Por Daniela Morano
18 abril, 2019

Doctores no podían inyectarla pues el más mínimo movimiento podía quebrarla. Horas después, volvió a respirar.

Era una fría mañana antes de Navidad en 1980 cuando el ganadero Wally Nelson se encontró con algo digno de película de terror. A sus pies, una mujer completamente congelada. Era su amiga de 19 años, Jean Hilliard, quien en es entonces salía con su mejor amigo. Esa noche la temperatura era de -22ºC y Hilliard se había tropezado cuando buscaba refugio en la casa de Nelson tras chocar en su coche.

Era un bloque de hielo, una muerte que parecía terrible y dolorosa. Nelson, por supuesto, asumió que estaba muerta. Sin embargo notó que algo salía de su nariz.

Jean Hilliard

«Estaba tan sorprendido de verla así en el jardín. La tomé del cuello y la deslice hasta la entrada. Pensé que estaba muerta. Estaba más tiesa que una tabla, pero vi burbujas saliendo de su nariz», dijo a MPR News.

Wikipedia/Imagen refencial

El cuerpo de Hilliard estaba tan tieso que Wally debió ponerla diagonalmente en su coche para llevarla al hospital. Allí, los médicos no pudieron inyectarle suero por vía intravenosa porque su piel estaba demasiado congelada y de inyectarla la quebrarían.

Pudieron sentir su pulso, el cual marcaba 12 latidos por minuto. Su temperatura corporal era tan baja que ni el termostato podía registrarla, según reportó el New York Times. No pensaron que sobreviviría.

«El cuerpo estaba congelado, sólido, como un trozo de carne en un freezer», dijo el doctor George Sather.

StarTribune

Tras unas horas envuelta en una manta térmica eléctrica, revivió.

Dos meses después fue dada de alta y salió del hospital como una persona sana y normal.

 

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