Por Ignacio Mardones
19 noviembre, 2015

«Recostar la cabeza en la almohada es horrible, porque la noche es horrible. Fue cuando los ataques sucedieron».

El fotógrafo Magnus Wennman es de Estocolmo, pero decidió viajar a cubrir las oleadas de migrantes sirios que se están llevando a cabo. En Medio Este se está viviendo una situación crítica y Magnus, como fotoperiodista, quiso aportar con lo suyo: imágenes. Cada una de las siguientes fotografías lleva abajo una historia que debe ser conocida. Los protagonistas son niños pequeños y el título que lleva el libro recopilatorio es: «Donde los niños duermen». Es importante compartir información como esta, muchas familias mueren o pierden la esperanza a medida que pasa el tiempo.

1. Maram, 8 años, en Amman.

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Magnus Wennman

Maram tiene 8 años y acababa de salir de la escuela cuando un misil destruyó su casa. Una parte del tejado cayó sobre ella. Su madre la llevó a un hospital de campo, desde ahí fue llevada a la frontera con Jordania. El golpe le causó hemorragia cerebral. Los primeros 11 días Maram estuvo en coma. Ahora está consciente, pero tiene la mandíbula rota y no puede hablar.


2. Amir, 20 meses, en Zahle Fayda.

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Magnus Wennman

Amir tiene 20 meses y nació refugiado. Su madre cree que él estuvo traumatizado desde el útero. «Amir nunca ha dicho ni siquiera una palabra», dice Shahana, de 32. Amir no tiene juguetes dentro de la carpa plástica en la que ahora vive, pero juega con lo que sea que encuentra en el suelo. «Ríe mucho, a pesar de que no hable», dice su madre.


3. Shehd, 7 años.

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Magnus Wennman

Shehd amaba dibujar, pero últimamente sus dibujos contienen siempre lo mismo: armas. «Ella las ve todo el tiempo, están en todas partes», explica su madre mientras la niña duerme en el suelo junto a la frontera de Hungría. Ahora ella no dibuja nada. La familia no ha podido traer papel ni lápices con ellos en el viaje. Shehd tampoco juega. El escape ha forzado a los niños a convertirse en adultos y se preocupan de lo que ocurre a cada hora y a cada minuto. La familia ha tenido dificultades para encontrar comida durante su viaje. Algunos días tienen que comer sólo las manzanas que encuentran junto a los caminos. Si la familia hubiera sabido lo difícil que sería el viaje, hubieran decidido arriesgar sus vidas en Siria.


4. Walaa, 5 años, en Dar-El-Ias.

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Walaa tiene 5 años y quiere volver a casa. Ella cuenta que tiene su cuarto propio en Aleppo. Ahí no acostumbraba a llorar a la hora de dormir. Aquí, en el campo de refugiados, llora cada noche. Recostar su cabeza en la almohada es horrible, dice, porque la noche es horrible. Fue cuando los ataques sucedieron. Durante el día, la madre de Walaa suele construir una casa con las almohadas para enseñarle que no hay nada qué temer.


5. Ahmad, 7 años, en Horgos/Roszke.

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Incluso el sueño no es una zona libre; es ahí cuando el terror vuelve. Ahmad estaba en casa cuando una bomba estalló contra su casa en Idlib. Una metralla lo golpeó en la cabeza, pero logró sobrevivir. Su hermano menor no lo logró. Su familia ha vivido en guerra con el vecino cercano desde hace años, pero sin un hogar, no tienen opción. Se vieron obligados a huir. Ahora Ahmad yace entre otros cientos de refugiados en el asfalto de la autopista que lleva a la frontera de Hungría. Este es el día 16 de su viaje. La familia ha dormido en refugios de autobuses, en el camino y en los bosques, explica el padre de Ahmad.


6. Ahmed, 6 años, en Horgos, Serbia.

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Es más de medianoche cuando Ahmed cae dormido en el pasto. Los adultos se sientan a su alrededor, hacen planes sobre cómo saldrán de Hungría sin ser captados por las autoridades. Ahmed tiene seis años y lleva su propia bolsa durante los largos trayectos que su familia hace a pie. «Él es valiente y sólo llora a veces por las mañanas», dice un tío que se hace cargo de él desde que su padre fue asesinado en Deir ez-Zor al norte de Siria. 


7. Lamar, 5 años, en Horgos, Serbia.

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Los juguetes, muñecas, el trencito y la pelota quedaron en Baghdad; Lamar suele hablar de estos objetos cuando le mencionan su casa. Una bomba lo cambió todo. La familia estaba yendo a comprar comida cuando fue dejada caer cerca de su hogar. No fue posible seguir viviendo ahí, dice Sara, la abuela de Lamar. Después de dos intentos de cruzar el mar por Turquía en un pequeño bote de caucho, tuvieron éxito al llegar a una frontera cerrada de Hungría. Ahora Lamar duerme cubierta por una manta en el bosque, asustada, con frío, y triste.


8. Fara, 2 años, en Azraq.

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Fara tiene 2 años y ama el fútbol. Su padre trata de hacer pelotas para ella juntando todo lo que encuentra en el suelo, pero no duran demasiado. Cada noche, él se despide de Fara y de Tisam (9 años), la hermana menor de ésta. Tiene la esperanza de que al otro día pueda darles una pelota adecuada con la que jugar. Todos los otros sueños están fuera de su alcance, pero él no se rendirá.


9. Ralia, 7 años -Rahaf, 13 años. Ambas en Beirut.

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Ralia, de 7, y Rahaf, de 13, viven en las calles de Beirut. Son de Damasco, donde una granado mató a su madre y hermano. Junto con su padre, han estado durmiendo así durante un año. Se acomodan para darse calor en los cartones. Rahaf dice que está asustada de los «niños malos», y Ralia comienza a llorar.


10. Juliana, 2 años, en Horgos, Serbia

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Hacen 34 grados. Las moscas vuelan sobre la cara de Juliana y ella mueve las piernas con dificultad en el sueño. La familia de Juliana ha estado caminando por Serbia durante dos días. Esta es la última fase de una huida que comenzó hace 3 meses. La madre de la niña pone un fino chal sobre ella. A unos metros de su lugar de descanso, miles de personas viajan en grupo. Es finales de agosto y Hungría está a punto de atrincherarse con alambre púas para frenar las olas de refugiados. Pero por unos días todavía es posible pasar por una frontera de la ciudad de Horgos. Tan pronto amanezca la familia de Juliana lo intentará.


11. Moyad, 5 años, en Amman.

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Moyad tiene 5 años y su madre necesitaba harina para hacer una torta de espinaca. Tomados de la mano, iban hacia el mercado de la ciudad de Dar’a. Ellos pasaron junto a un taxi que explotó por una bomba. La madre de Moyad murió al instante. El niño, que fue trasladado en helicóptero a Jordania, tiene una esquirlas alojadas en su cabeza, espalda y pelvis.


12. Shiraz, 9 años, en Suruc.

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Shiraz tiene 9 años y a los 3 meses de edad tuvo una fiebre severa. El doctor le diagnosticó polio y le recomendó a los padres no gastar demasiado dinero en la niña porque no tenía oportunidades. Luego vino la guerra. Su madre, Leila, comienza a llorar cuando describe cómo envuelve a su hija en una manta para llevarla a la frontera de Kobane y Turquía. Shiraz, que no puede hablar, recibió una cama de madera en un campo de refugiados. Ella permanece ahí, día y noche.


13. Abdullah, 5 años, en Belgrado, Serbia.

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Abdullah tiene una enfermedad a la sangre. Durante los últimos dos días ha estado durmiendo afuera de la estación central de Belgrado. Vio el asesinato de su hermana en su hogar en Daraa. «Todavía está en shock y tiene pesadillas todas las noches», dice su madre. Abdullah está cansado y mal de salud, pero su madre no tiene dinero para pagar por medicinas.

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