Por Alejandro Basulto
12 junio, 2019

La barra de hierro de más de un metro largo y 3 centímetros de diámetro, entró bajo su pómulo derecho y se llevó un pedazo de su cerebro en el acto.

Phineas Gage era un obrero estadounidense con una historia y una vida típica como cualquier otro. Trabajaba en la construcción todo el día y después de ello, habían días en que se retiraba junto a sus amigos a tomar unos tragos para finalizar de esa manera la jornada. Todo iba sumamente normal y tranquilo cuando en un trabajo que le tocó dirigir en Vermont, cambió su vida y su forma de ser para siempre.

Wikimedia Commons (CC)

Debido a que tras tocarle dirigir un grupo de trabajo que era el encargado de las explosiones de rocas en marco de la construcción de las vías férreas Rutland Burlington, sucedió que un mal movimiento provocó una tremenda explosión, que hizo que volara una barra de hierro de más de un metro de largo y 3 centímetros de ancho directo a su cabeza.

A sus 25 años de edad, Gage tenía un fierro que entraba bajo su pómulo izquierdo y salía por la parte superior y anterior de su cabeza. Además sacó su globo ocular izquierdo de órbita, y terminó llevándose una pedazo de su cerebro en el trayecto. Último daño constatado que tendría una seria repercusión en la personalidad de Phineas.

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Peso a lo que todos esperaban, este hombre sobrevivió a la brutal lesión. Y que de hecho, de acuerdo a lo que consigna The Guardian, tras ser llevado al hospital, él mismo contó con sus propias palabras lo que le había pasado y en ningún instante perdió la consciencia. Finalmente, tras ser hospitalizado dos meses, le dieron de alta.

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Pero nadie previó el cambio que este accidente conllevó para su comportamiento. Ya que de pasar a ser un hombre respetuoso y educado, pasó a ser uno ofensivo y de conductas transgresoras. Lo que lo llevó a perder su empleo en el ferrocarril, siendo una de las causas las constantes riñas que tenía con sus compañeros.

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Pasó por muchos trabajos, incluyendo diferentes estancias en granjas, hasta que encontró un trabajo en un circo, donde mostraba orgullosamente su herida y el fierro que lo atravesó.

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Pasaron los años y los médicos lograron descubrir que el fierro atravesó el lóbulo frontal izquierdo, hallazgo que les permitió confirmar que esa parte del cerebro era la encargada de las emociones, personalidad y de las funciones ejecutivas en general.

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Gage falleció 13 años después del accidente, siendo enterrado junto al fierro que cambió tanto su vida. Sin tal vez ser consciente, que aún después de muerto su cuerpo sirvió a la medicina, al estar hoy en el museo anatómico Warren de la Escuela de Medicina de Harvard, realizándose varias investigaciones en torno a él.

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