Por Daniela Morano
6 julio, 2018

“No debió haber entrado. Debería haberla matado con un zapato, pero me dio asco porque habría ensuciado mi escritorio de trabajo”, dijo el artista.

Los artistas creen que por ser artistas, pueden salirse con las suyas. A veces vemos llamadas obras de arte que se nutren del sufrimiento de personas o animales y pasan por críticas sociales. Está bien, a veces lo son, hay que admitirlo, pero el debate en torno a si es o no moralmente correcto aquello es dudoso.

Cuando se trata de utilizar bichos, sin embargo, la reacción puede que sea un poco distinta. El escultor Gabriel Tuazon, de Pasig, Filipinas, creó una pequeñísima silla eléctrica con el fin de ejecutar a una pobre cucaracha. Todo en nombre del arte, por supuesto.

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El bicho habría entrado de casualidad a su hogar y en vez de lanzarla de regreso hacia afuera, Tuazon decidió ir un poco más lejos. Gabriel estuvo 2 horas construyendo esta pequeña silla la cual conectó a unas baterías y ampolleta.

Luego amarró a la cucaracha con trozos de metal e hizo andar su experimento.

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No es sorpresa que la gente en Internet se haya indignado por el actuar del artista, asegurando que se trata de crueldad animal.

Pero Gabriel no está arrepentido. “Abrí mi ventana porque hacía calor ese día y la cucaracha entró. No debió haber entrado. Debería haberla matado con un zapato pero me dio asco porque habría ensuciado mi escritorio de trabajo. La atrapé con un plástico y surgieron ideas”.

No se preocupes, al menos tuvo un digno entierro.

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