Por Alex Miranda
25 mayo, 2018

Sufrieron de violencia doméstica, abandono, pobreza o se vieron forzadas a ejercer como trabajadoras sexuales. Ahora se dedican a detener cazadores furtivos en Zimbabue.

No es sorpresa ver en los alrededores del Valle Bajo de Zambesi, en Zimbabue, gente portando rifles del tipo AR-15, un arma que funciona mucho mejor que la conocida AK-47 en un contexto como lo es la selva del país africano. Pero esta vez es diferente, esta vez las manos que portan el arma no son las de uno de los clásicos guardaparques del lugar, sino que las de Vimbai Kumire, una de las mujeres destacadas de Akashinga, el grupo de mujeres que está en directa batalla contra los cazadores furtivos del sector.

La caza por motivos recreacionales en África no es un problema menor. Desde hace años hay una batalla constante entre los cazadores y los defensores de los animales. Por lo mismo cuando Damien Mander, creador de la Fundación Internacional Contra la Caza Furtiva (o IAPF, por sus siglas en inglés), se propuso hacer un cuerpo de seguridad que peleara en la primera línea de la guerra contra este problema, nadie esperaba que fuera un grupo de mujeres, armadas con rifles, camuflaje y entrenamiento militar. Muchos encontraron que no era una idea factible. Lo que nadie esperaba es que ese mismo grupo sería un rotundo éxito.

Las valientes

Adrian Steirn for Alliance Earth

“Akashinga”, o “Las valientes” en español, es un grupo de mujeres que sufrieron de violencia doméstica, abandono, pobreza o se han visto forzadas a ejercer como trabajadoras sexuales. Mander las entrenó para que su nueva misión fuera proteger a los elefantes del Valle Bajo Zambesi, donde reside una de las poblaciones más grandes de ese animal en el continente, por lo que también es una de las zonas más frecuentadas por los cazadores furtivos. La oportunidad para estas mujeres no es menor, ya que la IAPF paga sueldos generosos por el trabajo moralmente responsable de cuidar a los elefantes.

A diferencia de otros grupos que Damien ha entrenado para esta misma misión, este equipo se basó en gente que viviera en los poblados que rodean la zona a proteger. Según el mismo militar, eso antes no se hacía, ya que se corría el riesgo de que los guardaparques se enfrentaran con gente a la que conocen, o incluso con la que crecieron en la comunidad, pudiendo influir en el correcto trabajo de los cuidadores contratados. La diferencia más notoria entre esos grupos y este es el sexo de los participantes. Como dice Mander: “Las mujeres son mucho más incorruptibles en ese aspecto”. Las palabras de Vimbai así lo confirman: “Es muy difícil atrapar a un cazador que vive en el mismo pueblo que tú o en uno cercano. Pero, aunque seas mi vecino o mi pariente, si le haces algo malo a mis animales, te atraparé”.

Según Victor Muposhi, de la Universidad de Tecnología de Chinhoyi, el Valle Bajo de Zambezi ha perdido 11.000 elefantes en los últimos diez años, una cifra altamente alarmante. Lo bueno es que también cree que contratando y entrenando a guardabosques mujeres y de los pueblos locales puede haber un cambio gigante, logrando así desarrollar una comunidad dentro de una región tan afectada como esta. “Aprender habilidades de conservación en comunidades no solo crea trabajos, también hace que la gente local se beneficie directamente de la preservación de la vida salvaje”, dice Muposhi, quien cree que este proyecto tiene el poder de no solo salvar especies puntales -como elefantes-, sino que también ecosistemas enteros.

“Quiero probar que no hay trabajos solo para hombres”

Adrian Steirn for Alliance Earth

Cuando Vimbai es consultada sobre las opiniones de los hombres que ha conocido haciendo este trabajo, solo se limita a contestar entre una sonrisa: “Ellos creen que no somos capaces. Están completamente equivocados”. 

Damien acepta que al comienzo de su carrera militar era uno de los que pensaba que las mujeres no tenían espacio en el ejercito. El punto en el que se dio cuenta de su error fue cuando decidió hacer la misma prueba y entrenamiento militar que usaba para capacitar a los hombres, solo que esta vez con las chicas que estaba reuniendo para Akashinga. “Hice un curso de selección para 189 hombres hace seis o siete años en las Cataratas Victoria, al final del primer día solo quedaban tres, por lo extenuante del entrenamiento militar que les propuse” A las mujeres las hizo pasar por el mismo infierno, pero la respuesta fue diferente: “Al final del tercer día con estas mujeres solo se retiraron tres de las 36. No lo podía creer”

Quizás la respuesta para esta incógnita está en las vidas que han llevado estas chicas, al pasar por infiernos mucho peores que los que les propone Damien en su entrenamiento. “Mi ex esposo solía explotarme y aprovecharse de mí. El tiempo que estuve casada con él fue duro porque simplemente vi que mis objetivos quedaron destruidos. Quiero probar que no hay trabajos solo para hombres, y espero haberlo probado ya”, dice una de las integrantes del grupo. “Estoy feliz porque ahora hago algo que nunca pensé que haría, además de haberme desarrollado como persona. Incluso pude terminar el colegio y conseguir mi diploma al fin”, dice otra de las miembros de Akashinga, a quien su padre abandonó, al igual que su pareja quien la dejó a su suerte después de embarazarla.

Adrian Steirn for Alliance Earth
Adrian Steirn for Alliance Earth

“No conseguía suficiente dinero para mandar a mi hija al colegio, ni para ropa, incluso me faltaba para comprar comida. Para mí fue difícil sobrevivir, ahora hago las cosas por mi cuenta”, dice Vimbai, quien deja claro que su misión es más clara que nunca: “Estamos aquí para proteger a a los animales. No desaparecerán para siempre, los protegeremos”.

Actualmente hay poco más de 35 mujeres repartidas por el Valle Bajo de Zambezi, y una gran cantidad está en entrenamiento preparándose para entrar a la acción y el equipo ya tiene una lista de arrestos que superan las 30 personas. El futuro no puede verse más brillante para Akashinga. “Soluciones a largo plazo requieren ganarse el corazón y la mente de la comunidad, y la forma más efectiva de hacer eso es a través de las mujeres, mujeres a las que se les da la oportunidad tienen el temple para cambiar la cara de la conservación para siempre”, concluye Damien Mander.

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