Por Javiera González Ruiz
27 noviembre, 2018

¿Cómo se prepara a una niña para quedar huérfana a los 8 años? “En lugar de protegerme de la tragedia, mi madre me animó a explorarla” dijo la chica, que hoy ya es toda una adulta.

Ningún padre está preparado para contarle a sus hijos que se va a morir cuando aún sean pequeños. Sin embargo, a veces no queda otra opción, sobre todo cuando se tiene diagnosticada una enfermedad terminal agresiva, que en esos años no se podía tratar: el sida.

Cuando Sydni Dunn nació, sus padres ya sabían que morirían pronto… así que la educaron y la prepararon para sus muertes cada día.

El primero en morir fue su padre, tres meses antes de su cuarto cumpleaños. Y su madre, en lugar de evitar que supiera lo que ocurría, incluso la llevó al funeral a despedirse. “Me permitió escalar la rodillera de madera cerca de su ataúd, como un taburete para mirar dentro. Ella me explicó, de una manera que un niño en edad preescolar podía entender, por qué no se despertaba” escribió la chica en una carta donde confiesa su historia.

Pixabay (Imagen referencial)

Su madre incorporó a papá en sus actividades diarias, diciéndole que a él le hubiese gustado tal camiseta, o que estaría orgulloso de su actitud. Al mismo tiempo, estimuló su independencia y la dejaba elegir sus atuendos, le inculcó el sentido del autoestima y la crió convencida de que podía hacer cualquier cosa.

Además se encargó de crear recuerdos que su hija jamás olvidaría.

Como su madre sabía que le tocaría a ella y pensaba que seguramente no le quedaba demasiado tiempo de vida, solía preparar a su hija para ese momento, explicándole de alguna forma que ella estaba enferma y que en poco tiempo iría a vivir con su padre en el cielo.

Pixabay (Imagen referencial)

Pero necesitaba que pusiera de su parte, le pidió que fuera obediente con sus tías, y sus nuevas hermanas, pues desde ese momento viviría también con sus primas en Louisiana y ya no en Texas. Y su perro Charlie podría mudarse también con ellos.

Sin embargo, ante todo ese descabellado plan, la pequeña Sydni, pese a tenerlo claro, jamás pensó que en realidad ocurriría, pues su mamá estaba muy enferma, pero no parecía que se estuviera muriendo.

Esa misma conversación sobre la enfermedad que tenía y los pasos a seguir la tuvieron también durante los próximos años: “conduciendo a casa desde mi práctica de softbol, ​​durante los recesos comerciales de la alineación de la noche del jueves de la NBC, conectando las vías del tren que rodeaba nuestro árbol de Navidad. Tendríamos esa conversación en la sala de espera en el consultorio de su médico, en casa cuando estaba demasiado débil para moverse desde el baño, y acurrucada en su cama del hospital escuchando el sonido de los monitores, rodeados por un montón de cables”.

“Y tendría esa conversación una vez más con mi familia en una mañana de abril, después de despertarme con la noticia de que mi madre había fallecido pacíficamente, en presencia de sus padres y hermanos, la noche anterior”.

Sydni Dunn

Su familia continuó parte de las enseñanzas de mamá. Le permitieron a Sydni, de 8 años, elegir el ataúd y la música para su funeral. Luego celebraban cumpleaños y aniversarios y siempre reconocieron asientos vacíos en la mesa. Además siempre fueron honestos sobre la causa de muerte de sus padres.

De acuerdo a las palabras de la chica, por su experiencia propia, ninguna cantidad de preparación puede preparar a un niño para la muerte de un padre y quedar huérfano a los ocho años. “Pero mi madre, que había visto a su novio de la escuela secundaria y al padre de su única hija perder la batalla contra el SIDA mientras ella libraba la suya, hizo lo que pudo para equiparme con las herramientas que necesitaría para afrontar los días, meses, años, y décadas después de su muerte”, escribió.

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