Por Alex Miranda
19 julio, 2018

Si bien la presidenta hoy vive un momento de fama, ya hace tiempo que sus decisiones políticas dan que hablar más que sus acciones.

Fue la “hincha” más fiel, a la que más apuntaron en los últimos partidos y la más popular de la selección croata. Vestida con la camiseta deportiva de su país, y con gestos de entusiasmo lejanos al protocolo, la presidenta de Croacia, Kolinda Grabar-Kitarovic, terminó siendo el símbolo de su país en el Mundial de Rusia 2018.

A medida que Croacia avanzaba en las fases del Mundial directo a la final, la figura de esta jefa de Estado que celebrara tanto los goles desde el palco VIP se fue robando titulares a lo largo del mundo. Después los medios se enteraron de que Grabar-Kitarovic se descontó de su sueldo los días que usó para viajar a Rusia, además de pagar desde su propio bolsillo sus pasajes de avión. Si hasta en algunos partidos renunció a sentarse en el VIP para poder gritar con los fans los goles de sus selección.

Tuvo un record de asistencia casi intachable, ya que solo se perdió un juego de Croacia en el Mundial: la semifinal que su equipo tuvo contra Inglaterra. Ella se encontraba en Bélgica para una cumbre de la OTAN, un organismo que conoce muy bien desde que trabajó ahí antes de lanzarse a la presidencia.

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En esa junta, terminó regalando camisetas de su selección al presidente de Estados Unidos, Donald Trump e incluso a Theresa May, la primera ministra británica. Pero eso no le impidió estar en la final del certamen.

Y a pesar de que su equipo perdió la final, abrazó en muestra de cariño a cada jugador de la cancha, y hasta al presidente francés Emmanuel Macron, sino que hasta se mojó entera por estar esperando bajo la lluvia, mientras otros como Putin tenían un paraguas especial para él.

Según el sitio Mediatoolkit, que medía las publicaciones en redes sociales donde se mencionaba a Grabar-Kitarovi, al final del partido, las menciones para ella fueron un 25% más importantes que las menciones de su selección. Incluso superó en menciones a Luka Modric, el flamante ganador del balón de Oro.

Y ahora, que el mundial ya quedó en el pasado, la presidenta se perfila como una de las personalidades más populares del país, según medios locales. Pero ¿conocemos realmente a esta política de 50 años que es la primera presidenta de su país y además habla cuatro idiomas?

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Política antes que hincha

Dejan Jovic es un politólogo croata y profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de Zagreb, él explica sobre Grabar-Kitarovi que:

“En términos de sus puntos de vista políticos, es una conservadora populista-nacionalista, aunque es algo realmente difícil de creer en base a lo que se podía ver en la Copa del Mundo“.

Según él, el fanatismo por el fútbol de la mandataria es completamente funcional a su plan de dominar sectores que podrían verse como típicamente masculinos, demostrando así que es una mujer capaz, sin dejar por eso de ser popular entre la población.

El comienzo de la carrera política de la presidenta Grabar-Kitarovic comenzó cuando estudiaba literatura inglesa y española, ya que durante ese periodo también inició un trabajo como asesora de cooperación internacional del Ministerio de Ciencia y Tecnología de su país. Luego estudiaría diplomacia, un master en relaciones internacionales y continuó su carrera como consejera por tres años en la embajada de Ottawa, en Canadá.

En los 2000 ya dio su primer paso en dirección al gobierno: se convirtió en ministra de Asuntos Europeos, después jefa de la cartera de Exteriores y después un paso por Estados Unidos como embajadora. Ahí por primera vez en su carrera, se vería en medio de un escándalo, cuando su esposo ocupó el auto oficial de la embajada para asuntos privados, un error que puede sonar menor pero que en el momento hizo tambalear su estabilidad política.

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Si bien su reputación bajó un poco después de eso, no le impidió llegar a convertirse en la subsecretaria de Diplomacia Pública de la OTAN. Luego, al fin, daría su salto a la presidencia del país, que a la vez combina con un doctorado en Política en la Universidad de Zagreb.

Si se ve su historia así, a un nivel más macro, no parece una mujer de escándalos, pero la verdad es que la gente que la apunta con el dedo no es por su historia, si no que por el partido que representa –Unión Democrática Croata-, un partido anti-inmigrantes, conservador y que en múltiples ocasiones ha sido tildado de xenófobo.

La amplia visibilidad que ha ganado la hace un blanco fácil para los que buscan pasados oscuros. Así es como durante la participación de su equipo en Rusia 2018 se habló de una polémica foto suya envuelta en una bandera de raíces nazis o de sus políticas en contra de los inmigrantes. Incluso llegó a proponer penalizar a quienes quieren ayudarlos.

Es más, según explica Jovic, durante la crisis de refugiados del 2015, Grabar-Kitarovic fue una de las más radicales en su postura, sugiriendo incluso que Croacia debería hacerse valer de su Ejército militar para defender sus fronteras de posibles refugiados. “También es más conservadora en todos los asuntos que el actual primer ministro”, señala Jovic.

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El camino a ser primera ministra

Jovic también aborda el tema de que, gracias a sus posturas tradicionalistas, ella se preocupa más de los croatas que se van del país, de los refugiados que llegan, como bien se lo ha hecho ver Amnistía Internacional en algunos llamados de atención:

“Acorde con su perfil político tradicionalista, está mucho más preocupada por los croatas que han emigrado del país que por los refugiados o inmigrantes a los que les gustaría establecerse en Croacia. Los primeros son muchos, mientras que los segundos son pocos. Ella afirma que Croacia está en peligro de quedar deshabitada si continúan las tendencias de abandonar el país (en gran parte para Europa Occidental), y por lo tanto propuso que el gobierno debería hacer más para aumentar la tasa de natalidad“.

Gran parte de ese problema comienza desde el pesimismo que vive el país, por lo que este segundo lugar en la copa del mundo puede ser usado como un segundo aire para sus aspiraciones para un posible cargo mejor que el de presidenta en su país: el de primera ministra.

La verdad, es que actualmente el poder de Grabar-Kitarovic es limitado. O al menos así lo explica Jovic:

“Ella no ha hecho mucho en términos reales, pero no puede hacer mucho desde la posición de presidente. Su estrategia de convertirse en algo más que una simple Jefe de Estado. Por lo tanto, es cierto que su presencia en la Copa del Mundo definitivamente podría describirse como un acto preelectoral ampliado”.

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