Por Cristofer García
27 julio, 2022

“Limpiaba mi casa antes de ir a trabajar y luego, ¿qué fue lo primero que me pidieron que hiciera? Me pidieron limpiar la oficina. Me dije a mí misma: ‘De ninguna manera. No lo voy a hacer’. Empecé a resistir. Ni siquiera podían entender por qué”, contó Rafat Salami.

Nadie debería ser juzgado por su color de piel, creencia religiosaorigen social o incluso con su género. Sin embargo, es cierto que sigue existiendo mucho machismo en la sociedad, sobre todo en países más conservadores y que no van al mismo ritmo de las luchas por derechos e igualdad en el mundo.

Aunque las mujeres deberían tener el mismo trato que un hombre, usualmente es a ellas a las que se les exige el cumplimiento de tareas domésticas como si los varones fueran incapaces de hacerlas. Esto es todavía más grave cuando se da el caso de mujeres profesionales a las que se les pasa por ecima a pesar de su preparación.

Unsplash (foto referencial)

Eso fue lo que ocurrió con Rafat Salami, una periodista de Nigeria quien relató cómo fue menospreciada en su primer puesto de trabajo, cuando en vez de recibir tareas de acuerdo a su cargo, le ordenaban labores de limpieza como si fuera contratada para ese oficio.

En conversación con BBC, contó que llegó con altas expectativas de crecer en su profesión cuando fue contratada, pero en vez de eso le pedían que dejara limpia y ordenada la oficina, como parte de sus tareas. En un comienzo cumplía con este rol, pero llegó en un punto en el que se cansó y reclamó por sus derechos.

“Cuando empecé mi primer trabajo como periodista, estaba muy entusiasmada. Pensé que iba a cambiar el mundo, pero comencé limpiando y quitándole el polvo a las mesas”, expresó.

Rafat Salami

Cuando se negó a hacerlo de nuevo sus compañeros no podían entenderlo, porque de seguro relacionaban que el hecho de ser mujer la hacía responsable del aseo de los lugares donde se encontrara. Decidió renunciar poco después de esta experiencia desagradable.

Ahora es locutora para la emisora Voz de Nigeria, pero antes de llegar a este cargo tuvo que pasar por diferentes situaciones donde debía cumplir con más labores que las que le correspondía a su puesto de trabajo.

“Limpiaba mi casa antes de ir a trabajar y luego, ¿qué fue lo primero que me pidieron que hiciera? Me pidieron limpiar la oficina. Me dije a mí misma: ‘De ninguna manera. No lo voy a hacer’. Empecé a resistir. Ni siquiera podían entender por qué”, recordó.

Rafat Salami

“Si una mujer se niega a hacer alguna tarea, la gente piensa que eres arrogante y que por eso no estás casada. En casa cuidas a tu esposo y a tus hijos y cuando vas a trabajar todos esperan que también cuides al resto de los colegas. Haces concesiones porque dices que no quieres que te vean como una persona extremadamente grosera“, añadió.

Rafat afirmó que se trata de un tipo “trabajo específico de género” cuando asumen que por ser mujer debe encargarse de la limpieza y el orden. Sin embargo, no permitiría que vuelva a ocurrir. “Tengo una personalidad fuerte. Me pongo primero y mis opiniones importan. Son escuchadas y respetadas”, expresó.

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