Por Catalina Yob
19 abril, 2018

Ella estudió biología marina y no tiene dinero para pagar sus estudios. Para algunos su solución no es la más adecuada.

Cerca de 1.300 dólares es el monto aproximado que gana Louise de forma semanal como prostituta en un acomodado burdel del centro de Londres. Pese a tratarse de una mujer profesional (estudió biología marina en la universidad) la mujer cuyo nombre ha sido reservado, asegura que el único propósito de vender su cuerpo responde a las ansias de ganar dinero y así costear las deudas que dejaron sus estudios. 

Dependiendo del servicio solicitado por el cliente, los precios varían desde los 50 a 100 dólares. En un día agitado puede superar los nueve encuentros. El dinero fue el único elemento que incentivó a la mujer a incurrir en este tipo de prácticas, las cuales dejan consigo un sueldo que incluso podría triplicar lo que ganaría ejerciendo su profesión.

Pese a tratarse de burdeles, sin ser apodados así en la práctica, los policías han afirmado que el recinto puede continuar si es que las o la chica que trabaja en éste se encuentra en buenas condiciones. Muchos creen que las autoridades han hecho vista gorda a esta situación, con el propósito de sacar el mercado sexual de las calles.

No quiero que la gente piense que me están drogando o forzando a hacerlo. Sólo estoy aquí como una persona normal que quiere ganar dinero, asegurarme de mi futuro y hacer este tipo de trabajo porque así lo deseo”.

BBC
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A diferencia de los burdeles que emergieron en los años 50, los cuales yacían en recintos antiguos carentes de medidas de higiene, Louise trabaja en un elegante apartamento de dos habitaciones en un bloque residencial de Westminster, al centro de Londres. Los dormitorios están equipados con elementos que propician la higiene tanto de las que ofrecen el servicio, como de los clientes.

El estigma asociado a la prostitución ha desencadenado que Louise sea de forma constante objeto de críticas y de comentarios que aluden a que habría un responsable que estaría forzándola a realizar trabajo sexual sin su consentimiento. Por ello es que la mujer ha decidido exteriorizar públicamente que decidió incursionar en este rubro por iniciativa propia, admitiendo disfrutar de su trabajo.

“Parece que la gente no entiende el hecho de que quiero hacer este trabajo. Es mi elección: disfruto de este tipo de trabajo y no lo haría si no quisiera”.

Al filo de la legalidad

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En Inglaterra la tenencia de burdeles es ilegal, sin embargo es legal que personas individuales ofrezcan servicios sexuales, lo que hace que el recinto opere sin violar alguna normativa o estatuto legal. El dueño del local, que es un ex policía, aseguró, bajo el anonimato, que sus ex colegas no poseen intención alguna en clausurar el recinto. Argumentando además que los estándares por lo que éste se rige prohiben las drogas, los menores de edad y que los antecedentes de quienes deciden trabajar son inspeccionados con rigurosidad.

“No permitimos drogas, no hay niñas menores de edad. Verificamos los pasaportes de todos”.

“Si tenemos dudas de que no están allí por su propia voluntad, llamaremos a la policía”.

De esta misma forma, las mujeres que ofrecen estos servicios han asegurado que en ninguna circunstancia se han visto forzadas a permanecer en el apartamento, hecho que ha legalizado de alguna forma su actuar. En conversación con la BBC, Louise comentó que sólo se trata de un trabajo más y que éste no debiese ser percibido como la gran cosa por quienes no poseen el conocimiento sobre la forma en que opera el negocio. 

“El sexo es simplemente un comportamiento transaccional. Lo hago porque yo quiero”.

Un oficial de policía declaró que su labor se centra en asegurar que no existan personas forzadas a vender y/o ofrecer sus cuerpos, y de verificar que quienes trabajan en este lugar, el cual reúne todas las características de un burdel, se encuentran en buenas condiciones y no están siendo vulneradas. 

Muchos creen que los vacíos legales sobre el mercado sexual en Inglaterra responde al propósito de los políticos de erradicar aquella prostitución callejera que arremete contra los barrios y se apodera de la tranquilidad de los vecinos, sin embargo fingir ceguera ante la prostitución que se lleva a cabo al interior de lugares privados sólo permite el aumento de ésta. 

Actualmente, Inglaterra coexiste junto a una cantidad indeterminada de burdeles que son exhibidos como recintos de interacción o de citas, hecho que permite que su existencia no involucre una violación directa a la ley que establece la prohibición de burdeles. 

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