Por Alejandro Basulto
18 febrero, 2021

Hasta el año 2000, gays y lesbianas no podían servir en las fuerzas armadas de Reino Unido, lo que cambió la soldada, Jeanette Smith, tuvo éxito en su demanda contra el Estado británico en los tribunales.

Previo al siglo XXI, ser homosexual no solo estaba generalizadamente mal visto en la sociedad y dentro de cada institución, sino que también, era una razón de despido o para excluir a personas. Lo que le tocó vivir a muchos soldados de Reino Unido, quienes por su orientación sexual no solo fueron expulsados de su batallón o compañía, sino que también se les confiscó los premios que habían adquirido por su valiente y comprometido servicio al país. No importaba cuánto amaran a su patria, ya que en esos tiempos, por solo ser LGTBIQ merecían que se les negara sus merecidos reconocimientos.

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Lo que cambió con Jeanette Smith, una mujer lesbiana que había sido expulsada de la Royal Air Force, y que recurrió a Stonewall (un grupo británico por los derechos LGBTIQ) para que junto a otros soldados homosexuales, como Duncan Lustig Prean, Graham Grady y John Beckett, llevar su caso ante los jueces del Tribunal Superior y del Tribunal de Apelación, quienes tras darle la razón y admitir que la prohibición no estaba justificada, al mismo tiempo aclararon no tener las facultades para revocarla.

Pero ella no se rindió y llevó su caso al Tribunal Europeo de Derechos Humanos en Estrasburgo, ganando el juicio para posteriormente provocar que el gobierno laboralista de la época anunciara el inmediato levantamiento de esta prohibición.

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Finalmente, después de cierto tiempo, se permitió que gays, lesbianas y personas transgéneros puedan servir a las Fuerzas Armadas de Su Majestad y expresar abiertamente, sin sufrir discriminación alguna, su sexualidad. Encontrándose además prohibido que alguien presione a personas LGTBIQ para que salgan del armario.

Un avance importante a favor de la justicia y los Derechos Humanos, pero que todavía no era suficiente. Bien lo sabía el veterano de las Malvinas, Joe Ousalice, quien decidió llevar a los tribunales una demanda contra el Ministerio de Defensa luego que se viera obligado abandonar la Royal Navy producto de su orientación sexual. Quería recuperar su medalla, y lo consiguió.

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Según consignó Metro.co, Joe, hoy de 70 años y residente de Southampton, en Hampshire, sufrió la confiscación de su medalla por servicio prolongado y buena conducta, cuando en el año 1993 él reveló su bisexualidad ante un consejo de guerra, instancia que decidió no solo quitarle sus condecoraciones, sino que también cesarlo de la institución. Joe Ousalice tuvo una carrera naval de 18 años, sirviendo como operador de radio en la Guerra de las Malvinas y el Medio Oriente, demostrando una gran vocación para luchar por su país, digna de ser condecorada. Al igual que la de muchos otros ex militares quienes ahora podrán ir ahora al consejo de defensa para que sus casos sean revisados, y si son seleccionados, recibir una nueva medalla. Hay muchos que ya han muerto, por lo que sus familiares podrán hacer entonces la solicitud.

 

 

 

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