Por Camila Cáceres
2 marzo, 2017

“Me quedé parada mirando como los dejaban ir a todos. Lo dejaron ir. Cuando hablé con al agente de Lufthansa, se puso furioso”.

Dana T. nunca se había sentido más orgullosa. En Abril había conseguido su trabajo soñado, no porque representara a una empresa gigante, sino porque su posición requería que viajara a diferentes partes del mundo. El 7 de Mayo llegó al aeropuerto de Nueva Jersey, Estados Unidos, para su primer vuelo transatlántico, camino a Alemania. No cabía en sí de felicidad.

Lo primero que notó fue al hombre en el asiento junto al suyo.

“Estaba moviendo las piernas de arriba a abajo. Pensé que estaba nervioso. Esperé que no me mantuviera despierta. Pensé ‘no quiero tener jetlag’. Había escuchado de eso, pero nunca me había pasado”.

Dana T.

Tomó dos vasos de vino con su comida y puso la película más larga que encontró: The Revenant. Mientras la veía, se durmió.

Despertó abruptamente. El hombre junto a ella la miraba, y cuando la notó despierta, le dijo: “Puedes recostarte en mi regazo”. Como estaba aún medio dormida, Dana sólo le dijo que no y trató de volver a dormir. No consideró lo extraño de su oferta.

La seguiría despertando cada tantas horas. Dana no sabe exactamente cómo, pero cuando abría los ojos, él la estaba mirando fijamente.

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Finalmente, la terminó de despertar un terrible dolor en su pecho. El hombre estaba pellizcando sus pezones a través de su camisa. 

Cuando Dana se levantó, él se echó hacia atrás, murmurando, “perdón, perdón”. Ella se echó a correr.

“Creo que un hombre me tocó”, dijo al primer asistente de vuelo que encontró. La mujer le contestó, muy seria: “¿Crees que te tocó?”

“No, no, me tocó, él me tocó”, contestó, sorprendida ante su tono.

Pero aún le faltaba un mayor sobresalto: La asistente le pidió que volviera a su asiento. Dana se rehusó, con el estomago revuelto, y otros asistentes se acercaron a ver qué pasaba.

Uno, un hombre, se alejó y regresó para confirmar que el pasajero le había gritado, sólo para luego disculparse con un penoso “por favor no me arreste. Fue un accidente”.

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Los asistentes le buscaron un nuevo asiento e ignoraron su petición de que cambiaran a una chica de la misma fila, una adolescente que aún estaba a un asiento del hombre, durmiendo.

La reacción por lo general fue, describe, de “tirarme cosas para callarme— cosas gratis, para tratar de apaciguarme. Sentía que su actitud era ‘Oh, que mierda de persona ese hombre, ¿no quieres más vino?”

Nadie se sentó junto a ella o habló más sobre lo sucedido. De hecho, uno de los asistentes alemanes le dijo, tratando de ser amable, “la gente se mueve mientras duerme”.

Corner of the Earth. #flying#theearth

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Cuando preguntaba que iban a hacer con el hombre, directamente la ignoraban. Una de las asistentes norteamericanas le dijo que debía reportar el crimen apenas aterrizaran.

Pero cuando aterrizaron, todos bajaron tranquilamente, incluyendo al hombre.

“Me quedé parada mirando como los dejaban ir a todos. Lo dejaron ir. Cuando hablé con el agente de Lufthansa, se puso furioso y me preguntó porque no se lo reporté a nadie antes de que el avión aterrizara. Le dije que lo había hecho”.

Aparentemente, la tripulación no tenía idea como proceder en una caso como este y no había informado por radio al aeropuerto. Como la policía no había sido contactada, ellos no podían detener al hombre o a los posibles testigos.

Dana, horriblemente, escuchó lo mismo de agentes de seguridad en Frankfurt, de la policía alemana en Cologne y del FBI en Nueva Jersey, apenas hubo regresado.

El caso de Dana es sólo uno de los que son afectados por las extrañas y poco claras jurisdicciones que cubren tanto los aviones como los aeropuertos. NBC reportó que ninguna agencia federal mantiene un real registro de los crímenes sexuales cometidos a bordo de los aviones.

A pesar de que claramente existe un problema a nivel judicial respecto a este tipo de crímenes, tampoco existen protocolos claros en las aerolíneas.

Una persona a la que golpean en un vuelo puede esperar que la tripulación sepa qué hacer. Una persona que sufre de un abuso sólo puede esperar que la tripulación actúe correctamente.

En todo caso, lo que debería haber ocurrido en el caso de Dana es que la tripulación debió comunicar la situación a los pilotos, quienes son las únicas personas con la autoridad para contactarse con el aeropuerto a través de la radio. En casos de extrema emergencia, los pilotos también pueden decidir aterrizar en cualquier pista cercana disponible, aunque esto puede tener un costo de hasta 100 mil dólares.

Off to Berlin #flying #b737 #transavia #sunset #muc #sxf

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Es aún más complicado cuando se trata de diferentes personas y jurisdicciones en términos culturales. La policía de Cologne le dijo a Dana que lo que le había ocurrido no había sido un abuso, sino un acto de muy mala educación, y que lo superara por su propio bien.

Un agente del FBI le dijo a Dana que la verdad era que la mayoría de los países velan sólo por los crímenes ocurridos a sus ciudadanos en su territorio.

¿Sabes qué hacen las aerolíneas de tu país sobre este tipo de situaciones?

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