Por Catalina Yob
10 mayo, 2018

“Disparo directo al corazón. Buen tiro nuevamente para Chloe”, fueron las palabras con las que su orgulloso padre exhibió el flamante trofeo de la pequeña.

“Disparo directo al corazón. Buen tiro nuevamente para Chloe, disparo de hombro seguro a 130 mm 7mm08”, fueron las palabras con las que Johny Yuile, oriundo de Nueva Zelanda, compartió una serie de fotografías de su pequeña hija de 8 años, Chloe, quien hace pocos minutos había matado a su primer ciervo con un disparo directo al corazón. El certero tiro mató de forma instantánea al animal, el cual fue despedazado por ella misma con el propósito de extraer su corazón e ingerirlo. Su padre le explicó que comer el corazón crudo del animal cazado responde al término de una caza exitosa.

Chloe yace cubierta de sangre en el rostro, luego de despedazar con sus dientes el corazón del animal, hecho que es aplaudido por los seguidores y amigos de Johny a través de Facebook. Pese a que este tipo de actos suele representar una verdadera vejación, para Chloe es sólo una caza más, ya que su padre la introdujo en el mundo de las matanzas de animales por diversión cuando tenía apenas ocho meses de edad.

Johny Sarah Yuile
Johny Sarah Yuile
Johny Sarah Yuile
Johny Sarah Yuile

Pese a que la publicación original, la cual exhibe el momento en que la pequeña comió el corazón de su primer ciervo, fue presuntamente eliminada por la violencia gráfica que exhibía, el padre volvió a publicar imágenes de otro de los éxitos de su hija, quien luce en completo éxtasis junto a uno de los animales que mató con sus propias manos en el último tiempo. 

La fotografía tuvo gran repercusión a través de la red y no sólo por parte de los detractores de la caza. Diversos portales y páginas web de caza, replicaron la imagen de la niña para felicitar a Johny, quien busca inculcar su pasión por matar animales a sus hijos pequeños. 

NZ Woman Hunters

“De Johny: ‘Oigan chicas cazadoras, soy un padre orgulloso. Miren a mi pequeña princesa Chloe (8) con su primer ciervo joven. Le disparó desde un arbusto en la granja de unos amigos la semana pasada. Le disparó usando mi hombro para posar el arma. Luego probó un pedazo de su cálido y tembloroso corazón. ¡Así se hace Chloe!'”. 

Una pasión que los une

Desde temprana edad, Chloe y sus cuatro hermanos, quienes actualmente viven en Australia, han crecido en un hogar donde la caza no sólo es percibida como un deporte, sino que como una pasión que los une. El matar animales no responde a una forma de sustento alimenticio, ya que sólo es una práctica que acrecienta su ego y el poder de arrebatarle la vida a un ser inocente, sin justificación alguna. 

Jonathan Yuile

En este caso, la sangre es el premio que obtienen por una velada exitosa de caza. Cuando el hecho de matar a un ser inocente se normaliza de esta forma, los niños crecen junto a la idea que los posiciona como entes superiores. De esta misma forma, las armas de fuego comienzan poco a poco a integrarse en la vida cotidiana de los niños, lo que permite que éstas sean percibidas como elementos que necesariamente deben encontrarse al interior de un hogar. 

La fascinación por las armas y la matanza de animales se va traspasando de generación en generación, imposibilitando cada vez más la eliminación de este tipo de vicios con los que actualmente coexiste la sociedad, los cuales sólo logran sacar lo peor del ser humano. El respeto por la naturaleza y los animales son simplemente valores que difícilmente podrán ser adoptados por los hijos de Jonathan Yuile: desde el día en que nacieron les demostró que un arma de fuego no debía ser vista como un peligro.

Aún cuando actualmente las leyes de armas están siendo objeto de regulaciones y las prácticas de caza sean prohibidas en diferentes países, la crianza con la que crecen miles y millones de niños a nivel mundial faculta que las próximas generaciones se desarrollen carentes de consciencia. 

Pese a que ha transcurrido más de un año desde que fueron tomadas las polémicas fotografías, aún continúan emergiendo detractores a través de redes sociales, en las que la mayoría de los usuarios esgrimen que las habilidades de Chloe serán aún más mortíferas que las de su padre en relación a la caza de animales.

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Algunos de los comentarios apuntaron a que aquella pasión que recae en arrebatarle la vida a un animal, puede sufrir mutaciones y convertirse en una psicopatía que implica la fantasía de ver como la vida de un ser humano se escapa a través de un disparo.

Crecer sin empatía 

De acuerdo a la psicóloga peruana, Carla Mantilla existe evidencia científica que un niño que disfruta de la crueldad hacia los animales, responde a un peligro en potencia. Pese a que el caso de Chloe posee diferencias con aquellos niños que no crecieron en base de una crianza que venera la matanza animal, la pequeña de ocho años podría sufrir algún tipo de trastorno en su vida adulta.  

“Algunos investigadores clásicos como Hare observaron que la crueldad con los animales (y/o la piromanía) en la infancia podían asociarse luego con el desarrollo de una personalidad psicopática. Sin embargo, la presencia de estas conductas en la niñez no necesariamente predice al 100% el desarrollo de este tipo de personalidad en la adultez. A veces el maltrato a los animales en los niños puede asociarse con otras cosas y otras causas, por ejemplo con curiosidad, por presión de pares o como manera de descargar la agresión”. 

Asimismo, Mantilla esgrime que uno de los efectos que desencadena el maltrato animal desde temprana edad, es que los niños crecen sin conocer el concepto de empatía, el cual no sólo se reduce al sufrimiento de un animal, sino que éste es inherente a cada aspecto en la vida de un ser humano. 

“Debe preocupar, especialmente, cuando en el niño hay un disfrute, un placer asociado a esta actividad, una clara intención de hacer sufrir y obtener una gratificación de ello. Aquí además está presente una dificultad para conmoverse con el sufrimiento, una falla en la empatía (o el componente afectivo de ésta)”. 

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En relación a esto y en el año 2001, Frank Ascione, del departamento de Psicología de la Universidad de Utah (Estados Unidos) escribió una célebre frase para ejemplificar la forma en que la violencia hacia los animales, puede transformarse en violencia interpersonal. 

“El abuso de animales y la violencia interpersonal comparten características: ambos tipos de víctimas son criaturas vivas, tienen capacidad para experimentar dolor y podrían morir a consecuencia de las lesiones infligidas”.

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