Por Daniela Morano
22 marzo, 2019

Es uno de los primeros casos exitosos registrados, un gran avance para la ciencia y la calidad de vida de tantas mujeres.

April Lane, de 39 años, sufrió por varios año de infertilidad en el proceso de convertirse en la madre de 5 niños, todos menores de 7 años. A finales del año pasado, Lane tomó una decisión inusual: decidió donar su útero para que otra mujer tuviese la oportunidad de concebir un bebé y llevarlo en su vientre.

«Dejando de lado el tema de la infertilidad, y los efectos físicos, social y emocionalmente afecta mucho. Si puedo ayudar a una persona a no sufrir eso, lo haría», le dijo a Good Morning America.

Baylor Scott & White Health

Lane vive en las afueras de Boston, Estados Unidos y trabaja en una empresa de biotecnología. Adoptó a su hijo mayor con su esposo Brian cuando la diagnosticaron con un tipo de infertilidad «inexplicable», el cual suele ser muy común entre parejas con estos problemas.

Durante cuatro años intentó quedar embarazada a través de fertilización in vitro, y poco después de su primera adopción, Lane quedó embarazada de su segundo hijo, un niño 13 meses menor que su hermano mayor. Y así, en su décimo ciclo quedó embarazada de gemelas y un año después de otra niña más.

Baylor Scott & White Health

Entre medio de todo el proceso, Lane se dedicó ayudó a dirigir grupos de apoyo para la infertilidad y abrió una fundación de becas para ayudar a las mujeres a pagar los tratamientos de infertilidad. Fue gracias a esto que supo del transplante de úteros realizados en ensayos clínicos en la facultad de medicina de la Universidad Baylor en Dallas.

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«Yo y mi esposo sentimos que nuestro problema estaba resuelto pero no necesariamente el de otras familias. Apenas recibí la llamada para formar parte del ensayo clínico acepté», cuenta sobre su decisión.

Se convirtió en la donante número 15 en Baylor, siendo este uno de los centros líderes en transplantes de útero en el mundo. La operación duró alrededor de nueve horas y una vez que el útero fue removido del donante, se examina para asegurarse que pueda ser entregado a otra persona.

Las personas no se conocen hasta mucho tiempo después, cuando el transplante ya ha sido finalizado y claro, si desean conocerse.

«Muchas mujeres se juntan después y forman un lazo muy profundo», comentó la doctora Liza Johannesson, quien operó a Lane.

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Aunque para Lane este proceso significó estar cinco días en el hospital,  dos en un hotel lejos de su casa en Boston, y mucho dolor, no lo cambiaría por nada del mundo. «Como madre de cinco niños, a veces no la paso tan bien debido a todo lo ocurrido, no poder embarazarme. Cuando veo una barriga de embarazo me siento mal, pero si puedo ayuda a una familia, eso me ayuda a sanarme».

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