Por Francisco Armanet
13 noviembre, 2017

“Me saludan y, cuando se dan cuenta, no pueden despegar la vista de mi tatuaje”, dijo el joven de 21 años.

Nos gustaría que fuese de otra manera. Nos gustaría, tal vez, que el mundo en que vivimos olvidara las apariencias y comenzase a preocuparse un poco más por lo que hay detrás de ellas. En una sociedad civilizada, el esfuerzo, las habilidades, los valores y el talento prevalecerían por sobre la manera en que nos vemos, sin embargo, y a pesar de lo que erróneamente creemos, el comportamiento colectivo aún no está ni cerca de ajustarse a lo civilizado. Pero eso no es un secreto del que sólo algunos están a tanto, no es una novedad y, por ello, no podemos andar por la vida quejándonos de que nadie nunca nos lo advirtió. Si llevamos esta realidad a un extremo, podríamos dar el ejemplo de un hombre que se postula como candidato a presidente de la república con las orejas perforadas, el pelo teñido de verde y los labios inyectados en silicona. Justo o no, es imposible que hoy en día obtenga la mayoría de los votos, incluso aunque su conocimiento político y habilidades de liderazgo sean únicas.

Joe Parsons, un joven de británico de 21 años, ha sido víctima (o quizá culpable) de este evidente fenómeno social.

Joe Parsons / SWNS

Cuando su abuelo de 63 años falleció en un hogar de ancianos, Joe tomó la decisión de recordarlo con un tatuaje que él mismo diseñó; un corazón color turquesa con alas de ángel a los lados que en total mide alrededor de 20 centímetros y está ubicado en la parte delantera de su cuello. En ese momento, no sospechó las consecuencias que el dibujo permanente le causaría, y todo comenzó desde el primer minuto en que salió a la calle con la tinta impregnada en la piel. 

Así es cómo se ve el tatuaje que Joe lleva con una extraña mezcla de orgullo y lástima en la parte frontal de su cuello.

Joe Parsons / SWNS

Homenajear a un ser querido con un tatuaje parece un acto noble, y quizá lo es. Sin embargo, Joe ha sufrido las desventajas que su decisión conllevó con el paso del tiempo.

ITV / Shutterstock / S Meddle

El problema se hizo evidente luego de que Joe preguntara en su cuenta de Facebook si acaso alguien sabía de alguna oferta laboral.

“¿Algún trabajo al que pueda postular?”, escribió en la red social. Las ofertas llegaron de inmediato, y en un año asistió a más de 30 entrevistas sin ser aceptado en ninguna de ellas, justamente por el tatuaje que traía en el cuello.

En conversaciones con el programa británico ‘This Morning’ de ITV, Joe confesó todo el malestar con el que se encontró.

“Antes de hacerme el tatuaje la gente pensaba que yo era una persona alegre y segura de sí misma. Ahora me miran como si fuera un completo idiota. Pero ese no es quién soy, yo soy sólo una persona común y corriente que quiere un trabajo. Definitivamente hay un estigma sujeto a eso, y estoy seguro de que es una forma de discriminación. Esto no se trata mis capacidades laborales, he ido a más de 30 entrevistas en las que he sido rechazado y nadie me ha dicho porqué. Siento como si tuviera las palabras ‘no me contrates’ escritas en el cuello. Pero no quiero removerlo, significa mucho para mí. Lo que lamento es cómo el resto de las personas lo perciben. Me saludan y, cuando se dan cuenta, no pueden despegar la vista de mi tatuaje”.

-Joe Parsons a ITV-

Le cambió la vida.

No te lo pierdas