Sus pecas fueron objeto de burla e incluso tildadas de contagiosas. Su hijo menor la hizo aceptarlas

Por Catalina Yob
3 agosto, 2017

“La primera vez que compré blanqueador para piel fue de adolescente, pero mi padre me atrapó. La segunda vez fue para mi boda, pero mi esposo me convenció de no hacerlo”.

Durante toda su vida debió lidiar con las crueles burlas de las que fueron objeto las pecas que se encuentran sobre su rostro. En su adolescencia, debió afrontar que la tildaran de contagiosa e incluso aquellas situaciones en donde jóvenes de su misma edad se alejaban de ella por el temor de que emergieran pecas desde su piel.

Charlene Cerros de 30 años y madre de cuatro, en conversación con “The Mirror”, estableció que el profundo odio que desarrolló a raíz de los comentarios negativos la hizo comprar blanqueador de piel. A pesar de que estaba plenamente consciente de que dicho producto representaba un peligro inherente, a ella no le importaba, sólo quería sentirse bella y tener un rostro similar al de los demás.

Caters News Agency
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La primera vez en que esta mujer, oriunda de Australia, decidió comprar blanqueador fue cuando era tan sólo una adolescente, sin embargo y afortunadamente su padre se dio cuenta del atentando que planeaba hacer en su rostro. La segunda ocasión fue en el día de su boda, en donde su esposo la convenció de no hacerlo y la instó a aceptar aquello que la hacía hermosa y única. 

Pasaron años para que Cerros lograra desarrollar el amor propio y pudiera sentirse bella al mirarse en un espejo. Sus hijos fueron sin duda alguna el motor de este cambio de mentalidad, en especial su hijo de cinco años. El menor se emocionó hasta las lágrimas al darse cuenta que una peca había aparecido en su rostro, ya que desde ese entonces su rostro se parecía al de su madre.

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Además del adorable momento que vivió con su hijo menor, la madre de 30 años logró aceptarse a sí misma luego de que sus pecas captaran la atención de un fotógrafo británico, quien llevó a cabo una artística sesión fotográfica, cuyas protagonistas fueron múltiples mujeres con distintas condiciones de piel. 

 

 

“La primera vez que miré los retratos terminados finalmente me sentí bella. Me sentí tan empoderada que aprendí a abrazar mis diferencias. Fue una experiencia increíble. Ahora cuando alguien me pregunta si estoy enferma o es grosero conmigo, intento enseñarle sobre las diferencias y sobre las profundas consecuencias que pueden tener las palabras en alguien”.

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