Por Maximiliano Díaz
18 mayo, 2018

Son miles y se sienten disminuidos por las mujeres que buscan la igualdad de derechos. Defienden el abuso psicológico, la violencia física, y a veces hasta las violaciones.

Odiar a las mujeres está de moda. Suena como algo arbitrario, extraño y psicopático. Pero es cierto. En la era de la hiperconectividad y la cuarta ola del feminismo tomándose calles, universidades, hogares, redes sociales y relaciones de pareja, sigue habiendo hombres disociados que creen que las labores femeninas no se están cumpliendo a cabalidad, y que el mundo debe devolverles el privilegio que “les ha sido quitado”. Los conocen como “incels”, una abreviación y juego de palabras para referirse a las personas involuntariamente célibes. Han generado una comunidad bastante grande en internet y, según dicen, están en expansión.

Esta semana, miles de mujeres marcharon por las calles de Santiago de Chile. En su búsqueda de una educación feminista, libre de sexismo, y preparada para aceptar protocolos en contra del acoso, mujeres de todas las edades se movilizaron exigiendo sus derechos. En algunas fotografías, se las ve abrazando a policías mujeres que asistían a la movilización con el objetivo de mantener el orden. En un momento, la institucionalidad represora y la revolución se fundían. Se estaban haciendo juntas. Algo grande estaba pasando.

Publimetro

El internet lo conecta todo

Al mismo tiempo, una pantalla conecta a Latinoamérica y el mundo. En los fotos se comparten mensajes que encuentran nichos en foros, redes sociales, y grupos de chats de lo más variados. A pesar de que, según las estadísticas mundiales del uso del internet, la cifra de usuarios entre hombres y mujeres es más o menos equilibrada, siempre se pueden encontrar espacios adecuados que carezcan de la supervisión de otros. Y los incels están ocupando seria y peligrosamente esa pequeña falencia de las redes.

Al entrar a un foro de incels, o a una comunidad con estas tendencias (muchas veces a los mismos incels les da vergüenza asumir su condición, porque socialmente el concepto ha adquirido un carácter peyorativo), los usuarios de internet casi siempre se encuentran con lo mismo: un enorme grupo de hombres que, desamparados por la “pérdida sistemática de sus privilegios”, deciden rebelarse contra una sociedad que, ellos creen, están gobernando las mujeres.

New York Times

Con una importante proliferación en la sociedad occidental, la comunicación y el contacto entre los incels funciona en niveles más íntimos que globales. A pesar de ser un grupo relativamente acotado, cada vez más usuarios se suman a sus redes, y según muchos expertos, esto solo es parte de un conjunto de ideologías aún más grande.

Su causa

Los hombres enojados y acostumbrados a su privilegio realmente pueden ser seres nefastos. Los incels, en particular, son detractores de todos los cambios sociales asociados a que el poder se reparta equitativamente entre hombres y mujeres: difunden un machismo recalcitrante, disfrutan el humor que tilda a las mujeres de “putas” o que las envía a la cocina, ridiculizan la causa feminista, aman el término “feminazi“. Y muchos de ellos emiten reiteradas amenazas hacia las mujeres como género. Los incels, por lo general, mantienen su profundo resentimiento encapsulado, pero se han sabido aprovechar muy bien del auge de las redes sociales para transmitir y difundir su discurso de odio.

El discurso incel se funda, básicamente, en la dolorosa pérdida de este privilegio, y en la creencia de que las mujeres se han organizado para impedirles a los hombres tener sexo (algo que ellos comprenden una necesidad básica para el desarrollo correcto de los seres humanos) y por eso deben ser castigadas. Es sabido que en Occidente los hombres siguen gozando de cierta jerarquía a pesar de la difusión de los movimientos feministas. Aunque muchos quieran negarlo, si no hacemos distinciones de clase ni color de piel se da por sentado que, solo por el hecho de ser hombre, un bebé tendrá más oportunidades en esta sociedad a futuro. A los incels les cuesta mucho aceptar que su condición preferencial se esté perdiendo. Se sienten molestos cuando las mujeres solicitan los mismos beneficios, o que se visibilicen casos de acoso que fueron obviados durante años en grandes industrias o las labores más pequeñas. Para ellos, la igualdad feminista es una amenaza. Según Lilliana Mason, una científica social de la Universidad de Maryland, encargada de estudiar la identidad grupal y política:

“Tienen esta sensación de que “solíamos estar a cargo, y ahora ya no lo estamos, así que nos están atacando”. Si percibes que se te debe algo, de que tu condición merecida está bajo amenaza, entonces comienzas a luchar por ella”.

New York Times

Justamente, y sin reconocer el histórico goce masculino, es que este grupo ataca al movimiento feminista, asegurando que ponen a los hombres bajo amenaza. Se han vuelto famosas (y tristemente populares) apreciaciones del feminismo como una “cacería de brujas”, o de la situación actual de la sociedad como una en la que “ya no podemos hacer nada, y estamos siendo constantemente monitoreados”. Cualquier desafío a la jerarquía fundada en una historia escrita por y para hombres, resulta en un ataque directo para los defensores de este modo de pensar.

Grupos aliados

Ciertamente, las comunidades en internet que avalan esta noción de la sociedad (o alguna de sus aristas) han crecido bastante durante el último tiempo. El famoso foro abierto Reddit tiene una sección llamada TheRedPill. En esta, hilos como “Si le estás prestando atención a una mujer, ella está ganando”, o “Primera regla para tratar con acusaciones de violación y policías, quédate callado” son respondidas y celebradas por una enorme comunidad de usuarios. En estos hilos, en los que uno de los temas más recurrentes es que se está culpando a los hombres famosos por los sentimientos de culpa de las mujeres después del sexo, se habla con soltura de conceptos como “los derechos que los hombres hemos perdido” o “no importa qué hagamos, jamás nos creerán si es contra una mujer”. Una victimización precaria, infantil e injusta, en la que los miembros de la comunidad sienten una represión inventada para poder valerse contra el feminismo ante una comunidad que los respalde.

A pesar de ser un grupo grande y accesible, TheRedPill no apunta directamente a ser una comunidad hecha por y para incels. Sin embargo, también promete a sus seguidores que algunas de las reglas más importantes para triunfar en la vida, son lograr manipular a las mujeres para que tengan sexo con ellos. En estos grupos, generalmente, el sexo se entiende como una cuestión de jerarquía. Aquí, el que logre acostarse más veces y con más mujeres, será quien tenga un estatus más elevado. Un macho alfa.

Pixabay

Por lo general estos grupos, que proliferaron en la era más potente de las redes sociales, encuentran en comunidades más grandes un discurso más radical y violento. Además, es común que tiendan a sentirse por sobre el resto y a reconocerse a sí mismos como “los únicos capaces de ver la verdad”. Y encuentran en métodos violentos y poco ortodoxos una salida del problema que ellos mismos se han impuesto al encontrarse con la búsqueda de la dignidad femenina: la manipulación, los golpes y las violaciones son algunas de estas. Según Michael Kimmel, sociólogo y director del Centro para el Estudio del Hombre y las Masculinidades de la Universidad Stony Brook, los incels tienen una representación extraña de sí mismos:

“Lo presentan como que ‘ellas’ los hacen sentir ‘menos’. Entonces la violación es como creen que pueden quedar en el mismo terreno. La violencia es la manera en la que se desquitan. ‘Ella tiene el poder y lo voy a reclamar'”.

Esperemos que mientras las mujeres se sigan movilizando en su incansable búsqueda de la igualdad de derechos, estas aberrantes corrientes de pensamiento se mantengan bajo las cortezas sociales hasta su erradicación. Es cierto que no podemos pensar en deshacernos de los sujetos que la porten, pero en este caso, la educación juega el importante rol de demostrarles su error.

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