Por Alex Miranda
10 julio, 2018

Polonia tiene desde 2015 un gobierno ultraconservador, que cada vez se enfrenta más contra las feministas, que enumeran sin problemas las políticas machistas de su gobierno.

A comienzos del año pasado, el Centro para los Derechos de las Mujeres de Polonia perdió las subvenciones del Estado que venía recibiendo. El gobierno ultraconservador de Ley y Justicia (PiS) dijo que consideraba los programas de ese centro como “discriminatorio” para los hombres, ya que solo atendían mujeres y la mayoría supervivientes de violencia de género.

Esta muestra de desinterés por los problemas femeninos actuales hace enojar a gente como Marta Lempart, una reconocida activista feminista que dice:  “Es un capítulo más del hostigamiento del PiS a los derechos de las mujeres”. Desde el 2015, año en que el PiS llegó al poder, ya se han cortado los proyectos para promocionar el trabajo femenino, además de programas de atención y cuidado de menores discapacitados, básicamente obligando a muchas mujeres a quedarse en casa. No por nada la Ministra del Trabajo polaca, Elżbieta Rafalska, se refiere a veces a las mujeres como “capital del cuidado”.

Los machismos del gobierno polaco

Pawel Supernak / EPA

Como si fuera poco, también se ha impuesto una tasa mínima para los casos de divorcio, lo que representa un bloqueo extra para las mujeres que sufren de violencia de género. “Y recurrentemente algún miembro del Gabinete habla de sacar a Polonia del Convenio de Estambul”, recuerda la activista feminista Anna Prus, refiriéndose al convenio para la eliminación de la violencia contra la mujer que la Unión Europea firmó.

Todas estas cosas solo suman problemas para una nación donde ya es problemático el machismo. Al año, por poner un ejemplo, se hacen 67.000 denuncias por violencia machista. Hay más datos alarmantes, como los que da el Instituto Europeo de Igualdad de Género (EIGE), que dice que alrededor de cuatro millones de mujeres polacas -mayores de 15 años- han sufrido violencia física o sexual en su vida. La escritora feminista Krystyna Romanowska dice que:

“Además, aunque el PiS y otros grupos ultraconservadores y ultracatólicos son más agresivos, Polonia tiene un problema de machismo descomunal, también en los partidos de centro y de izquierda”.

El gobierno niega que exista un ataque de ese tipo, de hecho hay algunos miembros del mismo que creen que las mujeres polacas son tratadas con “mucho más respeto” que en otros países de la UE. Algo con que la misma Marta Lempart -iniciadora del Paro de Mujeres en Polonia– no está de acuerdo, por lo que dice que

“Y no sólo por las políticas. Las radiotelevisiones públicas y estaciones religiosas como Radio Maryja, muy cercana al PiS, emiten constantemente discursos de odio hacia las mujeres y propaganda contra las organizaciones feministas. El domingo de Pascua, por ejemplo su sermón trató de cómo las feministas son terroristas y asesinas”.

El problema del aborto

AP

Otro caso aparte es el tema de los derechos reproductivos, ya que el PiS ha eliminado los programas de educación sexual de los colegios y sustituidos por programas de apoyo a la familia. Se ha limitado el acceso a anticonceptivos modernos y se ha recortado la financiación pública para la fecundación asistida. A todo eso hay que sumarle el cambio que Polonia quiere hacer en su actual -y restrictiva- ley de aborto. Ya es la tercera vez que intentan cambiarla en tres años.

“Los derechos de las mujeres polacas están bajo constante ataque y esto se debe fundamentalmente a la conexión entre el Gobierno populista y la iglesia católica, con la que tiene una deuda por su apoyo en las elecciones. Y están pagando esa deuda con los cuerpos y las libertades civiles de las mujeres”, añade Lempart.

AP

Cuándo se estaba proponiendo el primer veto total del aborto, más de 150.000 mujeres salieron a la calle en 104 ciudades y pueblos de todo el país para reclamar. Gente que nunca había participado de una marcha participó de esa y fue conocida como “El lunes negro”. Esto fue todo un acontecimiento en un país donde más del 40% de sus casi 40 millones de habitantes se define como católico. Al final esa ley se terminó rechazando, pero aún se busca cambiarla de alguna manera.

 “Y en un movimiento de acción reacción, el Ejecutivo ultraconservador del PiS ha agudizado su campaña contra los movimientos feministas. Ha aumentado la represión en las manifestaciones, los ataques públicos contra las activistas y también las represalias a quienes participan en los grupos. Nos identifican en marchas pacíficas, imponen multas, incluso ha habido personas despedidas de su trabajo vinculado a la administración por participar en las protestas. Les asustamos, así que están creando un clima político para reprimirnos”, afirma Anna Prus, una de las organizadoras del Paro de Mujeres.

 

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