Por Diego Cid
29 septiembre, 2017

Magnate de los pastelitos y cervezas, el nuevo dueño tiene enormes planes en mente…

Muchas personas no estaban al tanto de esto, pero la Mansión Playboy, el hogar y sede de fiestas de Hugh Hefner desde 1971, ya no le pertenecía. Esto debido a que en su último año de vida decidió venderla a su vecino y comenzó a pagar una renta de $1 millón de dólares hasta el día de su muerte.

Es por eso que muchos se han preguntado qué pasará con la residencia.

Ubicada en Holmby Hills, Los Ángeles, la morada cuenta con 12 habitaciones, múltiples cocinas, gimnasios, cine, sala de juego, bodega de vinos, cancha de tenis, casa de huéspedes, piscina y una gruta que fue exhibida constantemente en su reality show.

Autor desconocido, ayúdanos a encontrarlo

 

La mansión fue construida en 1927 y fue comprada por Playboy en 1971 por un valor de $1.1 millones de dólares, para venderse por 100 veces el precio en 2016.

Daren Metropolous, Hijo de C. Dean Metropolous, un magnate norteamericano, compró la residencia vecina a la mansión por $18 millones de dólares en 2009, para luego comenzar la restauración de los terrenos.

Daren es conocido por llevar al éxito marcas Hostess Brands (la de los deliciosos pastelitos Twinkies) y Pabst Brewing Co. (sí, la compañía de la Pabst Blue Ribbon, entre otras cervezas).

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Pero la gran compra la realizó el año pasado, adquiriendo la conocida mansión de las interminables fiestas y acordando que Hugh podría vivir ahí junto a su esposa Crystal hasta el día en que muriera, con una renta de $1 millón de dólares anuales.

En la venta se incluyen todos los ornamentos y accesorios que existen en la mansión. ¿El precio a pagar?

$100 millones de dólares.

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El futuro de la mansión.

La idea del nuevo dueño es reconectar los dos terrenos que ha adquirido, como fue originalmente planeado en su diseño. Su enfoque es el de restaurar la propiedad histórica por su «impresionante elaboración y esplendor arquitectónico».

En especial, se debe a que «la herencia de la propiedad trasciende su fama, y tener el privilegio de servirle como administrador sería un verdadero privilegio».

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