Por Alex Miranda
23 agosto, 2018

La gente con el dinero suficiente paga por estos servicios, pero ya se ha mercantilizado tanto que algunos prefieren optar por otros funerales más austeros.

En Bangkok, Tailandia, por más raro que suene, es normal incinerar a las mascotas una vez que mueren. Es bastante común entrar a los wat -templo o monasterio budista-  y ver a familias llorando mientras su perro es devorado por llamas, para luego quedarse con sus cenizas para la posteridad. Normalmente, la incineración de una mascota cuesta algo así como 160 dólares, o al menos si quieres que sea en un estilo budista adecuado.

El nirvana animal

La ciudad de Bangkok es una ciudad desorganizada, con pocos espacios verdes y es notoriamente no muy amigable para las mascotas. Por ejemplo, si encuentran un parque puedes ver a algunos lagartos monitor, reptiles que tienen casi 3 metros de largo y que parecen capaces de comerse a un perro de tamaño mediano fácilmente. Otro ejemplo: que las pitones se coman enteras a las mascotas no es tan poco común como uno podría esperar.

The New York Times

El gobierno tailandés tiene una actitud indiferente respecto a los animales que viven en la calle, a nadie le preocupa esterilizarlos o castrarlos, eso hace que como consecuencia, hayan unos 100.000 perros callejeros en la ciudad con todos los peligros que esto representa. 

Aún así, hay mucha gente en la ciudad que ama a los perros y los gatos, por lo mismo, se intentan crear refugios para mascotas y pequeños detalles para hacer que los animales se sientan un poco más recibidos en esta ciudad tan hostil. Si incluso existen hospitales veterinarios que cuentan con candelabros, cafetería con comida para perro y hasta habitaciones VIP donde los humanos pueden dormir en caso de que sus mascotas estén hospitalizadas y prefieran estar acompañadas. 

Pero, a tanto ha llegado esta fascinación con darle a las mascotas lo mejor, que se puede aplicar hasta en su muerte. Tailandia es un país abrumadoramente budista, y hay gente que cree que los animales -gracias al ciclo de renacimiento-, pueden llegar a alcanzar el nirvana. Es normal que cada wat tenga destinados monjes y espacios para los cánticos dedicados a los animales.

The New York Times

Monjes con Facebook

Watcharasit Siripaisarnpipat -sí, es un nombre real- es junto a su esposa, dueño de Friendly, un pequeño perrito al que trataron con todos los mimos posibles, desde aire acondicionado las 24 horas del día, hasta darle helado para su cumpleaños. Al momento de su muerte, la familia de Friendly a decidió darle una muerte tan buena como lo fue su vida, así que recurrieron a un crematorio y después lanzaron sus cenizas al Chao Phraya, un río que cruza Bangkok.

Gracias a todo esto, Friendly ahora es libre para reencarnar.

The New York Times

Pero no todas las experiencias son buenas, de hecho, una mirada a la incineración de Friendly puede mostrar muchos detalles que su familia al parecer, pasó por alto. Y es que ver a tu perro siendo quemado ya es un horror bastante grande, a pesar de que al final -según el budismo- ninguna forma de vida es permanente, ni la de los animales. Si no que la verdadera molestia es que un negocio que se había visto como algo bueno que hacer por la mascota de cada uno, se ha comercializado a un punto exagerado.

Algunos ejemplos: en la ciudad puedes pasearte por los wat buscando el mejor precio por una incineración, además, dependiendo del pack elegido, pueden haber más o menos monjes rezando por tu perrito muerto. Además es común ver a monjes cantando sin prestar demasiada atención a lo que pasa con el perro, de hecho, mientras Friendly era consumido por las llamas, uno de los cuatro monjes que estaba rezando por él se puso a revisar su celular, más exactamente su cuenta de Facebook, todo mientras repetía la oración.

Al final, algunas personas han decidido dejar de hacer esto por sus mascotas, y darles finales un poco más respetuosos. De hecho, muchos -a pesar de ser budistas- están comenzando a enterrar a sus mascotas, buscando una verdadera muerte tranquila y no una que implique tanta mercantilización de la misma. 

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