Por Daniela Morano
23 agosto, 2018

Se deshizo de su tanque de oxígeno mientras caía.

Sea cual sea la razón, algunas personas se ven más atraídas que otras a practicar deportes extremos. Algunos lo hacen porque les gusta la sensación de adrenalina, por ejemplo, pero ¿qué motivo tendrá una persona para saltar al vacío desde 7.620 metros de altura? Uno pensaría que en esa persona no existe ni el sentido de adrenalina pues es difícil imaginarse que siente algo.

Luke Aikins, de 42 años, decidió hacer exactamente eso: saltar sin paracaídas al vacío. Aikins es un veterano en el paracaidismo, ha realizado más de 18 mil saltos y quizás tantos saltos le quitaron un poco la gracia a la actividad, obligándole a llevarla a un nuevo extremo.

NatGeo

En Simi Valley, California, la gente miraba con terror y expectación cómo esta hombre, transformado en una pequeñísima figura a lo lejos, caía a una velocidad de 193 km/h hacia su posible muerte.

Twitter kenradio

Aikins se lanzó junto a otros tres compañeros que sí llevaban un paracaídas. Uno grababa, otro sostenía una antorcha de humo y otro recibió su tanque de oxígeno cuando llegó a una altura en la que ya no era necesario.

Los tres abrieron su paracaídas pero no Aikins, quien continuaba cayendo en picada hacia una red de 30 x 30 centímetros instalada en el suelo, donde se esperaba que cayera si todo salía bien.

Luke Aikins

Porque el mayor riesgo no era la caída misma -está fue pensada y planeada durante 2 años- el mayor problema era que Aikins no cayera en la red, encontrándose de frente con su muerte. Los años de experiencia deben haber sido lo que lo ayudaron a planear hacia la red y logró caer en su centro en medio de aplausos y vítores por parte del público que lo esperaba.

Abajo Aikins abrazó a su esposa e hijo, declarando que «estoy casi levitando, es increíble» días después del salto. «¡La cosa simplemente sucedió! Ni siquiera puedo articular mis palabras».

 

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