Por Vicente Quijada
6 diciembre, 2017

Esto es humillante.

Llámenme anticuado, pero arrendar habitaciones a extraños -a pesar de que estén sustentados por una confiable plataforma como Airbnb- siempre me ha dado miedo. Ya sea porque uno nunca sabe cuando será parte de otro filme de Hostal o porque simplemente no quiero lidiar con los pelos de otra persona en el baño.

Sí, anticuado pero seguro. Y aquí les contaré una historia que les hará replantearse arrendar ese lugar que ya tenían visto para sus vacaciones.

Un individuo estaba teniendo un hospedaje sin sobresaltos, cuando notó que había un sensor de movimiento en la pared. Al ver que era uno sólo, el sujeto desconfió y fue a revisar el dispositivo. 

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Y al darlo vuelta, notó que se trataba de una cámara, conectada al IP de internet. O sea, el dueño del Airbnb podía ver, en todo momento, lo que pasaba en la habitación. Perturbador, por lo bajo.

Todo salió al aire gracias al tweet de Jason Scott, quien denunció la situación que vivió su amigo. 

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En noticias «oh, esto es algo nuevo», un colega mío pensó que era extraño que solo hubiera un «detector de movimiento» en el dormitorio de AirBNB y voilá, es una cámara IP conectada a la red. (Se fue a las 3 AM, lo reportó, el anfitrión fue suspendido y mi amigo recibió un reembolso).

Por suerte para el desafortunado viajero, la plataforma actuó de inmediato, tomó las acciones correspondientes y le devolvió su dinero. Pero el mal rato que pasó al perder su privacidad no será devuelto por nadie.

Un caso que lamentablemente no es aislado, a pesar de las prohibiciones de la plataforma con sus anfitriones. Ten cuidado la próxima vez.

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