Por Maximiliano Díaz
10 mayo, 2018

Obama firmó un pacto entre las potencias mundiales para que Irán no siguiera su búsqueda armamentista. Pero Trump ya no quería que Estados Unidos siguiera ahí. ¿Cuáles son las posibles consecuencias?

Todo comenzó como un acuerdo entre potencias internacionales para frenar la sed armamentista de Irán. Un grupo conformado por algunos de los países más poderosos del mundo: Alemania, China, Estados Unidos, Francia, Reino Unido y Rusia firmaron un acta en la que todos daban su palabra y su compromiso. El principal objetivo era hacer una advertencia pública y colectiva al gobierno iraní. Frenar su programa nuclear. 

Pero, sin mayores antecedentes y con la presunción de haber tomado una decisión apresurada y caprichosa, el presidente Trump decidió que Estados Unidos ya no seguiría formando parte del llamado acuerdo nuclear. Antes de asegurar que el país dirigido por él ya no pertenecería al potente bloque, habló de una manera abiertamente crítica en contra del acuerdo, y ahondó en las que él consideraba una serie de deficiencias. Sin embargo, no propuso una política alternativa para sustituir al acuerdo.

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Está roto, pero funciona

El acuerdo nuclear con Irán fue controvertido desde un principio, Y Trump estuvo siempre desde el lado de los opositores. El trato no cubría una serie de actividades sospechosas y preocupantes ejercidas por el gobierno iraní, como su programa de misiles y su comportamiento regional. Este se limitaba, únicamente, a frenar el programa nuclear de Irán. Se basó en imponer restricciones sobre sus actividades nucleares, y estableció un régimen de fiscalizaciones para que Irán demostrase a los países que conformaban el acuerdo que sí cumplía con los términos exigidos.

A pesar de que el acuerdo estuviese lleno de imperfecciones y enormes lagunas (como que algunas de las limitaciones del acta tuviesen una fecha de expiración), se dice que fue un importante freno en la búsqueda iraní de conseguir la bomba nuclear. Sin embargo, los más pesimistas dicen que este solo retrasó lo inevitable.

Según los países que conformaban este bloque, Irán estaba cumpliendo a cabalidad con el trato. Lo mismo opinaban los miembros de la Agencia Internacional de Energía Atómica (IAEA). Pero para el presidente de los Estados Unidos, el acuerdo solo representaba una amenaza dormida.

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Abandonar el grupo

Antes de ser realmente crítico con las condiciones e imperfecciones que proponía el acuerdo nuclear, para muchas personas Trump solo está recurriendo a un desesperado intento de diferenciación por sobre el ex presidente Barack Obama (impulsor del trato). Según la opinión pública y periodística, el actual presidente siempre ha buscado alejarse lo más posible de la obra del primer presidente afroamericano de los Estados Unidos. Apenas llegó a la Casa Blanca, retiró a Estados Unidos del Acuerdo de Comercio Transpacífico; para junio, su país habrá abandonado el Acuerdo Climático de París. Y, actualmente, tiene a los republicanos trabajando en el congreso para derogar la Ley de Protección al Paciente y cuidado de Salud Asequible, una ley conocida popularmente como Obamacare.

Se dice que, por esto mismo, Trump se mostró en un principio como un detractor discreto de la medida. Llegó a asegurar, antes de ganar las elecciones, que él estaría dispuesto a mantener este acuerdo a cambio de un par de modificaciones. Se mostraba como alguien conciliador y abierto. Preocupado de mantener un pacto que velaba por el bien de la humanidad. En sus propias palabras, y en el marco de una entrevista dada a la NBC en agosto del 2015, el republicano dijo:

“Yo supervisaría ese acuerdo de una forma tan dura que ellos no tendrían oportunidad [de incumplirlo]. Así de malo como es, así de duro sería yo con ese pacto”.

Pero, después de mostrarse como un negociador que no daría su brazo a torcer bajo ningún punto de vista, se dio a conocer que el magnate tenía una relación bastante cercana con el primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu. Y que, junto al político, también apoyaba la dura línea israelí para las negociaciones de paz en Medio Oriente. Seis meses después de la entrevista antes citada, y más cerca de las elecciones, aseguraba ser “muy pro-Israel”. 

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Para marzo, afirmaba en una reunión del Comité de Asuntos Públicos de Estados Unidos-Israel (o Aipac, por sus siglas en inglés), que su primera prioridad como presidente sería deshacerse de ese acuerdo con los iraníes. A esto se le terminaron por sumar otras promesas, más abstractas y relacionadas con el tipo de relaciones establecidas entre ambas naciones, como que “los días en los que se trataba a Israel como a un ciudadano de segunda categoría van a terminar”. 

Durante su discurso para abandonar el pacto nuclear, Trump citó evidencia presentada por Netanyahu para demostrar la ineficiencia del acuerdo. 

Pero la astucia de Trump no se ha quedado solamente en la búsqueda de relaciones exteriores satisfactorias, y el cumplimiento de sus caprichos para quitar al país comandado por él de compromisos inconsistentes, y de la obra de un ex presidente que no le agrada. El actual mandatario también ha sabido armar un gabinete que avale todas sus ideas. 

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Según la prensa estadounidense, varios miembros del gobierno le sugirieron mantenerse dentro del acuerdo. Entre ellos habría estado el exsecretario de Estado Rex Tillerson, el exasesor de Seguridad Nacional HR McMaster, y el secretario de Defensa James Mattis. De estos miembros del gabinete (aquellos que sugirieron algo con lo que Trump no estaba de acuerdo) el único que aún conserva su puesto es Mattis. Sin embargo, según reportan los medios independientes del país, el poder y la capacidad de decisión del secretario de Defensa parece estar mermándose cada día más.

En cuanto a Tillerson y McMaster, fueron reemplazados por Mike Pompeo y John Bolton, respectivamente. Ellos dos han sido reconocidos en la opinión pública por ser abiertos detractores en contra del programa nuclear de Irán. Los elementos perfectos para que Trump pueda continuar esparciendo sus ideas hacia el Congreso y, en un escenario ideal, hacia los ciudadanos. 

Un acuerdo sin EEUU

Ahora, el presidente de Irán, Hasan Rohani ordenó a la Organización de Energía Atómica de Irán que se prepare. Comenzarán a enriquecer uranio a nivel industrial si el acuerdo fracasa después de la salida de los Estados Unidos. El mandatario ya había advertido previamente que el país norteamericano se arrepentiría de abandonar el acuerdo, y que para él no existe la posibilidad de renegociación. 

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Trump, sin embargo, hace oídos sordos. Y ya firmó un memorando para comenzar la reimposición de millonarias sanciones económicas a Irán en busca de que se frene su carrera armamentista (una medida que se había suspendido cuando se creó el acuerdo).

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Los otros países aún no han emitido ninguna declaración. Se espera que el acuerdo siga vigente y que el bloque se mantenga con un miembro menos. El trato sigue vivo, pero parece ser una bomba de tiempo.

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