Por Alejandro Basulto
22 octubre, 2019

Tras tener una linda experiencia en su primera vez en un aeroplano en noviembre del 2013, Michele Kobke confiesa que nunca se separará de estos gigantes voladores de hierro.

A muchas personas les encantan los aviones. A algunos les gusta tanto, que se llegan a convertir en pilotos, para poder conducirlos por los cielos y recorrer regiones y países en ellos. A otros que también les gusta mucho, prefieren tenerlos en casa, coleccionando figuras a escala de estos voladores de hierro gigantes. Y así, pueden haber diferentes maneras y hobbies de apreciar lo genial que son estos monstruos de la mecánica aeronaútica. Pero sin duda, lo de Michele Kobke llega a otro nivel de apreciación de los aeroplanos.

Michele Kobke

Debido a que esta mujer de 29 años de Berlin, Alemania, quedó fascinada la primera vez que voló en uno en noviembre del 2013. Tanto así, que enseguida empezó a buscar fotografías y videos relacionados a ellos. Era un amor a primera vista. Se había enamorado de los aviones. Y su casa pasó a tener una temática relacionada a su nuevo amor, logrando ella obtener a cientos de aeroplanos en miniatura para rellenar con ellos su hogar.

Michele Kobke

Tras ese viaje en el 2013, un años después Michele fue al aeropuerto de Berlin-Tegel y visitó varios aviones. Y mientras realizaba el recorrido, ella contaba cómo se había enamorado profunda y perdidamente de un avión 737-800, sintiéndose especialmente atraída por sus aletas, alas y propulsores.

Michele Kobke

Este nuevo «novio» se llamaba «Schatz», admitiendo también en ese momento que lo que ella tenía era objetofilia, que es una atracción romántica y hasta sexual, hacia los objetos inanimados. Este avión 737-800 era su nuevo amor y su primera pareja tras que en el 2011 haya tenido su última relación con un hombre.

Michele Kobke

Lamentablemente, su relación con Schatz es a larga distancia, debido a que su novio, por temas de trabajo, debe viajar constantemente y realizar largos como también distantes recorridos. Por lo que ella compensa su ausencia durmiendo con un peluche de él. De esa manera, no hay día ni noche en que ella no esté con su «primer amor».

Michele Kobke

En gustos no hay nada escrito.

 

 

 

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