Por Catalina Yob
12 abril, 2018

En Japón, el 62% de las mujeres “renuncian” a sus trabajos tras ocurrido el parto.

A meses de haber sido contratada, una mujer de identidad desconocida, recibió la maravillosa noticia de que esperaba un hijo junto a su novio, quien trabajaba para el mismo banco en el que ella residía. En lugar de recibir felicitaciones, la joven fue asediada y presionada por el alto mando para que iniciara el proceso para dar término a su embarazo. Además de ser objeto de presiones que aludían a la pérdida de su trabajo, su jefe la amenazó con “aplastar” su carrera profesional si decidía tener el bebé y desechar la idea de un aborto. 

Ante la idea de ver desestimado su incansable esfuerzo por escalar en su carrera profesional, la mujer terminó cediendo ante la presión  y se realizó un aborto en el año 2011. Debido a que en Japón son los jefes quienes deciden el futuro familiar de sus trabajadoras, haberse sometido a un aborto no fue aplaudido por ellos. Para sus superiores sólo significó el paso lógico y normal que debía dar en orden a alcanzar el éxito en su carrera profesional.

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“El director del centro había establecido el orden en el que las trabajadoras podían quedarse embarazadas y al parecer nadie puede tomar su turno antes que otra persona que lleva más tiempo”, reza el testimonio de un hombre de identidad desconocida, cuya esposa debió disculparse ante el jefe por quedarse embarazada antes de que fuera su turno y “romper las normas de manera egoísta”.

“El director aceptó a regañadientes nuestras disculpas, pero desde el día siguiente, ha estado reprendiendo a mi esposa con palabras duras, como: ‘¿Cómo pudiste romper las reglas tan egoístamente?’ Mi esposa se siente culpable al pensar en las difíciles condiciones de trabajo de sus colegas. Soy plenamente consciente de que tenemos la culpa de no planificar bien. Pero, ¿quién se beneficia al tener su ‘turno’ para tener hijos y seguir esas reglas?”.

“Respeto a mi esposa por su compromiso con su profesión, y continúo alentándola. Las condiciones de quienes trabajan para cuidar y cuidar a los niños son evidencia de un país atrasado “.

Las mujeres que trabajan en sectores de cuidados, como la mujer que fue forzada a exteriorizar un perdón por embarazarse, deben acatar una suerte de calendario que especifica cuándo pueden contraer matrimonio y quedar embarazadas. En otras empresas el embarazo es un acto prohibido de forma tácita entre los trabajadores, quienes conocen las serias consecuencias en sus carreras laborales si deciden traer un hijo al mundo. 

Japón: una población que envejece y se reduce

De acuerdo a informes del Banco Mundial, una mujer japonesa tiene 1,5 hijos aproximadamente, cifra que ha experimentado bajas en los últimos años a raíz de las sexistas normas que delimitan las decisiones de una familia y que castigan a las mujeres. Múltiples expertos coinciden en que las cifras demográficas de Japón se reducirán en un tercio para el año 2060, hasta llegar a una población de 80 millones de habitantes.

Según las cifras de una encuesta realizada por Rengo, una de las mayores confederaciones sindicales de Japón, cerca del 30% de las madres que trabajan experimenta algún tipo de hostigamiento en sus lugares de trabajo. Dicha violencia aumenta en las trabajadoras embarazadas, quienes son objeto de presión y abuso por parte de sus jefes y colegas, incluyendo sus compañeras mujeres.

Además de ser presionadas para dar término a sus embarazos, las mujeres, posterior a la realización del aborto, son reprendidas y castigadas con horas extra de trabajo, con el propósito de que la situación no vuelva a repetirse.

Trome

El embarazo como obstáculo de la productividad

La ley de Normas Laborales prohibe la desvinculación de una mujer en los primeros 3o días a su regreso de la licencia por maternidad, mientras que la ley de Igualdad de Oportunidades de Empleo de 1985 castiga cualquier tipo de discriminación basada en el embarazo, parto o licencia de maternidad, sin embargo éstos estatutos continúan siendo vulnerados por múltiples empresas y organizaciones de Japón, las cuales ven en el embarazo un obstáculo para su productividad y su rendimiento.

De acuerdo al Japan Times, los empleadores poseen arraigado en su cultura que los trabajadores dediquen sus vidas a la empresa, normalizando que éstos permanezcan hasta altas horas de la noche en el trabajo, sin importar que no queden pendientes. Cuando una mujer utiliza su licencia por maternidad, sus colegas son quienes deben ocuparse de sus laborales, ya que los empleadores desestiman por completo la idea de contratar a un reemplazo. 

De acuerdo al Instituto de Población e Investigación de Seguridad Nacional en Japón, cerca del 62% de las mujeres “renuncian” después de ocurrido el parto, porcentaje que fatídicamente sólo ha experimentado alzas en el último tiempo. 

TIM O’BREE “Situación laboral antes y después de dar a luz al primer hijo”

Pese a que las denuncias por estas prácticas de abuso, presión y hostigamiento que giran en torno a la maternidad continúan creciendo, los políticos machistas continúan convenciendo a más empleadores de priorizar la productividad y el rendimiento antes que la satisfacción personal de las mujeres que buscan convertirse en madres. Ayako Sono, ex miembro del panel gubernamental sobre educación, catalogó al ‘acoso por maternidad’ un término “sucio”, asegurando que sólo se trataba de una exageración por parte de las mujeres. 

Ante esto, el gobierno se ha mostrado a favor de cambiar la cultura inserta en la fuerza laboral de Japón, sin embargo las cifras que persiguen a la maternidad continúan al alza, sin dejar de mencionar el creciente porcentaje de mujeres que renuncian a sus trabajos luego de dar a luz. 

 

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