Por Maximiliano Díaz
4 abril, 2018

“A veces me tomaba el día libre y lo dejaba con la niñera, para tener el día para mi sola”, dijo una de las madres. Su reacción está avalada por una reconocida socióloga.

Por razones culturales, muchas personas aun ligan directamente el rol social de la mujer con el de ser madre. Para estos sujetos, si una mujer queda embarazada, es parte de su deber dar a luz. Nada jamás la completaría como el tener un bebé entre sus brazos. La labor de su vida apenas comienza cuando tienen un hijo. Una vez que muchas de ellas se conviertan en madres, nadie les preguntará nunca más por su carrera profesional, sus estudios o sus aspiraciones. Ahora hay una pequeña vida entre sus brazos que depende de ellas. La pequeña vida come, se viste, duerme y se levanta con la ayuda de su madre. Es la única persona capaz de calmar su llanto. Con la suavidad de sus manos, el bebé sentirá un lugar seguro. Probablemente el vínculo que generen seguirá así por siempre. No se detendrá cuando el niño abandone el hogar para ir a la universidad o al trabajo; tampoco cuando se case y viva el mismo proceso familiar que le tocó a su madre. El lazo de ambos no se romperá, incluso, cuando él tenga que enterrar su madre. Para esas personas, el deber e instinto maternal, son de esas cosas que duran para siempre. 

Y, a pesar de que parezca que estemos hablando de algo lejano y un poco descabellado, pues, para muchas mujeres, mujer y madre son dos conceptos completamente distintos y tienen que ver con su propia voluntad, este pensamiento aún sigue arraigado en la sociedad, y sigue permeando las relaciones familiares. Así, a pesar de que muchas personas reconozcan que los hijos son una gran fuente de trabajo y responsabilidades, siempre están dispuestos a aceptar que la felicidad es mucho más grande que el tedio que significa llevarlos en los brazos.

“Malas madres”

Sin embargo, hay un segmento de las madres que se han atrevido a mencionar lo inconfesable: que se arrepienten profundamente de haber tenido hijos. Estas tres mujeres, cuyos testimonios el orden social no logró suprimir, decidieron hablar abiertamente (pero de forma anónima) con BBC Mundo sobre la experiencia de haberse convertido en madres, y haber sentido, junto con la llegada de sus bebés, un fuerte y profundo arrepentimiento. Desde entonces, desean nunca haber tenido hijos. Pero continúan con sus vidas y ejerciendo la maternidad de la manera que mejor puedan hacerlo. 

Julie Glassberg/The New York Times

Todas las mujeres que dieron sus testimonios a la BBC sobre el arrepentimiento de la maternidad aseguran que es algo completamente distinto a la depresión posparto. Y asocian que, más allá de ser una emoción provocada por el brusco cambio hormonal del bebé recién extraído, es un sentimiento que se ha mantenido a lo largo de los años.

Según una encuesta realizada el 2016 en Alemania, 96 de 1.200 mujeres consultadas sobre este tema aseguraban estar arrepentidas de haberse convertido en madres. Esto constituía un 8% de la muestra total de encuestadas. Sin embargo, también se asegura que hay un montón de madres que no hablan de este tema debido a la vergüenza de que “una madre rechace a su hijo”.

Alison

Desde que fue adoptada, Alison siempre soñó con tener su propia familia. Conoció a un novio, se casaron, y planearon el nacimiento de su primer hijo. Sin embargo, apenas ella lo recibió en sus brazos después del parto, supo que no quería tenerlo. Ni tampoco pasar tiempo con él. En sus palabras:

“Solo vi a la familia feliz con la casita y el jardín, con los niños que iban contentos a la escuela: el cuento de hadas”.

Desesperada por las responsabilidades que había ganado con su nuevo rol vitalicio, comenzó a escapar lo más posible de la maternidad. Se tomó solo seis meses de período subsidiario posparto, y regresó al trabajo. Sin embargo, esto tampoco la hacía sentir segura con respecto a su propio tiempo y espacio:

“A veces me tomaba el día libre y lo dejaba con la niñera, para tener el día para mi sola. No es que no quisiera pasar tiempo con él, pero no sabía qué hacer, no era buena inventando juegos”.

Alison no aclaró sobre si le dijo a su esposo que ella se sentía incómoda siendo madre, pero sí asegura que ninguno de los dos quería que el niño se criase solo. Decidieron ser padres por segunda vez. Ahora tenía una segunda vida que cuidar, más responsabilidad para con otros. Menos tiempo, espacio y preocupación para sí misma. Asegura que:

“Los deseos y necesidades de otros siempre son más importantes. Mi mantra por la últimas dos décadas ha sido “si los demás están contentos, entonces yo estoy contenta”, lo que a veces es un poco irritante. Podría haber tenido una mejor carrera, pero me tocó llevarlo y buscarlos en la escuela durante 15 años, lo que limita mucho profesionalmente”.

A pesar de todo, Alison deja en claro que ama profundamente a sus dos hijos, quienes ahora están en la universidad, pero que era demasiado egoísta para tenerlos. Asegura, también, que sintió resentimiento por ellos por ocupar tanto su tiempo.

BBC

Raquel

Raquel tiene tres hijos. El menor tiene 17. La mayor parte del tiempo debió criarlos como una madre soltera, lo que solo puso todo aún más cuesta arriba. Asegura que “si pudiera retroceder el reloj, no tendría hijos”. Ahora la mujer tiene cerca de 50 años, y cuenta cuáles fueron las principales razones que plantaron en ella la duda y el arrepentimiento de haberse convertido en madre:

“Hubo veces en que no me sentí lo suficientemente madura como para ser responsable por alguien, por esa personita que me necesitaba para vivir. Se sentía como un círculo eterno en el que ponía un biberón o comida en su boca para que luego saliera por otro lado y pensaba: ‘¿en qué momento puede algo de todo esto volverse divertido?’.

Tenía ganas de gritar que la realidad no es tan buena como dicen. Si eres del tipo maternal, perfecto, tienes todo lo que quería; pero si no tienes el instinto, lo único que hiciste es atraparte a ti misma”.

Raquel asegura, también, que haberse permitido tener hijos se debió solo a la inmadurez. No sabía cómo podrían afectar los hijos a la vida que tenía (y la que quería) y que, de haberlo sabido, probablemente jamás los hubiese tenido. 

Por supuesto, tiene un montón de sentimientos encontrados al respecto. Jura amar a sus tres hijos con su vida. Cree que el arrepentimiento la ha alejado de ser una buena madre, y confiesa tener “una culpa que siempre te acompaña, que nunca se va, y te preguntas si ellos lo saben”. También comenta que es algo difícil de admitir. La gente suele asumir que una mujer arrepentida de ser madre es una mala persona, y que este sentimiento trajo, también, mucha soledad consigo: “si hubiera podido hablar de ello y alguien me hubiera entendido, tal vez me habría resultado más fácil lidiar con la maternidad”.

Por último, con toda la sensatez del mundo, asegura:

“La vida no debería obligarte a renunciar a tu vida, tu libertad, para que ellos pueden tener una vida”.

BBC

Joy

Joy fue madre hace 20 años. Y jura que, desde el momento en el que ella y su hija se conocieron, supo que estaba arrepentida:

“Todo el mundo habla de como les entregan al niño y sienten esa fabulosa corriente de amor que les recorre el cuerpo. Yo no sentí nada de eso. Simplemente parecía una inmensa responsabilidad”.

Para ella, los primeros años de su hija no fueron ningún milagro. Eran, más bien, una lucha constante por salir adelante. No había nada de disfrute en pasar el tiempo con la bebé. Solo sensaciones deprimentes. 

La única conclusión a la que Joy ha podido llegar con respecto a esto, es que simplemente le falta el instinto materno. Hay algo dentro de sí que le impide disfrutar a sus hijos como las otras madres. Comenta:

“Durante mucho tiempo me pregunté si [las otras madres] en realidad estaban bromeando al decir que las cosas eran tan maravillosas como las pintaban y si en realidad alguna vez iban a ser honestas conmigo”.

Las preocupaciones de Joy estaban en otro lugar: quería regresar al trabajo, ser exitosa en la carrera que estaba formando. Apenas había comenzado una empresa, y un bebé, a esas alturas, solo era responsabilidad adicional. 

BBC

Los hijos

Un sentimiento común entre las madres que se arrepienten de haberlo sido, es el temor a que los hijos lo descubran. A pesar de que Raquel, Joy y Alison hablaron muy abiertamente sobre sus sentimientos, solo una de ellas se aventuró a comentar la otra perspectiva: Joy asegura que, desde muy pequeña, su hija dudó del amor de su madre. Asegura que la quiere de verdad, pero “el lazo no es empalagoso”. 

Para terminar su testimonio, Joy aseguró que si más mujeres fueran honestas con cómo se sienten, habría mucha menos presión en cuanto a la maternidad. Promete que “somos muchas más de lo que se dice”. Para terminar, dijo:

“Si adentro hay una sensación que dice ‘En realidad no veo qué tiene esto de especial’, no tengan miedo o vergüenza de plantar la cara y decir: ‘Soy alguien que no quiere ser una madre, no quiero hijos'”.

Una perspectiva profesional

Orna Donath es una socióloga israelí que se ha dedicado incansablemente al estudio sobre el “instinto maternal”. El 2016 publicó el libro “Madres arrepentidas”, que recoge el testimonio de 23 mujeres que aseguran adorar a sus hijos, pero que, de haber conocido todos los riesgos y consecuencias al momento de tenerlos, habrían dado un paso atrás. La autora sostiene que lo que se conoce como instinto maternal es, en realidad, un camino que la sociedad delimita para las mujeres. Pues, muy a pesar de que ellas decidan ser madres con toda libertad, la presión social de tener hijos aún en esta época es demasiado grande. El resultado más posible es que terminen arrepentidas.

Reservoir Books

Donath asegura que ha recibido los peores insultos y augurios para su vida por cuestionar la maternidad. Sin embargo, también asegura que hay un gran valor en las madres que deciden lamentarse. Para ella, todo comienza con el alivio: reconocer una dolencia alivia profundamente. Si una persona está sufriendo, y no sabe cómo identificar la raíz del pesar, es posible que esa persona acabe culpando a los hijos de las circunstancias que la llevaron a ser madre. Además, socialmente, el hecho de que las mujeres puedan reconocerse a sí mismas como personas capaces de errar y arrepentirse de sus propias decisiones, podría ser un buen pie para que la comencemos a dejar de exigirles ser madres. 

Jordi Socías/El País

Además, la socióloga asegura que, a pesar de que haya mujeres que sientan un instinto de protección y cuidado hacia sus hijos, y esto haga que ellas los alimenten, arropen y den todos los cuidados, este no es necesariamente un instinto maternal. Para corroborar su tesis, habla de las parejas de hombres homosexuales, quienes, se ha demostrado, son perfectamente capaces de criar y generar un ambiente sano y seguro para un niño.

Carlos Pina/The Huffington Post

Finalmente, la profesional declara que su posición no es otra que la de permitirle a las mujeres elegir. Ella no está, en absoluto, en contra de la maternidad o de los niños. Todo se reduce, finalmente, a la libertad. Si una mujer decide ser madre, está bien; pero no por eso debemos ejercer presión sobre todas para que sigan el mismo camino.

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