». 

A pesar de eso, hay aproximadamente 300 migrantes que aún están a bordo de estos barcos, esperando ansiosos que les den el permiso para desembarcar en Italia o algún otro puerto aledaño en Europa. 

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La conversación de Salvini en Libia

Apenas aterrizó, Salvini se encontró con Al Sarraj y el ministro del Interior de Libia, Abdulsalam Ashour. El encuentro se grabó en un video de un minuto y 26 segundos que fue compartido en Facebook, donde se puede ver al líder de La Liga proponiendo crear centros de internamiento en las fronteras del sur de Libia, diciendo que no quiere que ese país se convierta en un embudo, tal como -según él- pasa con Italia.

«Algunos países como Francia han propuesto crear estos centros en Italia y en el resto de Europa. Y eso sería un problema para nosotros y para Libia. En cambio, nosotros hemos propuesto lo mismo que su excelencia [refiriéndose al Primer Ministro]: centros en el sur de Libia para evitar que el país sea un embudo, como le pasa a Italia», dice Salvini.

Después también diría que «Libia no es un problema, sino una oportunidad de desarrollo».

Italia ya está oficialmente en territorio xenófobo. Aunque existan, según datos de la OCDE,  entre 150.000 y 300.000 italianos que se van del país en busca de mejores oportunidades, la gente sigue sin ver el peligro de las opiniones de Salvini y las están comenzando a tomar como suyas. Si una encuesta del Pew Reserch Center coloca al país de la pasta entre los más racistas de toda Europa, y una encuesta de SWG señala que un 55% de los italianos justifica el accionar anti inmigrantes en «determinadas situaciones».

A esto se suma que el sábado pasado, la Guardia Costera italiana mandó un comunicado a los barcos de las ONG que esperan en el mediterráneo, advirtiéndoles que no se harán más cargo de coordinar rescates de este tipo de embarcaciones que se encuentran cerca de Libia. Por lo mismo, es un peligro que las relaciones entre Italia y Libia vuelvan a ser tan cercanas.

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El problema de Libia

Todo esto se ve maximizado por una entrevista al vice Primer Ministro libio, Ahmed Maitig, donde destaca su interés por trabajar con los hombres claves del nuevo gobierno de Italia. «La colaboración entre Italia y Libia es decisiva», dijo, además de señalar que los migrantes son un problema importante en su país.

«Los traficantes que hacen venir a los migrantes a Italia son para nosotros bandas criminales peligrosas que no permiten que Libia avance hacia una difícil normalización», dijo Maitig.

Todo esto se da en un contexto extraño. El mismo acercamiento, que el año pasado fue encabezado por el ex ministro del Interior de Italia, Marco Minniti, con otra lógica de por medio, desencadenó una caída en los números de inmigrantes que llegan a Italia, el mejor ejemplo es que en 2018 los desembarcos se han reducido en un 80%. Pero aún así la imagen se sigue viendo negra para los habitantes de estos países, por lo que la idea de Salvini es aportar con recursos económicos y logísticos a Libia, para que ellos puedan asumir el rescate a esas embarcaciones y que -sobre todo- los ayude impidiendo su salida, cosa que sería importante, ya que la costa oeste de ese país es uno de los puntos principales de partida para miles de migrantes que quieren salir de Africa para llegar a Europa.

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Pero todo esto, por más lindo que suene, tiene una piedra de tope bastante grande; y es que las condiciones humanitarias a las que se enfrentan los migrantes en los puertos de Libia no respetan los derechos humanos, un problema que no parece preocuparle al gobierno italiano. Es más, ni siquiera los tribunales italianos -que llevan juzgando casos de rescates desde hace rato- piensan que los puertos de Libia sean un lugar seguro donde llevar a los migrantes.

Con esto, Salvini busca desligarse del problema y delegar el trabajo a sus pares libios lo antes posible.

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