Por Maximiliano Díaz
16 junio, 2018

“Los agresores imperialistas son caníbales buscando placer en la masacre”, dijo Kim Jong-un en 2014.
(Advertencia: las imágenes podrían dañar sensibilidades)

A pesar de que, en algún momento, el líder norcoreano Kim Jong-un fue una personificación de la intransigencia, la prepotencia y la inoperancia en política internacional, parece estar en un proceso de redención: de repente, el gordo líder de una de las dictaduras comunistas más grandes del mundo, un hombre coronado como Líder Supremo por su linaje, parecía convertirse en un símbolo de la diplomacia. Hace dos meses, él y Moon Jae-in, el presidente de Corea del sur, se reunían para prometer ponerle fin a la guerra que tenía a ambos países involucrados. Desnuclearizar la península. Acabar con el peligro.

Ayer, Kim se reunía con Donald Trump. Su popularidad aumentó. Por primera vez en la historia de la relación entre Estados Unidos y Corea del Norte, un líder del país asiático se reunía de manera presencial con un mandatario gringo. Kim y Trump llegaron a un gran acuerdo: desnuclearizar Corea. El país que alguna vez había amenazado con su increíble capacidad de destrucción, y ostentaba sus bombas ante cualquier amenaza o multa internacional, comenzaba a desarmar galpones, acabar con proyectos investigativos sobre bombas, y cortaba presupuesto para la guerra. Aplausos.

Pero por mucho que el Líder Supremo cambie, la tradición es más fuerte, y antes de Kim, hubo otros más poderosos y con una costumbre más larga que la suya. La mentalidad contra los Estados Unidos, Corea del Sur, y el mundo occidentalizado en general, sigue siendo mucho más fuerte. La propaganda continúa: y las televisiones, las escuelas y los guías particulares norcoreanos saben cómo propagar de una forma perfecta ese resentimiento. No es increíble si lo pensamos bien: ellos fueron criados en esa misma tradición hostil.

Uno de los bastiones en la educación contra los estadounidenses, es el Museo Sinchon de las atrocidades de guerra estadounidenses. El edificio, ubicado en la ciudad de Sinchon, está encargado de hacerle llegar al pueblo el imaginario colectivo de las masacres que vivieron los ciudadanos norcoreanos en los años 50. Es una especie de artefacto de memoria: dentro de los edificios que lo componen, su refugio antiaéreo, y la tumba simbólica, el museo alberga obras terriblemente explícitas sobre los eventos de la Masacre de Sinchon, en donde, se supone, soldados de Corea del Sur y fuerzas estadounidenses asesinaron a más de 35.000 civiles norcoreanos. La versión norcoreana, a pesar de haber sido refutada innumerables veces por ONG’s a lo largo del mundo e historiadores, se ha tomado como una verdad absoluta dentro de los límites del país de Kim Jong-un.

Ed Jones

En ese entonces, y según el rigor histórico de los profesionales, desde el 17 de octubre al 7 de noviembre de 1950, algunas de las ciudades principales de Corea del Norte, como Pionyang y Hamhung, habían sido ocupadas por fuerzas militares gringas, surcoreanas, y un ejército de la ONU. Teniendo estos antecedentes, el Instituto de Estudios Históricos Coreanos aseguró que los grupos comunistas y anticomunistas fueron los responsables de las matanzas. En el museo se ven esquelas de diarios, pinturas de mujeres siendo quemadas vivas, las botas de un soldado pisando el cuello de un civil contra una tabla; hay instalaciones sobre hombres que le despedazan a otros la cabeza a machetazos. A un tipo le arrancan los brazos con dos carretas de bueyes que van hacia lados opuestos, y la guía le muestra a los asistentes la fotografía de un cráneo humano.

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Todo tiene un ambiente solemne, enaltecido. Al fondo de una instalación, dos soldados con uniformes verdes levantan un arma contundente contra la cabeza de una mujer maniatada. Las pinturas de los tanques de al fondo lo adornan todo con orgullo.

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Al final del recorrido, todos los ciudadanos norcoreanos son invitados a elevar la memoria de los mártires de esas obras. Cuando la guía les indica que el tour ha acabado, se les permite expresar su odio contra los Estados Unidos gritando consignas antiimperialistas.

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Según los historiadores que no están afiliados al régimen, a pesar de que efectivamente sí hubo fuerzas extranjeras ocupando algunas ciudades importantes del país, aseguran que parece ser demasiado sospechoso que el ejército nacional no haya tomado parte en ningún homicidio durante las ocupaciones. Sobre todo si se considera que, yendo al museo, se expone a las fuerzas como “héroes que no lograron evitar la masacre”: según los guías, el 19º Regimiento de Infantería alcanzó a tomar las ciudades y hacerse con algo de poder, pero no lo hicieron a tiempo como para evitar que gringos y surcoreanos acabaran con los ciudadanos.

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Otra cosa que levanta la sospecha de la comunidad histórica internacional, es el hecho de que cuando los agentes del régimen retornaron al poder, volvieron a organizar purgas entre sus ciudadanos: largos procedimientos en los que se expulsaba o se asesinaba a los miembros sospechosos, indeseables, o que representaran cualquier clase de una amenaza para el partido. Es más, muchos piensan que las muertes relatadas en el museo son solo el fruto de una pequeña guerrilla civil, una rivalidad local que se salió de control, y encontró en la guerra el pretexto perfecto para limar asperezas entre los mismos ciudadanos: para los gobernadores era mucho más fácil hacer que sus gobernados odiaran a los imperialistas que al régimen.

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A pesar de que el planteamiento histórico de Corea del Norte es sospechoso, también es importante considerar que, seguramente, la comunidad histórica también esté contaminada por los poderes estadounidenses. Tampoco parece algo lógico que no hubiesen asesinado a nadie durante una ocupación. Sobre todo si consideramos el largo historial de comportamiento que tiene el ejército norteamericano en el exterior.

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A pesar de que Kim es un participante activo en la difusión de esta información (parece obvio, él es el Líder Supremo del régimen), lo cierto es que no conoce demasiado el museo. Lo visitó solo una vez, en 2014. Ese día, el gran mandatario del norte declaró:

“Las masacres cometidas en Sinchon por los agresores imperialistas estadounidenses, muestran que son caníbales buscando placer en la masacre”.

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Antes de él, su padre Kim Jong-il lo visitó en 1962 y 1998; lo mismo su abuelo, Kim Il-sung, que recorrió sus pasillos pulidos en 1953 y 1958.

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