Por Maximiliano Díaz
16 abril, 2018

El tema del año son las armas. Hace apenas un par de días, un tipo disparó una escopeta contra un chico que se había perdido camino a su escuela.

La mañana del 13 de abril, Brennan Walker, un joven afroamericano de 14 años de Rochester Hills, Michigan, se quedó dormido. Su alarma no sonó, o él la apagó dormido. A esas alturas no importaba. Ya eran las 7:30 de la mañana. Había perdido el autobús, pero no tenía intenciones de quedarse en casa. Justo ese día tenía historia mundial, su asignatura favorita.

Brennan decidió caminar hasta su escuela, la secundaria Rochester, donde es un alumno de primer año. Jamás había hecho el trayecto, pero por lo que demoraba el autobús, pensó para sí mismo que seguramente tomaría cerca de una hora, u hora y media. Calculando los tiempos, pensó que posiblemente llegaría para el tercer período de clases, en el que se impartía historia. Casi como por una nefasta coincidencia, Brennan no llevó su teléfono celular consigo ese día. No tenía asistencia de su sistema de GPS, pero no había nada que temer. El trayecto estaba poblado por infinitas filas de casas perfectamente dispuestas una junto a la otra, y hace menos de 15 años seguíamos llegando a todos lados pidiendo indicaciones.

FOX2

En un momento de su ruta, entre autodefinida y hecha mediante un ejercicio de memoria, llegó a un punto muerto: una bifurcación lo había hecho caminar en círculos, así que se decidió a pedir ayuda. Caminó hasta una casa, donde tocó la puerta. Nadie salió. Sin impacientarse, Brennan caminó hasta la casa siguiente. Tocó la puerta, y escuchó la voz de una mujer angustiada. En sus propias palabras:

“Llegué a la casa y toqué a la puerta de la señora. Entonces, ella comenzó a gritarme, decía ‘¡¿Por qué estás tratando de entrar en mi casa?!’ Yo solo intentaba explicarle que necesitaba direcciones para llegar a la secundaria Rochester. Ella siguió gritándome. Entonces, el tipo bajó por las escaleras y tomó el arma”.

En ese momento, Brennan se echó a correr frenéticamente. Durante algunos momentos, el hombre, un sujeto llamado Jeffery Zeigler lo siguió, pero se cansó pronto. Según las cámaras de seguridad tomadas de la casa del propio Zeigler, el arma que el sujeto habría utilizado para apuntar al muchacho era una escopeta de calibre 12. 

Afortunadamente, no logró atinarle a Brennan. El joven corrió hasta que sus piernas no le respondieron. Exhausto, encontró un escondite. Ahí, rompió a llorar.

Brennan y su madre (Foto: Clickondetroit.com)

Ileso pero temeroso, se encontró con oficiales de policía. Brennan sabía que finalmente estaba a salvo. Se acercó a ellos y les contó su historia. Minutos antes, la mujer que se había sentido atacada por un adolescente desarmado de 14 años había llamado a las autoridades. Ella contaba su historia: un hombre negro había intentado entrar a su casa por la fuerza. Afortunadamente, su heroico marido había logrado ahuyentarlo con el arma que ambos guardaban en casa para este tipo de emergencias.

Jeffery Zeigler

Mientras Brennan aún seguía escondido, y aún no se encontraba con los oficiales que escucharon su historia, ellos mismos estaban en la casa de Zeigler recogiendo su testimonio. Una mujer histérica y un hombre notablemente torpe con las armas de fuego daban a conocer a la policía un relato tendencioso y poco creíble que tenía como principal villano a un joven negro que intentaba asaltar una casa a las 8 de la mañana. 

Al revisar los vídeos de la cámara que la pareja puso en el pórtico de su casa, el sheriff, Michael Bouchard aseguró:

“Fue lento al descargar el arma y, como un afortunado resultado, permitió a este joven escapar.

Es absurdo que esto haya sucedido. Me siento terrible por el joven; me siento terrible por su madre y por la ansiedad que deben estar viviendo. Vamos a pedir cada cargo permitido para este sujeto, quien abrió fuego con una escopeta porque alguien tocó a su puerta”.

A pesar de que el testimonio de Brennan y el de Zeigler eran diametralmente distintos (el hombre blanco defendió hasta el final su versión de los hechos) la policía se decidió a detener al autor de los disparos. Al revisar su historial, se encontraron con un bombero retirado de 53 años, quien ya había tenido problemas con la ley el 2004 por uso injustificado de un arma. El cargo por el que se le imputa ahora es intento de homicidio. El fiscal del caso, Kelly Collins, asegura que las pruebas están en contra del ex bombero, pues el vídeo aporta mucho más a la versión del joven que a la suya.

Jeffrey Zeigler (Foto: Oakland County Sheriff’s Office)

Según la versión de Zeigler, hay mucho que el vídeo no logró captar, y que él mismo no ha querido declarar, pero tiene fe de que su versión será bien recogida una vez que empiece el juicio. De acuerdo a sus declaraciones:

“Hay mucho más en la historia de lo que se ha dicho, y creo que eso saldrá a la luz en la corte. Estaba en mi cama ayer en la mañana cuando mi esposa comenzó a gritar y llorar”.

La fianza de Zeigler fue acordada en 50.000 dólares, y se le impuso una orden de restricción contra el muchacho y su familia. Además, deberá llevar encima un GPS, y entregar todas sus armas a la oficina del sheriff. Por un tema de proximidad entre su casa y la casa de Brennan, también le está estrictamente prohibido volver a su hogar. Cosa por la que el sujeto se ha mostrado profundamente afectado. Según sus últimas afirmaciones:

“Realmente me gustaría estar en mi casa, y mantener a mi familia junta. Prometo no tener contacto con el caballero”.

Un testimonio de su madre

El medio estadounidense Fox 2 se puso en contacto con Lisa Wright, la madre de Brennan. Quien, ante la aseveración del medio de que su hijo “casi se convierte en un hashtag” relató, nerviosa, su propia experiencia de los hechos:

“Sí, casi [se convierte en un hashtag], y es realmente impreionante. Porque solo estás tratando de llegar a la escuela. Más tarde me enteré que el hombre solo falló porque olvidó quitar el seguro”.

Lisa estaba en el trabajo cuando recibió la llamada. Su esposo fue enviado a Siria, así que asumió, en un principio, que la llamada sería para recibir noticias sobre él. Apenas se enteró que la víctima había sido Brennan, dejó todo y partió de inmediato a la estación a ver a su hijo. 

“Una de las cosas que más me enfurecen es que, mientras ves el vídeo, se puede oír a la esposa gritando ‘¿Por qué esta gente escoge mi casa?’. ¿Quién es ‘esta gente? Eso me desmoronó. Quería creer que no era lo que parecía, pero cuando oí eso, me di cuenta que lo era”.

FOX2

“No deberíamos vivir en una sociedad donde tengamos que arreglárnoslas solos. Si tengo una pregunta, debería poder caminar por mi barrio, golpear una puerta, y hacérsela a alguien. No debería estar temerosa de un niño, dejen en paz su color de piel. Este es un vecindario decente. Si algo… ¡¿Por qué tocaría tu puerta para robarte?!”.

Un recuerdo amargo

El amargo episodio ha hecho que muchas personas se acordasen de un dramático episodio ocurrido en 2013 en Dearborn Height, Michigan. Ese día, Renisha McBride, una joven afroamericana de 19 años, tocó a la puerta de Ted Wafer durante la noche. Según se dice, la muchacha, ebria, habría chocado su auto un par de cuadras más allá de la casa de Wafer, y tocó a su puerta pidiendo ayuda. No estaba armada. Solo desorientada. 

“Celebrando la vida de Renisha Marie McBride” (Foto: AP)

Wafer, sin contemplaciones, abrió fuego contra ella. Al momento de dar su testimonio, aseguró que tomó su escopeta, abrió la puerta de golpe, y le disparó a McBride porque tenía que ella fuese una ladrona. Asegura haberla matado en defensa propia. El jurado no estuvo de acuerdo. El hombre fue juzgado por homicidio en segundo grado y sentenciado a 17 años de prisión. El 2017 intentó apelar, pero la Suprema Corte le denegó el beneficio en marzo.

Ted Wafer en la corte (Foto: AP)

Al parecer, una radiografía (incluso una superficial) indica que Estados Unidos sigue siendo un país tremendamente herido por las armas y el racismo. Todos los días, la nación que reúne casi la mitad del armamento civil total del mundo entero, da que hablar sobre temas de violencia y fuego abierto en las calles. A estas alturas, ya nadie sabe qué hacer. Aún se puede legislar, pero una salida satisfactoria se ve, aún, muy lejana. 

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