Por Alejandro Basulto
11 junio, 2019

Tras la explosión, sus padres que vivían cerca del reactor número 4, rechazaron trasladarse debido a que la Unión Soviética no les garantizaba un hogar. Ella vivió en aquel desolado lugar hasta los 7 años.

Tras el auge del interés sobre Chernobyl, producto de la miniserie del mismo nombre de HBO, muchas historias y versiones sobre ellas han salido a flote. Entre ellas, la vida de Mariyka Sovenko, una estudiante de 19 años que a simple vista se ve como cualquier otra, con la diferencia de que ella nació y creció en la zona de exclusión de Chernobyl.

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De pocas palabras y con el interés de más bien dejar su pasado en ese lugar contaminado atrás, ella tiene a su haber una historia digna de un best seller. Debido a que hasta los 7 años, tras haber nacido en Chernobyl, cerca del reactor 4, vivió en un lugar donde las mutaciones producto de la contaminación son un rumor que hace temer a muchos.

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Mariyka nació y vivió allí, debido a que sus padres, Lydia y Mikhail, decidieran quedarse en esa zona, tras que después de la explosión del reactor nuclear en 1986, la Unión Soviética no les ofreciera una vivienda de evacuación.

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Vivieron tranquila y solitariamente los dos, hasta que en 1999 nació Mariyka, quien tuvo a su padre como el encargado de recibirla. Ellos criaron a su hija en la zona de exclusión de Chernobyl, a pesar de que por muchos fueron considerados «criminales» y una «vergüenza» por ello.

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Mientras, Mariyka creció bebiendo leche de las vacas que comían ese pasto que se supone estaba contaminado. Y a pesar de que la gente rumoreaba de sus supuestas mutaciones, como tener tres ojos al estilo pez de Los Simpsons, la verdad, es que como dijo su madre en el 2006: Ella es una niña encantadora que está perfectamente saludable, por lo que podemos ver».

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Su padres se lamentaban solamente de que no tuviera amigos, debido al lugar desolado en que se encontraban. Lo que cambió cuando ella, ya con 7 años, se tuvo que mudar de Chernobyl para asistir al colegio. Mariyka aún continúa viviendo lejos de sus padres, pero ocasionalmente le dan un permiso para ir a visitar a su madre que ya tiene 66 años.

«Las personas creen que Mariyka es un símbolo del renacimiento de Chernobyl, un signo de Dios que interpretan como una bendición de vivir aquí, y que la vida está regresando a este lugar destrozado»

– dijo Lydia, a Sunday Express.

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Mientras que Mariyka, tiene otro punto de vista. Debido a que ella lo ve más bien como un estigma. Prefiere dejar su pasado en Chernobyl donde pertenece, y estudiar en su universidad en Kiev, como también seguir trabajando en un bar de moda, para cumplir su meta de convertirse en una trabajadora de la industria hotelera.

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