Por Vicente Quijada
6 julio, 2018

Aún así, el astro brasileño se salvó de la amarilla que lo podría haber dejado fuera de las semifinales que no jugará.

Hace unos días, en un entrenamiento del “Scratch”, se vio a Neymar tirándose y fingiendo, entre risas, una falta. Así, quedaba demostrado que el astro no es ajeno a lo que se dice en redes sociales y el mundo fútbol, donde se le acusa de exagerar y simular de manera continua. Hasta los mexicanos, eliminados por la “canarinha”, le dedicaron una portada. “Ponte serio”, se leía en la primera página del diario Record. Pero el brasileño no aprende.

En el 52′ del encuentro entre Bélgica y Brasil, y ya con el marcador en contra 2-0, el “10” volvió a hacer gala de la maña que tanto se le critica. Tras encarar por la izquierda, se internó en el área entre los jugadores belgas y, al mínimo -y prácticamente inexistente- contacto con Fellaini, cayó. Y reclamó de inmediato.

Sin embargo, el juez Milorad Mazic no compró y, sin siquiera solicitar ayuda del VAR, hizo levantar al brasileño. Ney, sabiendo de su obvia simulación, se paró y pidió que el juego siguiera en repetidas ocasiones, mientras el resto de la verdeamarelha -incluido Tite- pedían el vídeo arbitraje.

Pero se salvó, porque de haber revisado el serbio, probablemente se habría ganado una amarilla. Y con ello, quedaría marginado de una semifinal que nunca llegó. Porque ni el del PSG ni Brasil pudieron con la fortaleza belga, ni con un Courtois heroico, que salvó espectacularmente uno de los pocos remates de peligro que tuvo el “10”, en el 93′. 

Así, e inesperadamente, se acaba la carrera de uno de los favoritos del torneo, ante otro de los elencos más fascinantes que nos ha entregado esta edición, y Neymar agota una de sus últimas posibilidades de ser campeón del mundo. Volverá en Qatar, ya con 30 años. 

Esperemos que para entonces ya se haya puesto serio. 

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