Por Catalina Yob
19 junio, 2018

Grabaciones captadas al interior de los centros de internación de Estados Unidos, que albergan a más de 10 mil menores, han sido reveladas y dan cuenta del desgarrador panorama.

«¡Papá!, ¡papá!, ¡papá!, ¡quiero ir con papá!», es uno de los desgarradores gritos que puede ser identificado en una de las grabaciones que emerge desde uno de los centros de internación para menores inmigrantes en Texas, Estados Unidos. Una de las más extensas se prolonga por ocho minutos y da cuenta del infierno al que son forzados a vivir los más de 10.000 niños y adolescentes que han sido separados de sus padres, luego de ingresar a territorio estadounidense.

Niños de todas las edades yacen desorientados y fatigados de tanto llorar por sus padres, quienes hoy se encuentran siendo perseguidos penalmente por el gobierno de Donald Trump por el delito de «ingreso ilegal» y que incluso podrían recibir condenas carcelarias. La rapidez con la que se produce el distanciamiento, imposibilita que los padres orienten y preparen a los pequeños para el futuro que les depara.

El precipitado aumento que ha experimentado el número de inmigrantes que busca ingresar a territorio estadounidense, desencadena que los centros que fueron inicialmente dispuestos para albergarlos, hoy se encuentren completamente colapsados. Los niños duermen en condiciones de hacinamiento y con la incertidumbre de si podrán, algún día, volver a ver a sus padres y/o familiares.

Mientras que miles y millones de personas alrededor del mundo exigen que las familias migrantes permanezcan unidas, entre ella la misma Melania Trump, el presidente nº45 de Estados Unidos se rehusa a alterar la política de tolerancia cero que se ha instaurado en el país. Trump ha manifestado públicamente que su gobierno no es responsable del problema que actualmente involucra a las familias inmigrantes, sino que son ellos los primeros que han impulsado un camino para arreglarlo.

«Nosotros no hemos creado este problema. Somos la primera Administración que ha dado el paso de intentar arreglarlo», sentenció. 

Pese a que las familias son forzadas a separarse bajo la premisa de que tras el término del juicio se reunirán, hoy existe un número indeterminado de casos de personas que han sido deportadas a sus países, pero sin la compañía de sus hijos o familiares menores de edad. Además del shock emocional que les provoca la posibilidad de enfrentar una condena de prisión efectiva en Estados Unidos, hombres y mujeres coexisten con el miedo de que sus hijos sean reasignados en familias adoptivas y no volver a verlos.

«Sácame de aquí»

Una de las voces que puede ser escuchada en el audio revelado por la organización «Propublica» corresponde a una niña, de identidad desconocida oriunda de El Salvador, quien ruega ser trasladada hasta la casa de su tía. «Necesito que me venga a recoger, me sé el número de memoria. Para que mi mami venga después, lo antes posible», dice una pequeña, mientras intenta contener las lágrimas. 

Tras exteriorizar la desgarradora súplica, una representante del consulado se acercó hasta la menor y le permitió que llamara a su tía. No existen registros de la conversación sostenida entre la menor y su tía, sin embargo la misma organización sin fines de lucro que divulgó las grabaciones, contactó a la mujer. 

«Fue el momento más difícil de mi vida. Imagínese recibir una llamada de su sobrina de seis años. Está llorando y me ruega que vaya a buscarla. Ella dice: ‘Prometo que me comportaré, pero por favor sácame de aquí. Estoy completamente sola'».

Aún cuando sacarla del lugar está entre sus principales deseos, la tía de la niña no puede hacer absolutamente nada al respecto. Dos años atrás, la mujer migró a Estados Unidos desde El Salvador, por lo que la mujer teme que si intenta ayudar su situación en Estados Unidos pueda cambiar.

The New York Times
Global Sisters Report

El centro más grande que hoy dispone el gobierno se encuentra al sur de Texas, en un recinto que solía ser utilizado como supermercado por la empresa Walmart. Actualmente, éste alberga a más de 1.500 niños, quienes pernoctan en delgados colchones, los que incluso deben ser compartidos, ya que el número de niños «sin compañía» aumenta a la velocidad de la luz.

El mayor miedo que hoy inunda a las miles de familias que se encuentran en esta situación es que debido a la inexistencia de registros, la posibilidad de reencontrarse con sus seres queridos disminuye conforme al transcurso del tiempo.

Mientras los adultos son detenidos y perseguidos penalmente por el delito de «ingreso ilegal», los niños son trasladados hasta refugios o centros de internación que se encuentran en la frontera de México y Estados Unidos, sin embargo muchos son llevados a albergues o familias de acogida, haciendo que el reencuentro sea aún más difícil.

A medida que la crisis sigue agravándose, expertos de todo el mundo coinciden en que la situación que están experimentando los niños, se traducirá en secuelas que permanecerán con ellos durante toda su vida. La separación forzada de sus padres, siembra en los niños el trauma, la desesperación y la tristeza incontrolable que les provoca pensar en el abandono. 

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