Por Maximiliano Díaz
17 mayo, 2018

Generalmente, va de los hombres hacia las mujeres; y los montos consideran todo el dinero invertido a lo largo de la relación. ¿Le pagarías a tu pareja para no sentir culpa?

Las relaciones humanas son una de las cosas más complejas que, como seres sociales, debemos vivir: estamos constantemente en diálogo con nuestros sentimientos, nuestras emociones, y la búsqueda del tacto necesario (y perfecto) para poder relacionarnos con nosotros. Incluso la familia: aquel supuesto espacio seguro, fraterno y libre, en algunas ocasiones representa una fuerte traba al momento de intentar entendernos entre nosotros. Parecer ser, entonces, que las relaciones afectivas podrían definirse de inmediato como algo mucho más complejo y difícil de llegar.

A esto hay que sumarle un pequeño panorama de la época en la que vivimos: se presume mucho que la generación nacida desde la década de los ’80 se ha encargado de concebir el amor y las relaciones afectivas como un material desechable. La plasticidad que le hemos otorgado a los largos procesos de sentimentalidad nos ayuda bastante a pasar de pareja en pareja sin mayores aprehensiones, y sin conectarnos realmente con nuestra arista más sensible y humana.

Además, si queremos mantenernos en contacto con el sexo que nos interese pero no buscamos tener una relación de ningún tipo, tenemos aplicaciones como Tinder. Todo está pensado, listo y dispuesto para el disfrute y el desligue total.

El valor de estar solo

Por supuesto, a veces las cosas salen mal. Es bastante común que una pareja compuesta por una persona que busca una relación seria, y tiene una proyección amorosa que podría llegar a ser intimidante para algunos, se junte con otra que no está realmente interesada en las relaciones, sino más bien en pasar un buen rato y tener un compañero con quien reír, comer, dormir y ver la televisión. En estos casos, quien busca algo más desechable e inmediato en una relación suele encontrarse con un serio problema al momento de buscar terminarlo.

Entonces, casi como un milagro, el libre mercado puede entrar también en nuestras relaciones.

A principios de este mes, la policía de Hangzhou, una ciudad ubicada al este de China, levantó el teléfono. La persona que estaba del otro lado de la línea aseguraba estar en presencia de un maletín sospechoso. Por la influencia de películas y noticieros, temieron que se tratara de una bomba. Pero, al llegar, los oficiales se encontraron con 2.000.000 de yuans (más de 300.000 dólares) en efectivo. Una suma extraordinaria para ser llevada en papel como si nada.

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Encontrando algunos documentos, y rastreando los billetes, la policía logró dar con el dueño del maletín. Esperando lo peor (tanto dinero siempre nos ha hecho sospechar) hablaron con él, quien aseguró que había quedado con su ex novia en el bar. Y que el dinero habría sido, en realidad, una “indemnización por quiebre”, una nueva tendencia en las relaciones que se ha estado tomando China.

La filosofía del pago

Probablemente todos son capaces de dimensionar que estar en una relación trae consigo ciertos gastos: las parejas suelen gastar en salidas a comer, regalos y citas de las más variadas. Además, también se genera una enorme zona gris sobre la propiedad de cada uno. Cuando estamos en pareja, poco a poco comenzamos a apropiarnos de los espacios ajenos (y a permitir que se tomen el nuestro también). Comenzamos a dejar y recibir ropa en nuestros armarios, ponemos un cepillo de dientes más en el baño, y comenzamos a lavar más toallas. Parece perfectamente natural. Y está bien que así sea. 

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Pero puede que haya ciertos contextos culturales en los que esa demostración de amor mediante los gastos constantes, deba tener una especie de “sanción” al momento de terminar la relación. Así, para ahorrarse pequeños cobros, devoluciones, y reuniones incómodas solo para decirse una lista de verdades y regresarse todos los regalos que corrieron lado a lado durante los aniversarios, las ex parejas chinas han vuelto bastante popular el concepto de “indemnización” por los quiebres de las relaciones largas. 

A pesar de no estar amparados en ninguna ley, generalmente se piensa en este tipo de pagos como un acuerdo de divorcio. 

Funciona más o menos así: la persona que decide terminar con la relación es quien efectúa el pago; y entre ambos deciden (basándose en datos como cantidad de tiempo, esfuerzo y dinero invertidos) cuánto dinero se deberá entregar a la ahora ex pareja. Generalmente, las parejas intentan ver más datos objetivos que subjetivos a la hora del rompimiento. No se suelen considerar cosas como el fuerte desgaste emocional que implica el rompimiento, ni mucho menos se piensa en que la indemnización cubra la pena posterior.

Generalmente, las indemnizaciones por las rupturas amorosas son pagadas por hombres. Se ha extendido el mito popular de que la causa de esto sería que son generalmente ellos quienes terminan con sus parejas, y esto sería una forma de expiar culpas o hacer que sus ex parejas no se enojen con ellos. Además, es necesario considerar el machismo en la cultura del pago, que ha impuesto un orden social que dicta que sean los hombres quienes deban correr con los gastos generados en pareja. Pero, a pesar de esto, cada vez hay más mujeres dispuestas a ser quienes corran con los gastos del quiebre. 

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Un síntoma cultural

A pesar de que ha habido una serie de medios que han intentado investigar esta nueva tendencia, no muchos han llegado a dar con conclusiones satisfactorias para explicar el fenómeno. Según muchos investigadores, estas indemnizaciones son un residuo de décadas anteriores, cuando la economía privada de las mujeres chinas seguía dependiendo completamente de los hombres. Basados en esa suposición, esta tendencia solo estaría ayudando a generar una suerte de regresión social, en la que la mujer volvería a estar posicionada como un sujeto al que es necesario asistir económicamente.

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Otros investigadores sugieren que esta tendencia se creó en el orden de ayudar a las mujeres mayores, quienes, en la búsqueda de un esposo o una potencial pareja de por vida, dejaron de lado proyectos personales y profesionales para poder estar más cerca de lo que consideraban el largo y agotador proceso del amor.

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Sin embargo, este síntoma cultural no es uno que entra en todos los casos de quiebre: en abril, se hizo conocida la noticia de una mujer que tenía un inventario de cada restaurante y hotel al que ella y su pareja habían ido. Estando juntos, él corrió con los gastos de ambos sin chistar. Pero, cuando decidieron romper, ella sintió que no era justo que él hubiese pagado por todo durante ese tiempo, así que le escribió una carta con el valor total de lo que había invertido, y le proponía reembolsarle la mitad.

A pesar de ser curioso, este contexto también podría derivar en algo hostil y preocupante. Con el paso del tiempo, muchas parejas se han acostumbrado a que sus cercanos indemnicen a los ex’s por cada quiebre, y se han reportado casos de violencia en más de una ocasión como respuesta a las negaciones de pagar.

Por si esto fuera poco, también está la preocupante noción de quienes forman parte de esta tendencia de pensar que el cariño y el tiempo invertido sean bienes monetizables: ¿podemos, realmente, indemnizar a una pareja al final de una relación, como si eso marcase el final de un largo servicio?

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Sin embargo, al final la respuesta sigue estando solo dentro de ellos. Después de todo, nadie puede decidir en las relaciones ajenas más que sus participantes.

¿Y tú, le cobrarías a tu pareja por terminar contigo? 

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