Por Catalina Yob
20 mayo, 2018

“Me lo saco, lo tiro y luego al final me lo pongo de nuevo y así todos somos felices”, esgrimió el joven, cuyo actuar alude a una popular tendencia.

Posibilidades de embarazo y contagio de enfermedades de transmisión sexual son sólo algunas de las consecuencias físicas a las que se ven expuestas las víctimas de la tendencia popularmente conocida como “Stealthing“. Conforme al paso del tiempo, la práctica que alude a la remoción del preservativo en medio del acto sexual y sin el consentimiento del otro involucrado, se ha vuelto más popular entre los hombres jóvenes, quienes actúan de esta forma en orden de conseguir mayor placer sexual.

Hoy son cada vez más los testimonios de mujeres y hombre que han tomado la decisión de sacar a la luz este tipo de conductas por parte de sus parejas sexuales. Además de los efectos físicos que puede desencadenar este tipo de actuar, éste responde a un ultraje en perjuicio del otro individuo, quien es engañado en orden de que el otro logre mejores resultados en el ámbito sexual. 

Uno de los casos más populares ocurrió en el año 2017 en Suiza, donde un sujeto de 47 años fue condenado a 12 meses de prisión, tras comprobarse que había removido el preservativo sin el consentimiento de la mujer mientras mantenían relaciones sexuales. De acuerdo a la Corte Criminal de Lausana, el sujeto, quien conoció a la víctima a través de Tinder, incurrió en el delito de violación, hecho que generó un antes y un después en los casos que implicaban la ocurrencia de esta tendencia.

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“Porque se siente mejor sin condón”

Un joven, identificado como Brendan, admitió en conversación con una radio estadounidense ser un acérrimo adherente de la tendencia. Ocultando su identidad, reveló llevar a cabo el acto de remover el condón en medio de la relación sexual sin despertar sospechas del otro individuo de forma frecuente, bajo el pretexto de que “se siente mejor”.  

Pese a que fue alertado de las consecuencias físicas en perjuicio de la pareja sexual, el sujeto aseguró sentirse confiado por el hecho de presuntamente no poseer enfermedades o infecciones de transmisión sexual. 

“Tom: ¿Por qué lo haces?

Brendan: Porque se siente mejor sin condón.

¿No deberías negociar eso antes del sexo?

Debería, pero si no tengo ninguna razón para usar un condón, entonces realmente no veo el problema.

¿Qué pasa con el riesgo de transmitir una ETS o embarazar a una persona?

Realmente no quiero embarazarlas, así que definitivamente no dejo rastro. En cuanto a las ETS, no quiero que ellas tengan, pero prefiero correr el riesgo.

¿Pero las estás haciendo correr el riesgo?

Sí, lo hago. Pero confío en los resultados de los chequeos médicos regulares. Estoy bastante seguro al decir que estoy limpio cuando estoy limpio.

Entonces, ¿hay un riesgo?

Sí, lo hay, pero existe el riesgo de cruzar la calle y todos hacemos eso.

¿Entonces realmente no te importa? ¿Se trata del placer?

Por supuesto que me importa. Pero aún puedo verlo desde el punto de vista del cual estoy bastante seguro [acerca de mi salud sexual], y de lo que estoy bastante seguro… entonces estoy feliz de hacerlo.

¿Cuántas veces lo has ocultado?

La mayor parte del tiempo. Si me piden que lo ponga (lo cual no es tan frecuente como podría pensar). La gente está bastante relajada con hacerlo sin preservativo.

¿Entonces qué significa eso? ¿Tienes menos posibilidades de tener una ETS?

Creo que sí.

Entonces te pones uno y luego te lo quitas sin que ellas lo sepan. ¿Cuánto tiempo tienes antes de escabullirte?

No lo sé. Sácalo, quítatelo, vuelve a colocarlo. Todos están felices.

¿La mayoría de las veces lo notan o no se dan cuenta?

No lo noté.

¿Alguna vez se han enojado contigo?

Nadie se enoja, pero si alguien me pide que me lo vuelva a poner, lo volveré a poner seguro. Eso es lo justo.

Entonces, nadie ha dicho ‘¿cómo te atreves a hacerme eso, no sé si me vas a dar una ETS y me dejarás embarazada’?

No. Nadie ha dicho eso.

Entonces, ¿cuál es la reacción habitual?

‘¿Te importa? Es más seguro’. Algo de ese estilo.

Pero usted hizo un acuerdo para usar un condón y luego lo infringe sin que la persona lo sepa…

No lo sé. No creo que realmente llegue a un acuerdo. Acabo de poner uno y si no se dice nada, me lo quito. No creo que esté infringiendo la ley.

Pero si esa persona te ha pedido que te pongas un condón, están teniendo sexo contigo en el entendimiento de que eso es lo que está pasando.

Estaría más preocupado por tener una ETS que conseguir que alguien recurriera a un abogado por fraude cuando tenga relaciones sexuales y me quite el condón.

Bueno, ambos podrían suceder.

Bueno, tomaré esos riesgos.

¿Esta es una práctica sostenida por la mayoría de tus amigos?

Sí, yo diría que sí”.

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Una agresión sexual disfrazada de tendencia

De acuerdo al relato del joven, lo que para muchos es percibido como una agresión sexual inminente, para él y sus amigos responde a un acto que poco a poco se ha transformado en un hábito. Las víctimas tienden a ser mujeres y hombres que acaban de conocer, lo que les entrega de alguna forma mayor libertad, ya que se presume que en una relación carente de afecto, ambos buscan protegerse tanto de embarazos no deseados, como enfermedades de transmisión sexual. 

La rapidez con la que se lleva a cabo el ultraje, permite que la remoción del preservativo sea prácticamente imperceptible ante los ojos del otro individuo. Pese a las resoluciones judiciales que han juzgado el acto como un delito, específicamente como una violación o agresión sexual, hay quienes continúan perpetrando esta práctica que no sólo pone en riesgo la vida de ambos, sino que alude al ultraje de la regla básica instaurada en una relación sexual: el consentimiento. 

Alejandra Brodsky, quien publicó sobre el tema en la revista de la Universidad de Columbia sobre género y derecho, asegura que se trata de una tendencia más común de lo que todos pensarían. Debido a que llevar un conteo real de las ocurrencias es imposible, muchos creen que esto sólo ocurre desde quienes buscan perjudicar conscientemente a alguien, sin embargo jóvenes comunes y corrientes deciden incurrir en la práctica con el propósito de alcanzar más y mejores orgasmos con desconocidos. 

“Lo que quería con este estudio es poner nombre y protagonistas a esta tendencia que se repite con demasiada frecuencia”.

“Hay muchos jueces que no saben que esto ocurre de verdad. Me gustaría que hubiese una ley dedicada a condenar estos actos, ya que aunque no sea violación, las víctimas se sienten así”.

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