Por Cristofer García
25 mayo, 2021

En 1948 un hombre sin vida yacía en una playa de Adelaida. No lograron saber la causa de muerte y tampoco su identidad. Este caso ha conmocionado al país por décadas y sigue causando interés, pero todavía no tiene una respuesta.

El caso policial más relevante en Australia ocurrió en 1948 y se trató de un asesinato que, después de 73 años, sigue sin ser resuelto. El cuerpo sin vida de un hombre fue visto por un par de jóvenes en una playa de Adelaida, quienes luego dieron la alerta a las autoridades en ese momento.

Pensaron que era un borracho o un vagabundo, pero nada de eso mostraba su apariencia. Estaba bien vestido y muerto, no ebrio. Esta situación encendió las alarmas de la policía, porque era una situación totalmente atípica.

Autor desconocido, ayúdanos a encontrarlo

Tal como lo narró el cineasta argentino Lucas Bucci en un hilo de Twitter, el sujeto fue hallado con dos tickets de tren, uno con destino a la estación central y otro para Somerton, localidad donde fue ubicado.

Cuando le practicaron la autopsia descubrieron que se encontraba en buen estado físico. Solo presentó la condición llamada hipodoncia, por lo cual no tenía dientes incisivos. Lo otro es que sus orejas eran particulares; el hoyo de arriba era más grande que el inferior, según Bucci.

No obstante, no se logró saber qué causó la muerte del hombre y tampoco lograron identificarlo. Según las experticias, tendría entre 40 y 45 años de edad y la posible causa de fallecimiento sería por envenenamiento, debido a que hígado y estómago estaban llenos de sangre, pero no se llegó a una conclusión al respecto ni encontraron rastros del veneno.

El caso no solo causó impresión en este país oceánico, sino que también captó atención internacional, por lo misterioso que resultaba todo. Como no lograron dar con información del hombre en los registros de Australia, la policía trató de recrear sus últimos pasos y así intentar despejar el camino hacia la respuesta que buscaban.

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Creyeron que el hombre podría no ser del país, por lo cual existía la posibilidad de encontrar una de sus valijas guardada en la estación de trenes. De esa forma, un empleado dio con un portafolios que había llegado días atrás. Dentro había ropa, herramientas y un rollo de hilo, igual al encontrado en el saco del fallecido.

Los oficiales encontraron la etiqueta de “T. Keane” en la ropa pero pensaron que ese no sería su nombre real, porque no habían recibido ningún reporte de desaparición en todo el mundo con esa identidad.

Según relató Bucci, otra cosa que interesó a los investigadores es que las corbatas dentro de la maleta, igual a la que llevaba puesta el fallecido, tenían tiras de izquierda a derecha, cuando en todos los países de habla inglesa se usan en la dirección contraria, menos en Estados Unidos. Parecía ser extranjero.

Al no encontrar más evidencia que dieran con la causa de muerte y luego de que nadie reclamara el cuerpo, el caso se congeló. Fue el investigador John Cleland quien lo retomó 6 meses después con una nueva autopsia.

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En este nuevo intento dieron con una nueva pista. En un diminuto bolsillo del saco Cleland encontró un papelito con la frase “Tamam Shud” escrita. No obstante, esto solo causó aún más confusión porque no estaba escrita en ningún idioma que reconocieran. No entendían el significado.

Después de enfocarse en esta pista, el texto del papel, que parecía arrancado de algún libro, estaba escrito en persa y Tamam Shud quería decir “Finalizado”. Pero no había forma de conectar todo para recrear el caso. Simplemente era imposible.

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Finalmente el sujeto fue enterrado el 14 de junio de 1949, más de 6 meses después de su muerte. Pero Cleland no se daba por vencido e hizo un un busto de yeso del hombre, para continuar investigando en el futuro.

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Gracias a un periodista se supo que la frase provenía de la última página del libro Rubaiyat, un poemario del siglo XI que habla sobre la idea de llevar una vida plena y morir sin remordimientos. Eso generó más controversias respecto a las causas de la muerte y aún más cuando un hombre se acercó a la comisaría local con un ejemplar de este libro, precisamente sin pedazo de la hoja final, el mismo que fue encontrado en el bolsillo.

Al comparar ambos papeles confirmaron que se trataba del mismo libro. Pero en medio de la investigación surgió una pista desconcertante: al final había 5 frases sin sentido escritas en él.

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También había dos números de teléfono: uno de un banco y el otro de una mujer que vivía cerca de la playa donde fue encontrado. Jessica Thompson, quien vivía con su esposo y su hijo Robin, negó conocer al fallecido cuando la interrogaron, pero al ver el busto casi colapsa de la impresión.

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Según Thompson, los vecinos le comentaron que un hombre estuvo buscándola en su casa en esos días pero nunca se lo encontró. Además, admitió también conocer el libro Rubaiyat y que se lo había regalado a un hombre de Sidney, Alfred Boxall.

Boxall había tenido un romance con ella hace algún tiempo. Los investigadores comenzaron a atar cabos y creyeron que lo tenían listo: Boxall fue rechazado por ella y luego se quitó la vida en la playa. Pero no fue así de sencillo, porque Boxall apareció vivo en Sidney y también mostró que conservaba su ejemplar de Rubaiyat.

Se cerró el caso nuevamente, pero fue hasta 2014 que una hija de Jessica (fallecida en 2007) comentó que posiblemente su madre conocía al hombre muerto en la playa. Fue Derek Abbot, un profesor de ingeniería de la universidad de Adelaida, quien se obsesionó y revivió el caso tantas décadas después.

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En su investigación descubrió que Robin, el hijo de Jessica, presentaba la misma condición de hipodoncia en su dentadura y la misma forma poco común de las orejas del hombre de Somerton. Eran los mismos rasgos.

De acuerdo a Abbot, que esto sea una coincidencia es de 1 en 10 o 20 millones. El investigador estaba convencido de que el desconocido era el padre de Robin y la forma de confirmarlo era a través de una prueba de ADN, pero lastimosamente ya había fallecido.

Se cree que Robin fue un hijo fuera del matrimonio y por eso Jessica guardó silencio. Sin embargo, se enfocaron en buscar a la hija de Robin, la cual fue dada en adopción por carencias económicas.

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Quizás lo menos esperado del caso es que Abbot encontró a la hija de Robin y se casó con ella. Ahora es su esposa quien debe someterse a la prueba de ADN, pero la justicia negó la exhumación del cuerpo del desconocido en 2011.

No obstante, recientemente se habilitó la opción de desenterrar el cuerpo para hacer el análisis de ADN, lo cual podría acabar con más de 70 años de misterio en el caso más complicado en la historia de la policía en Australia. Aunque sea difícil a estos tiempos dar con las causas de muerte, saber su identidad sería un avance enorme.

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