Por Maximiliano Díaz
30 mayo, 2018

Cada año, los balleneros japoneses matan a cientos de ballenas para investigaciones sospechosas. Lo curioso es que su carne, sus huesos y su aceite se venden a muy buenos precios.

El tema de los balleneros japoneses es uno largo y agotador. Durante años, los cazadores se han organizado por temporadas para preparar sus barcos, combatir contra la marea y llegar a mar abierto. Allá, arponean hasta el cansancio a las ballenas. Las temporadas de cacería tienen muchas justificaciones para hacerse. Una de ellas, es que tiene “fines investigativos” de los que muy poco se sabe y que han sido ampliamente cuestionados por organizaciones internacionales. Lo que sí es un hecho, es que la carne, los huesos, y el aceite de ballena son muy bien cotizados en el mercado nipón.

El verano pasado, los balleneros volvieron al mar por 12 semanas. Con sus barcos listos para subir los cadáveres, cazaron a 333 ballenas. 181 de ellas eran hembras (53, demasiado jóvenes como para ser cazadas), y 122 estaban embarazadas. Según un reporte de la Comisión Internacional de Balleneros, la asociación encargada de defender esta práctica, este era un buen índice para el estudio que realizaron:

“Aparentemente, la tasa de embarazo de los animales muestreados era alta (95,3%) y no se observaron lactantes en este proceso”.

AP

La ardua labor conservacionista

La defensa de las ballenas también es uno de los movimientos fuertes a lo largo del mundo. Un montón de asociaciones que buscan defender la dignidad animal se han aliado en contra de su caza indiscriminada, y la tachan como algo “insostenible” para sus presuntos fines científicos. Para referirse de forma general a estos grupos, se les ha dado el nombre de “conservacionistas”. Cuando se enteraron de la publicación del documento que veía como objeto de estudio a esas ballenas embarazadas, su indignación puso el grito en el cielo. Aseguraron que solo era otra triste prueba más del “aborrecible” programa de cacería con fines presuntamente científicos. Según Alexia Wellbelove, dirigenta de Humane Society International, una reconocida agrupación que combate la crueldad animal:

“El asesinato de 122 ballenas embarazadas es una estadística chocante, y un triste indicador de la crueldad de Japón en la caza de ballenas. Es otra demostración más, si es que es necesario, de la naturaleza verdaderamente espantosa e innecesaria de la caza de ballenas, especialmente cuando las víctimas no letales han demostrado ser suficiente material de investigación”.

Whaling.info

Peleas en los tribunales

Las protestas conservacionistas no se han quedado solamente en la queja y la acción panfletaria contra los balleneros y sus agrupaciones. Algunos han decidido llevarlo más allá. Han habido casos legales, protestas físicas y enfrentamientos en la corte. El 2014, la corte internacional de justicia ordenó una pausa temporal a la caza de ballenas en el Océano Antártico. Los balleneros japoneses estaban obligados a guardar las naves y arpones hasta nuevo aviso. La corte había determinado que su programa de investigación, llamado “Jarpa II”, no tenía fines científicos.

Los japoneses son un pueblo orgulloso, pero también muy inteligente. A pesar de haberse sentido pasados a llevar en sus tradiciones y su afán de investigación, prefirieron ser pausados e idear un buen plan para poder regresar al mar. En lugar de responder en contra de los tribunales y los conservacionistas, decidieron aceptar la culpa que les imponían. Casi pedían perdón. Cuando estaban logrando llegar a buenos términos, reafirmaron que la caza sí era para estudios, y como una señal de buena fe, prometieron que, si les permitían volver al mar, reducirían la cuota de ballenas a un tercio de lo que solía ser.

Sus esfuerzos fueron más que suficientes. Para el 2016, los balleneros japoneses ya estaban abrigándose para volver a salir al Ártico.

Institute of Cetacean Research

Los balleneros hoy

Desde entonces, la caza ha vuelto a ser parte del programa anual de las asociaciones japonesas de cría, conservación, e investigación de cetáceos. Hoy, siguen defendiendo la caza con fines investigativos y se amparan en largos  informes que proponen resultados satisfactorios en el estudio. De hecho, según el reporte que se escribió después de la cacería de este verano, preparado por los representativos del Instituto de Investigación de Cetáceos (una agencia asociada con el Ministerio de Pesca de Japón. Curioso, ¿no?) hay una ética y una dedicación totales:

“La investigación comienza 60 minutos antes del amanecer, y termina 60 minutos antes del atardecer, con un máximo de 12 horas por día. Una o dos ballenas minke fueron seleccionadas al azar de cada muestra primaria. Se usaron arpones con granadas pantritas de 30 gramos cada una. Las muestras fueron transportadas inmediatamente al buque que funciona como base de investigación, donde se tomaron muestras y se hicieron pruebas biológicas”.

AP

De acuerdo al mismo reporte, 11 ballenas que el grupo intentó cazar alcanzaron a huir antes de que arpones y las granadas las atravesaran. Los investigadores aseguran que fue solo porque se encontraban en territorios mayormente dominados por el hielo, y que eso le facilitó la huida.

AP

Las organizaciones animalistas de todo el mundo han jurado no rendirse en su ardua lucha contra los balleneros. Aseguran tener una serie de países aliados en la lucha contra la caza de las ballenas, y prometen enviar el mensaje más fuerte posible para persuadir a los japoneses de terminar estas supuestas “investigaciones” que, al parecer, tienen fines científicos bastante poco comprobados. No podemos olvidar que el mercado compra a muy buen precio las partes y la carne de animales exóticos, difíciles de cazar y encontrar. Y no sería raro que un grupo de balleneros privados y asociados al Ministerio de Pesca, tengan el terreno limpio para hacer lo que quieran con las “muestras” después de ser estudiadas. Después de todo, no pueden investigar la carne podrida, y algunos yenes extra no le vienen mal a nadie.

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