Por Maximiliano Díaz
18 junio, 2018

Vecinos denunciaron las paupérrimas condiciones en las que era forzado a vivir el perro, sin embargo nadie actuó a tiempo.

De la dueña no se han revelado bastantes datos. Dicen que tiene 32 años, y que llegó desde Portugal a vivir a Ribardeo, un pequeño municipio español de menos de 10.000 habitantes que está dentro de la ciudad de Lugo. Desde allá, muchos de los vecinos aseguran que la mujer tenía una mascota que ladraba mucho. Un perro de estatura media, negro y fornido.

La dueña pronto comenzó a hartarse del animal, pero en lugar de regalarlo, o intentar educarlo, encontró una solución para que ella y los vecinos pudiesen comenzar a evadir sus ladridos: compró un bozal, lo rellenó de papel en la punta, y se lo puso en el hocico al perro. “Problema resuelto”, pensó “ya no volverá a molestar”.

La Vanguardia

Sin embargo, este no fue un hecho aislado, sino la gota que rebalsó el vaso en una larga cadena de maltrato animal. Los vecinos ya habían advertido, más de alguna vez, que ella no tenía al perro en buenas condiciones. Aseguran que vivía bajo condiciones higiénicas deplorables. Su dueña se preocupó muy pocas veces de quitar los deshechos del espacio reducido que ocupaba el animal, y jamás la vieron sacándolo a pasear. Para cuando le puso el bozal, curiosamente, decidió no quitárselo en ningún momento del día. Los resultados podían verse venir: el perro murió días después.

Después de que los vecinos dieran aviso en variadas ocasiones a la Guardia Civil española, los uniformados llegaron hasta la casa de la mujer a tantear el estado del animal. Allá, se encontraron con el perro increíblemente flaco y desanimado, claras señales de desnutrición y deshidratación. Además, presentaba síntomas serios de asfixia.

Actuaron tan rápido como pudieron, y trasladaron al perro a una clínica veterinaria. Ahí, fue atendido con prioridad y urgencia, pero no logró sobrevivir.

La voz de Galicia

Ahora, la Guardia Civil decidió abrir una investigación en contra de la dueña del animal. Se considera a la mujer como la “supuesta autora de un delito de maltrato animal”. Además, y según consignan varios medios que se basan en testimonios de los vecinos, la mujer ya habría recibido una advertencia de que la mascota estaba en un aparente estado de desnutrición, y que las condiciones sanitarias eran más que insuficientes. Sin embargo, ella no hizo caso, y decidió rematar el estado de su mascota con un bozal lleno de papel.

El ojo público

A pesar de que, en un principio, el accionar de la Guardia Civil fue bien recibido, conforme comenzaron a salir notas de medios locales, se dio a conocer que la advertencia sobre el estado del perro se había emitido en más de una ocasión. Esto generó un descontento tremendo por parte de los lectores, quienes comenzaron a preguntarse dónde estuvieron las fuerzas policiales a lo largo de todo ese supuesto mes en el que la dueña había sido advertida. Ese tiempo es más que suficiente para salvar a un animal cuyo estado de abandono aún no es crítico, pero parece ser que la Guardia esperó hasta el último momento para hacerse presente. 

Twitter/@SepronaNoticias

Aunque la dueña ya fue puesta a disposición del juzgado, las críticas a ella tampoco se han hecho esperar. El medio La Voz de Galicia, que fue uno de los primeros en reportar el hecho, reunió un montón de reacciones de sus lectores en los que desdeñan a la mujer que asesinó a su propia mascota.

La Voz de Galicia
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La pregunta general parece ser una muy larga y recorrida: ¿para qué quiere animales una persona que no está dispuesto a cuidarlos? Y, peor aún, ¿por qué alguien dejaría morir a un animal de una manera egoísta para aliviar alguna especie de necesidad inventada? Como en este caso podría significar la molestia por los ladridos del perro.

Una legislación innovadora pero ineficiente

Según la cadena ABC, cerca del 40% de los hogares españoles tienen una mascota. Y en noviembre de 2017, el Congreso aprobó de manera unánime una reformulación en la ley de tenencia de mascotas en el país. Hasta antes de esa fecha, los animales eran, para efectos legales, propiedad privada, no seres vivos que eran capaces de sentir, generar apego y, por lo tanto, sujetos de derecho. La medida parecía proponer un destino mucho más prometedor para los casi 20 millones de animales que viven con una familia en España. Pero, de momento, sin que los animales tengan de su parte la eficiencia de los controles policiales, y la herramienta de la denuncia de maltrato como un vínculo con la legalidad, es bastante difícil que las leyes, por protectoras que sean, se hagan efectivas. 

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