Por Maximiliano Díaz
28 mayo, 2018

Windell Boutte lleva años ejerciendo la cirugía estética, sin embargo, ahora debe enfrentar a la ley por una serie de pacientes dañados por su poco profesionalismo.

Desde siempre ha existido un cliché relativo a “disfrutar los empleos”. Frases hechas del estilo de “haz lo que amas y no tendrás que trabajar un solo día de tu vida”, se han tomado el internet. Generalmente, asociamos el goce y el disfrute a la felicidad. Conceptos que, a pesar de no ser en absoluto contrapuestos, parecen estar algo mal delimitados. A pesar de que esto pueda sonar como algo bueno en un principio, es importante recalcar que también tiene sus pequeñas (y grandes) fallas. Sobre todo cuando no nos tomamos demasiado en serio un trabajo que involucra a otras personas.

Cuando hablamos de médicos, específicamente, hablamos de profesionales de la salud en cuyas manos ponemos nuestra vida. Todo tiene que ver con ellos: cada procedimiento, búsqueda de una cura o un tratamiento se rige por el criterio y la capacidad profesional que su formación en la medicina puede ofrecernos a los pacientes (y por qué no, también clientes). De la misma forma, nosotros esperamos lo mejor. Tenemos una paciencia y una esperanza ingenua cuando se trata de las capacidades de los que saben de la medicina.

Pero, ¿qué pasa cuando nos ponemos en manos de supuestos profesionales y eso solo nos perjudica?

Eso es lo que le sucedió a muchos cuando su cuerpo quedó bajo el bisturí de la doctora Windell Boutte, una cirujana plástica de Atlanta que parecía disfrutar demasiado de su trabajo. Tanto, que le quitaba solemnidad a este, y dignidad a sus pacientes.

Facebook/Molusco

En el gremio médico y en su recinto hospitalario, Boutte era considerada una persona bastante poco seria. Reconocida por bailar y cantar mientras abría la carne de sus pacientes, recientemente quedó expuesta por su poca profesionalidad cuando una mujer llamada Icilma Cornelius llegó hasta su despacho solicitando un procedimiento. La premisa era sencilla para alguien que tiene un recorrido como el de Boutte. La paciente buscaba hacerse una cirugía estética de abdomen y una liposucción. La doctora hizo el presupuesto y la mujer aceptó. Acordaron la cita. Era una cirugía ambulatoria.

Todo estaba dispuesto para tener buenos resultados: sobre todo cuando se trata del bajo riesgo que implican las cirugías estéticas, y la seguridad de ponerse en las manos de un profesional que lleva años en el rubro. La cirugía comenzó, pero se tardaba más de lo esperado. Finalmente, la paciente estuvo sobre la mesa de operaciones más de 8 horas. Todo salió pésimo. Resultado final: muerte cerebral.

Facebook/Molusco

Pero esto era solo el comienzo de una larga lista de verdades indeseables para Windell Boutte. Cuando se abrió paso a la investigación, la doctora supo que su paciente era una prometedora estudiante de doctorado que estaba a punto de casarse. 

Como era de esperarse, no cesó en la culpa y el arrepentimiento de la cirujana. Algunas semanas después, la hija de la paciente afectada (quien ahora necesitará ser atendida de por vida), Ojay Liburd, interpuso una demanda contra Boutte por el daño permanente sobre el cerebro y el cuerpo de su madre. En sus propias palabras:

“Ella solo quería estar perfecta para su vestido de bodas. Esa fue la primera vez que vi a mi madre indefensa”.

Facebook/Molusco

Y, con la precisión de un reloj, tan pronto como Liburd interpuso la demanda, otras pruebas comenzaron a emerger: testimonios de pacientes y profesionales que debieron trabajar con Boutte, e incluso vídeos de ella en los procedimientos comenzaron a esparcirse por las redes sociales. 

Windell Boute

Actualmente, hay más de 20 vídeos de la cirujana en diversas redes sociales. En ellos, se la ve bailando, apoyándose sobre los cuerpos que está operando, y cantando dedicadamente. En algunos momentos, mira a la cámara con el estilo desbordante de algunos raperos. Al parecer, para sus colegas, no era raro verla sostener el cuchillo con una mano, y con la otra hacer gestos dignos de un vídeoclip. En uno de los vídeos utilizados como prueba por sus ex pacientes, se ve a Boutte encaramada a un cuerpo anestesiado, mueve el bisturí en el aire sobre su paciente, y canta “I’m ‘bout to cut it’ (Estoy por cortarlo).

Facebook/Molusco

A pesar de que otros pacientes (y víctimas de Boutte) no tuvieron los mismos resultados de Icilma Cornelius, sí adhieren a su causa y se sienten terriblemente pasados a llevar. Mitzi McFarland, por ejemplo, se operó hace algunos años con Boutte. El objetivo de la operación era mejorar la apariencia de su abdomen. Hoy, declara que los resultados son como “si Freddy Krueger hubiese cortado mi estómago”. Algo parecido es lo que relata otra paciente que prefirió mantenerse anónima al momento de dar su testimonio sobre Boutte, quien aseguró que fue a verla por un problema de irritación en su cuero cabelludo. La cirujana le dio un tratamiento por el que contrajo una infección por estrafilococo resistente a la meticilina, una infección generada por bacterias resistentes a los antibióticos. Eso la dejó con cicatrices permanentes en su casco.

Mitzi McFarland, quien asegura que su estómago quedó como si lo hubiese cortado Freddy Krueger (Foto: Facebook/Mitzi McFarland)

Ahora, los vídeos de Boutte continúan recorriendo las plataformas a una velocidad impresionante. A pesar de que no ha prestado mayores declaraciones para defender su trabajo (probablemente nadie a quien le quedase una pizca de ética haría algo como eso), sí lo ha hecho Susan Witt, la abogada de los demandantes que están en contra de la cirujana, y solo ha logrado hundirla aún más, atacando no solo a su trato con los pacientes, sino al propio respeto que un profesional de cualquier área pudiese tener por sí mismo. Witt aseguró que “No podrías presentarte ante un paciente de una forma más indigna”. 

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