Por Diego Aspillaga
5 noviembre, 2019

«Gene» lo tomó por equivocación en una estación de trenes y no contactaba al dueño por temor a las operaciones policiales para recuperarlo.

Luego de un largo día de grabaciones en el estudio de Abby Road, el músico Stephen Morris se bajó apurado del tren para llegar a su hogar y lograr su merecido descanso. 

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En el tren que abandonaba la estación, su violín de 310 años, avaluado en más de 322.000 dólares, se quedaba en el compartimiento de arriba y se perdía en la noche londinense.

No lo podía creer. Ese instrumento era un artefacto histórico hecho por el reconocido David Teckler en 1709, tenía un valor comercial gigantesco y un valor emocional incalculable. 

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Noches sin dormir, llamados por redes sociales e incluso una búsqueda en conjunto con la policía y los detectives de Scotland Yard durante todo el fin de semana. Nada daba resultados.

Esto, hasta que la revisión de una cámara de seguridad captó al supuesto ladrón del objeto más preciado del músico. Un hombre joven aparecía agarrando la maleta con el violín y bajándose en la estación siguiente. Había una pista. 

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Mientras la policía de Londres lo buscaba frenéticamente, «Gene» no sabía qué hacer. Había encontrado una maleta en el tren y, como no había nadie cerca, decidió llevársela. poco sabía el que eso lo transformaría en uno de los hombreas más buscados de la ciudad de la noche a la mañana. No podía devolverlo, lo arrestarían, no entenderían.

Desesperado tras ver su imagen en las noticias, contactó al músico a través de Twitter bajo un pseudónimo y le aseguró que «conocía» a la persona de las imágenes de las noticias y que podía devolverle el violín siempre que no lo llevaran preso. 

Acto seguido, Stephen Morris llamó a un viejo amigo de Scotland Yard, Mike Pannett, para liderar las tensas negociaciones con el captor del antiquísimo violín.

«Era bastante obvio que quien tomó el violín estaba intentando devolverlo y sentía pánico al pensar que se iba a meter en problemas», dijo el detective a la BBC.

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Luego de días tratando de convencer a Gene de que entregara el instrumento, por fin se juntaron una noche en un viejo estacionamiento. Estaba oscuro y llovía. Mike tenía un respaldo de decenas de policías por si algo no salía bien.

Desde las sombras, un hombre joven con una maleta no podía dejar de sonreír. miró a ambos lados y le entregó el preciado botín. Su cara de alivio era evidente. 

«No pidió una recompensa. Se podía ver en la expresión de este hombre de que sabía que había hecho lo correcto y que por fin se había sacado un gran peso de sus hombros. Él sólo quería disculparse, darle una mano a Stephen y olvidar lo sucedido», agregó.

Stephen Morris

Stephen Morrison está agradecido y sorprendido de que el valioso instrumento musical volvió a sus manos en buen estado. Aún viaja en tren a sus grabaciones, pero ahora no suelta la maleta que lleva su posesión más preciada.

 

 

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