Por Alex Miranda
13 junio, 2018

¿Están sobreprotegidos por sus padres? ¿No saben manejar situaciones adversas?

Con una personalidad frontal,  la bandera del individualismo en la mano, una capacidad intrínseca para el cambio y una constante búsqueda de felicidad en vez de dinero. Así pueden definirse los millennials, que vendría a ser la generación que nació entre mediados de los ochenta y los años noventa, y que además toma su nombre del final del milenio, un hito que los millennials vivieron como muy importante.

Pero hay muchas maneras de analizar a los millennials, y una de las más esclarecedoras es la de investigar sus relaciones con sus padres, y cómo los ven.

Es por eso que en Chile, la empresa Adimark realizó un estudio en el cual la idea es precisamente ver a los millennials desde el prisma de sus relaciones con sus progenitores. Gracias a esto, tenemos datos tan interesantes como que el 23% de los  mayores de 25 años siguen viviendo con sus padres.  El motivo -asegura la investigación- no tiene que ver ni con ahorro de dinero ni la pereza, sino que tiene que ver más con sus padres y las expectativas que les imponen.

Ante la pregunta de “¿Qué hitos definen el paso a ser adulto?”, la respuesta que ganó fue “comenzar a trabajar” (con un 63%), seguido de “formar una familia” (32%), y después “irse de la casa de los papás” (21%). Mucho más atrás está “tener un hijo” (13%) y “casarse” (2%). Una pequeña muestra de cómo esta generación ya hace un cambio real en la percepción de adulto que se tenía antes.

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La percepción del millennial de sus padres

A diferencia de las generaciones anteriores, los millennials son mucho más abiertos con sus sentimientos. Por lo mismo, no temen sentarse con terapeutas, y menos hablar sobre sus padres. Así es como, al preguntarle a terapeutas, comentaron las peores cosas que hacen los padres, según los mismos millennials. 

Tara Griffith habla de “papacopteros”, o dicho de otra manera, padres que impiden el correcto desarrollo de sus hijos, al retrasar su proceso de independencia y no dejándolos resolver sus problemas por ellos mismos. “Sabes que hay un problema cuando la madre de alguien de 28 años llama para agendar una hora de terapia para su hijo”, dice Griffith, quien acepta que esta práctica es más común de lo que se cree entre millennials.

El siguiente tipo de padre es uno más especial aún. La terapeuta Jeniffer Stone dice que es cuando hay una excesiva intromisión de los padres en base a la ayuda económica que le dan a sus hijos. “Los padres se sienten con el derecho a obtener información, porque muchas veces están dándoles ayuda financiera”. El ejemplo más claro -según ella- es cuando pagan por la terapia de sus hijos y creen que eso les da derecho a preguntar de qué se habló en la sesión (cosa que como todos sabemos, es privada). “A veces, cuando un paciente establece un límite con sus padres, ellos malinterpretan la autonomía de su hijo como una interferencia del terapeuta en su relación. Es como si la terapia por la que están pagando fuera vista como una amenaza al vínculo entre el padre y el hijo”, comenta Stone.

Otra de las quejas más repetidas en las terapias es la de las constantes expectativas de los padres, ya que gracias a eso, muchos se sentían un fracaso al no poder cumplir esas expectativas. Deborah Duley cuenta que para las mujeres la situación se puede volver aún más grave: “Ellas tienen que lidiar en particular con esto y también con la sociedad, las redes sociales y la opinión pública que les dicen que no son lo suficientemente buenas. Esto, sumado a la desaprobación paterna, puede ser devastador”.

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Otro caso que da Duley es el de la falta de preparación emocional, de la que tan normalmente se culpa a los millennials: “Una de las constantes que más escucho es la falta de instrucción acerca de cómo manejar las experiencias y emociones negativas”. La sobreprotección hace que las experiencias y emociones negativas sean el peor enemigo, algo que hay que evitar por todos los medios. Para Duley: “Este es el mensaje más dañino que puede recibir un niño”.

Por último, Liz Higgins habla de lo importante que se vuelven los padres de los millennials cuando estos tienen hijos. Según ella, muchos anteponen las opiniones sobre crianza del niño o niña de sus padres, antes que las de su pareja. “La paternidad es un viaje muy personal y muchos millennials se enfrentan a las críticas por las formas progresistas en que deciden criar a sus hijos”, dice Higgins. La solución es sencilla, comunicar -como padre de un hijo- cuales son los límites al resto de la familia y no olvidar el tipo de padre que quiere ser cada uno. Lo malo es que normalmente esto último no se cumple.

Al final, una de las mejores herramientas para un millennial es darse cuenta que las emociones y experiencias negativas son normales, además de tratar de cambiar esa concepción de que para lidiar con esos problemas basta una pastilla o evadirse con métodos autodestructivos. 

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