Por Alejandro Basulto
9 junio, 2020

Georgie, una directora de publicidad de Melbourne, empezó a darse cuenta que un pequeño bulto en su pierna se veía ya bastante mal, sin saber que era cancerígeno.

La glamourosa y exitosa vida Georgie Kats iba de lo más bien, previo a un suceso que cambiaría para siempre sus días. Partiendo porque ella tenía una carrera exitosa como directora de publicidad en Melbourne, Australia, cumpliendo el anhelo de muchas al poder desarrollarse plenamente de manera profesional.

Georgie Kats

Y además estaba casada con un hombre amoroso y guapo, con quien, para agregar más alegría a su vida, tenía una linda y tierna bebé. Pero justo a los ochos meses de su embarazo, notó que algo en su pierna estaba distinto, un bulto de color carne, que fue visto por primera vez por su madre.

Pero en ese entonces no le prestó mucha importancia. Su médico de cabecera había descartado cualquier peligrosidad relacionada a este quiste, y hasta le recomendó que se olvidara de él y que se preocupara de dar tranquila a luz a su bebé. Georgie no le discutió y estuvo tres meses feliz con su pareja Chris, de 35 años y su hija recién nacida, Antonia. Todo iban bien hasta ahí.

Georgie Kats

Sin embargo, el bulto con color carne seguía creciendo, al tamaño de una canica grande, por lo que ella volvió donde su médico, pero este volvió a tranquilizarla. “No había nada de qué preocuparse”. Pero ese quiste le impedía utilizar sus tacos favoritos, por lo que hizo cita con un cirujano ortopédico para sacárselo. Su sorpresa fue que cuando drenaron el líquido del bulto de carne y el médico le dijo que algo andaba mal. Era un tumor cancerígeno, agresivo y de seis centímetros de largo.

“¿Quién hubiera pensado que mi vanidad algún día salvaría mi vida (…) Nunca crees que te va a pasar, especialmente a mi edad (…) Llamaría a mis hermanas y les diría que me duele el cerebro, me duelen los ganglios linfáticos, creo que el cáncer se ha propagado. Aunque sabía que estaba siendo ridícula, estaba petrificada. Simplemente no quería morir”

– dijo Georgie Kats a Daily Mail.

Georgie Kats

Un sarcoma de tejido blando muy raro, llamado liposarcoma mixoide, había aparecido en su pie. Cuando ella nunca había sentido dolor ni molestias, previamente. Y para fortuna de Georgie, dentro de todo lo malo, ella estaba de suerte, porque el cáncer aún no se había diseminado y rápidamente los médicos programaron 28 sesiones diarias de radiación para destruir la enfermedad.

Georgie Kats

El tratamiento fue un éxito, pero para darle mayor seguridad y tranquilidad a esta exitosa profesional y madre, le aconsejaron que tenía que amputarse la pierna debajo de la rodilla. Una noticia muy difícil, que a Georgie le dolió y afectó como pocas otras que había recibido en su vida.

“Solo lloré todo el camino hacia la sala de operaciones. Incluso cuando me estaban poniendo a dormir, recuerdo que las lágrimas corrían por mis mejillas. La tristeza fue abrumadora (…) Si soy completamente honesta, la amputación fue una píldora más difícil de tragar que cuando me diagnosticaron cáncer por primera vez. Lamenté la pérdida de mi extremidad como una muerte (…) Pero también entiendo que hay muchos pacientes con cáncer que no tienen una oportunidad como esta para sobrevivir, así que estoy agradecida de poder seguir viviendo de una manera diferente, pero más intensa, agradecida y feliz (…) Puedo parecer físicamente diferente, pero eso es todo lo que ha cambiado. El cáncer puede haber tomado la mitad de mi pierna, pero nunca dejaré que me quite la chispa”

– contó Georgie.

Georgie Kats

Finalmente, la operación resultó ser perfectamente realizada y la vida de Georgie no cambió en el ánimo y en la manera exitosa de que la vivía. Con esta cirugía sus posibilidades de supervivencia son de un 70 por ciento, existiendo todavía una probabilidad de un 30 por cierto de que vuelva el cáncer, pero eso no le afecta. Ella quiere vivir la vida tal como era antes: como una exitosa profesional, como una esposa feliz y como una madre orgullosa.

 

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