Por Andrés Cortés
5 abril, 2018

“¿Cómo pudiste romper las reglas tan egoístamente?”, le preguntó un jefe a una joven que acababa de celebrar su embarazo en el país donde el trabajo, es más importante que la familia.

Japón es un país extraño. Quizá por la lejanía geográfica que tiene con el continente latinoamericano o simplemente porque son asiáticos. Si bien estas personas destacan por tener un sistema de trabajo “perfecto” y ser uno de los países que poseen los avances más tecnológicos del mundo, hay ciertos temas sociales que nos parecen absurdos.

El trabajo en Japón es algo casi sagrado. No, no es una exageración. De acuerdo a su cultura, el trabajo es la única forma de ascender, tanto de manera económica como culturalmente por lo que actos como trabajar más horas de las establecidas o asistir a innumerables reuniones con sus jefes.

Pero tener un horario que establecen cuándo pueden casarse o incluso dar a luz, nos parece una exageración y, por supuesto, algo antinatural.

Japan Pregnant

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Esta inquietante acusación salió a la luz por primera vez luego que el esposo de una trabajadora de una guardaría fuera intimidada por su jefe por quedar embarazada fuera de “su turno”, de acuerdo al medio británico Daily Mail.

Pero esta historia solo fue la punta del iceberg.

Desde entonces docenas de mujeres se han presentado para compartir relatos similares. A una mujer de 26 años le dijeron que esperara hasta los 35 para concebir, a pesar de que ya comenzaba a sufrir problemas de fertilidad y, si hacía caso de las indicaciones de sus superiores, posiblemente jamás tendría un hijo.

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La queja inicial fue publicada en una carta en el periódico nipón Mainichi Shimbun el mes pasado, en donde se relataba la historia del hombre con su esposa que trabajaba en la guardaría.

“Ocho meses después de nuestro matrimonio, en enero de este año, mi esposa quedó embarazada. Pero mi esposa, que trabaja en una guardaría infantil, parecía triste y a la vez ansiosa por la noticia.

La directora del centro de cuidado infantil donde trabaja determinó la orden en que los trabajadores del lugar podían casarse o quedar embarazadas. Aparentemente existía una regla implícita de que uno debe tomar su “turno” ante un miembro del personal directivo.

Mi esposa y yo debimos ir a pedir disculpas: “lamentamos que mi esposa haya quedado embarazada”.

El director del establecimiento aceptó con enfado las disculpas, pero desde el día siguiente ha estado criticando a mi esposa con duras palabras como “¿cómo pudiste romper las reglas tan egoístamente?”

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Esta carta provocó una efusión nacional de simpatía y confesiones de parte de otros trabajadores que, en silencio, estaban siendo obligados a vivir la vida con reglas similares.

Toko Shirakawa, una periodista especializada en la baja natalidad de Japón aseguró que este hecho es común en los lugares de trabajo donde la mayoría del personal es femenino, para asegurarse de que la carga de trabajo se distribuya de manera uniforme.

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Como mencionábamos con anterioridad, Japón es famoso por sus duras condiciones de trabajo y estrictos cronogramas, lo que ha provocado que más de un trabajador pierda la vida.

Recordemos que el año 2013 Miwa Sado, una periodista de la cadena NHK falleció luego de una falla cardiaca al trabajar 159 horas de tiempo extra en solo un mes.

El nivel es tanto que incluso en el país existe una palabra, Karoshi“, la cual significa “muerte por exceso de trabajo”.

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El verdadero problema radica en que esta exigente cultura de trabajo ha dejado muy poco tiempo para formar una familia, lo cual acentúa aún más el problema de natalidad que enfrenta Japón hace varios años, lo cual a la vez ejerce más presión en los trabajadores, los que deben asumir más responsabilidades para compensar la disminución general. Es decir, un círculo vicioso.

Para revertir su tasa de natalidad que va en 1,44, Japón ha ofrecido educación gratuita, ampliado servicio de guardería y permiten que los padres tomen licencias de paternidad, siendo su meta alcanzar el 1,8 de natalidad para el año 2025.

A pesar de esto, no creemos que “planificar” el matrimonio o el embarazo como si se tratase de una reunión, sea una medida humana.

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