Por Daniela Morano
5 abril, 2019

María José Carrasco, de 61 años, llevaba 30 años sufriendo de esclerosis múltiple pero el estado no quería acabar con su sufrimiento pues la eutanasia es ilegal. Sólo su esposo podía ayudarla a acabar con el dolor.

María José Carrasco tenía 61 años y vivía en España junto a su esposo, Ángel Hernández de 70 años. Hace 30 años que la mujer padecía de esclerosis múltiple, y ya no quería más. No podía hablar mucho, sentía que se asfixiaba y no podía ni utilizar sus propias manos. Estaba prácticamente paralizada, y nadie podía ayudarla a mejorarse.

En varias ocasiones pidieron ayuda pero sólo conseguían sedantes, a los que ella respondía que «no quiero dormirme, quiero morir». Insistió durante años a su esposo que la ayudara a terminar con su agonía, pero las leyes no permitían la eutanasia y la única manera en que podía terminar con su vida era con la ayuda de alguien.

Carlos Rosilla

«Mi mujer me lo ha pedido siempre y en los últimos cuatro meses me lo pedía constantemente. Mi mujer, cuando lo decidimos, me lo comentó: ‘A mí no me va a llegar la eutanasia, que sea por los demás», le dijo a Europa Press.

El año pasado tuvo la valentía de hacer algo que jamás se imaginó que haría. Tomó una cámara y grabó el crudo momento en que su esposa confirmaba que esto era lo que quería, que no tenía arrepentimientos de lo que le había pedido, aunque sí temía por las repercusiones que sufriría él, su esposo.

Carlos Rosilla

Hernández le acerca un vaso con una bombilla a María José, el cual tenía un fuerte medicamento en su interior que la ayudó a despedirse por siempre de esta vida y en paz.

El momento fue grabado porque ella misma quería que el mundo supiera el «sufrimiento y abandono» por el que estaban pasando.

«En España, aunque la eutanasia está prohibida, el Código Penal tiene en cuenta la compasión e introduce una atenuante muy privilegiada. No me gusta la idea de la eutanasia institucionalizada, pero en casos concretos, cuando se hace por amor y a petición, no sé si hay un reproche penal que justifique que esa persona entre en prisión», dijo Feredico Montalvo, jurista y presidente del Comité Español de Bioética, a El País.

Carlos Rosilla

Hernández se entregó como culpable. «He declarado todo lo que hice por mi mujer y ahora me encuentro afectado y asumiendo su fallecimiento. Los funcionarios y la Policía han empatizado conmigo, se han portado muy bien y estaban de acuerdo conmigo; me lo han dicho expresamente», dijo.

Le ha pedido a los medios españoles que le presten atención a este tema pues «hay mucha gente que está en la misma situación y hay que ayudarla».

Por el momento no han acordado una medida cautelar, Hernández debe presentarse ante el juzgado las veces que sea necesario para continuar con la investigación. Aunque devastador, el video grabado por ambos es un paso importante en la lucha por la salud de las personas, la que no siempre puede ser mejorada.

Carlos Rosilla

A veces, no importa a cuentos tratamientos se someta una persona ni cuantos medicamentos tome, algunas enfermedades simplemente no dejarán el cuerpo de alguien. Es ahí cuando cada quien debería tener derecho a decidir sobre su propia vida.

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