Por Vicente Quijada
10 septiembre, 2018

“Perdimos el Mundial, pero yo gané otra copa, la de la vida”, reflexionó el “Fenómeno” tras el riesgoso suceso.

Con un Balón de Oro -a los 21 años- bajo el brazo, Ronaldo Nazario llegaba mejor que nunca a defender a la verdeamarelha en el Mundial de Francia 98′. Pasaba por su mejor momento, venía de ganar la Copa de la UEFA con el Inter de Milán y no había rival que pudiera quitarle la pelota cuando era poseído por esa gambeta endiablada, por lo que todo presagiaba que tendría una gran presentación en tierras galas. Y así fue, al menos hasta la final. 

El “Fenómeno” aportó con 4 goles -uno a Escocia, 2 a Chile y uno a Holanda- para que la escuadra dirigida por Mario Zagallo llegará hasta el último partido, ante los locales, que contaban con un Zinedine Zidane excelso y un elenco que sabía perfecto a lo que jugaba. El desafío no era menor, pero los brasileños iban por el pentacampeonato con un vestuario plagado de estrellas como Rivaldo, Roberto Carlos, Cafú y Bebeto. Sin embargo, un día antes de aquel duelo, su estrella sufrió un accidente que dejó a todo Brasil helado.

Decidí descansar un poco después del almuerzo y lo último que recuerdo es que me iba a acostar. Me fui a la cama, después tuve una convulsión y, cuando me desperté, estaba rodeado otros jugadores y por el doctor Lidio Toledo. Nadie me quería decir qué estaba pasando”, relata el mismísimo Ronaldo años después, en conversación con FourFourTwo.

“¡Ronaldo se muere!”, gritó Roberto Carlos, su compañero de habitación, tras ver que el ariete caía al piso inconsciente y echando espuma por la boca. Instantes antes miraban el GP de Gran Bretaña para relajarse previo a la final, pero ahora todos corrían a ver -y socorrer- al delantero estrella. En cuestión de minutos, el equipo médico lo atendió y se lo llevó hasta el hospital más cercano. Las horas corrían, el vestuario brasileño era pura incertidumbre y el encuentro en Stade de France se acercaba.

Ronaldo estaba en la cama siguiendo una carrera de Fórmula 1 y una inclinación artificial del cuello comprimió el glomus carotídeo, un órgano secretor responsable de regular el ritmo cardíaco y la presión arterial. La frecuencia cardíaca tuvo una caída que le provocó el desmayo y las convulsiones”, explica Bruno Caru, el cardiólogo que atendió a Ronaldo tras el suceso. En un principio se pensó -y se comunicó- que era un problema neurológico, una epilepsia, y al ver que los exámenes no eran irregulares, el “9” insistió con jugar. “Los exámenes médicos no mostraban nada anormal. Nos fuimos al estadio, me acerqué a Zagallo y le dije ‘me encuentro bien, no tengo nada, yo quiero jugar’. No le quedó más remedio que aceptar mi decisión.”, rememora el goleador. Es más, el DT había decidido llevar a Edmundo, la eterna banca de Ronaldo, para el partido más importante, pero minutos más tarde se arrepintió y se la jugó por el “Fenómeno”. No fue la mejor decisión.

FIFA

“Cada vez que le tocábamos la pelota a Ronaldo, o le veíamos por el campo, temíamos por su vida. No podíamos dejar de tenerlo en la mente todo el tiempo. Era una sensación generalizada de pánico”, cuenta César Sampaio, mediocampista de aquel “Scratch”, que vio como la Francia de Zidane -con 2 goles del astro y uno de Petit- goleó a Brasil y acabó con el sueño del pentacampeonato. El delantero no jugó como de costumbre, y parte de esa culpa está en el diagnóstico que le dieron horas antes.

“Los médicos dieron por bueno que había sufrido un ataque epiléptico y se le administró un poderoso medicamento, idóneo para la epilepsia, el utilizado por Marilyn Monroe para suicidarse, y que reduce la actividad cerebral. Eso explica su juego en el partido ante Francia. Y eso explica las imágenes del jugador cayéndose por las escaleras del avión como si estuviera borracho a su llegada a Brasil tras el Mundial”, analiza Carú, años más tarde.

PA

“Posiblemente afecté a todo el equipo porque esa convulsión era de las que dan miedo, no es algo que veas todos los días. Pero yo tenía un compromiso con mi país y no quise defraudar. Tenía mi orgullo y sentí que podía jugar”, reflexiona. “Perdimos el Mundial, pero yo gané otra copa, la de la vida”, concluye Ronaldo, quien 4 años más tarde, en Corea-Japón 2002 tuvo su venganza, y fue el goleador, con 8 tantos.

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