Por Maximiliano Díaz
11 junio, 2018

Descubrieron que la carne de 40 especies en peligro puede usarse para pescar. Su estado de conservación está en la cuerda floja.

La temporada siempre está abierta para los cazadores furtivos, y en muchas ocasiones, se extiende a lo largo de todos los países. El territorio marítimo, dicen, no pertenece a nadie (al menos no legalmente cuando se llega a aguas internacionales) y en algunas ocasiones, se vuelve muy difícil hacer que las leyes se cumplan sobre esa enorme llanura llena de agua, sol y animales.

Las persecuciones nunca descansan, y esta vez, desgraciadamente, llegó el turno de los delfines, las focas, y otras especies en peligro que están siendo cazadas ilegalmente. Según parece, los pescadores descubrieron en su carne la carnada perfecta. Y esta vez, la inteligencia que tienen y el peligro en el que han sido declaradas esas especies, no significan nada.

AP

En un reporte reciente sobre el impacto global que ha tenido la presencia humana en el mar, y la relación actual de las especies en peligro con su medio, los científicos llegaron a la conclusión de que más de 40 especies de mamíferos acuáticos están siendo usados como carnada en, al menos, 33 países. Haciendo especial énfasis y alarma, eso sí, en Latinoamérica y África. En esos lugares, los pescadores han comenzado a buscar específicamente a los delfines botos: ven en ellos una carne suave y necesaria para atraer a los tiburones.

Lo que más preocupa a los científicos, es que no saben cómo hacer para que su estudio genere impacto. A pesar de lo desesperanzadoras que son estas noticias (muchas de esas especies están en peligro de extinción y estaban en un largo proceso de conservación), les han puesto muy poca atención desde los círculos de conservación e investigación de especies marítimas.

Según Vanessa Mintzer, una investigadora de la Universidad de Florida que se decidió a estudiar casos como estos cuando se dio cuenta de que la población de delfines del Amazonas decrecía a un ritmo impresionante, dice que cazar con estos fines no es un tema menor:

“Cazar para usar a los animales como carnada, es una de las amenazas primarias que afectan a los delfines del amazonas, conocidos como botos”.

Dolphin Project

Los botos

Actualmente, la población de botos es un total misterio. Hay tan pocos ejemplares, están tan repartidos, y la información general sobre ellos es tan poca, que los investigadores no tienen suficientes datos para estudiarlos. Sin embargo, hay un consenso general sobre su caza: representa una amenaza enorme para el ecosistema marítimo de ciertas zonas: y no solo para los ejemplares, pues sus hábitats también se están viendo dañadas, y otras especies se han involucrado en lo que se conoce como “enredos accidentales”: los peces muertos “por accidente” cuando se lanzan a cazar sobre grandes zonas. La doctora Mintzer asegura que están buscando soluciones:

“Con este estudio global, buscamos ver si era cierto, y dónde las especies estaban siendo asesinadas para usarlas como carnada. Ahora, buscamos encontrar algunas posibles soluciones al problema”.

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Un problema de larga data

Mintzer entra a su estudio. Toma algunos papeles y los revisa pacientemente. Son reportes de la década de los ’70 sobre la cacería ilegal para carnada. Leyendo los estudios, ella y sus colegas intentan armar un mapa, una especie de rango completo sobre las especies que están siendo arponeadas y desolladas. La primera conclusión a la que llegan, es que esta práctica no suele ser amparada por ninguna ley. Todos son cazadores furtivos.

Cuando el medio inglés Independent habló con la doctora Mintzer, dijo que, a pesar de manejar algunos datos, ahora quedaba lo más fuerte del trabajo (y lo que implica más responsabilidad): deben obtener mayor información sobre la cacería. De momento, se sabe que los animales son cazados y vendidos a lo largo del mundo, pero no hay culpables ni zonas identificables: no saben si los botes pertenecen a gremios de pescadores, grandes empresas, o pequeñas filiales que se dedican solo a vender carnada para la pesca. Es un entramado más grande de lo que podría llegar a parecer en algún principio. Definitivamente, no son viejos pescadores en sus botes de madera esperando cazar algo más grande para alimentarse.

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De tener estos datos, el equipo de Mintzer podría idear rápidamente medidas de contingencia para proteger a las especies. En palabras de la investigadora:

“Para los científicos que ya están trabajando con estas especies y los puntos claves de cacería en este informe, los esfuerzos deberían comenzar de inmediato para estimar estos números”.

¿Y los animalistas?

En casos de esta envergadura, lo más lógico parece ser que los animalistas también comenzaran a organizarse y tomar sus propias medidas, buscando que esta situación mejore. Sin embargo, les preocupan mucho más las aves, tortugas y delfines de distintas especies que son víctimas de los enredos accidentales.

A pesar de que podría no ser la prioridad, también es importante ponerlo sobre la mesa, porque no es un problema menor: un estudio reciente descubrió que cerca de 10.000 tortugas marinas mueren cada año en manos de los pescadores sudamericanos por esta causa.

Prodelphinus

Echar a andar la legislación

A pesar de tener distintos enfoques, y saber que queda mucho aún para poder comenzar a hacer algo al respecto con las especies y los lugares que se están viendo amenazados, los investigadores dicen que la única opción que nos queda, al menos de momento, es implementar leyes urgentes que refuercen la protección de estos mamíferos acuáticos. También hicieron un llamado general a las comunidades de pescadores a que se vayan sumando de a poco a la pesca sustentable. La doctora Mintzer también siente mucho temor por las especies que no podrían estar considerando en sus estudios. Sabe que necesitan identificarlas, y eso solo aumenta y dificulta la tarea.

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