Por Luis Lizama
4 octubre, 2019

«La tableta no educa, fascina, engancha y el niño no aprende a autorregularse», explica el artículo citado.

La tecnología avanza a pasos agigantados y las nuevas generaciones crecen a su alero. Los juguetes ya no importan tanto como un teléfono celular o una tableta. Para los padres, muchas veces sirven como cuidadores.

Usar el celular o la tableta para calmar a los niños, les impediría aprender cómo autocalmarse. Por hacer un bien, se hace un mal. 

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El artículo del medio de noticias Aleteia, comienza llamando al teléfono celular como «caramelo electrónico«, por su similitud a lo que se le da a un niño para calmarlo. No ayuda en la educación de los hijos, prosiguen.

La realidad es que muchas veces los padres y madres se ven sobre pasados por los hijos, tratar de calmarlo no funciona, hablarle tampoco, entonces se recurre al «caramelo electrónico».

«Es una forma de decirle al niño: “Creemos que no puedes hacer nada más que tomar la golosina para estar tranquilo. Nos dejas en paz y te volvemos a demostrar que tú no te puedes entretener o calmar por ti mismo. El niño podría responder: “No me habéis enseñado”«.

 Explica el artículo de Aleteia.

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Se ejemplifica con una simple situación que involucra a la madre y a su hijo: una ida al médico. Antes, la madre prestaba más atención al pequeño, porque no existían los smartphones, y lamentablemente la invasión tecnológica es algo que no discrimina edades.

«La madre, que no tomaba su móvil pues casi no se usaba, le miraba más o menos atenta pero le sonreía cada vez que el niño buscaba aprobación en sus ojos (…) Luego el niño entraba en la consulta del pediatra y tantas novedades le dejaban extasiado.

Los cochecitos miniatura volvían al bolso de la madre y el niño salía de la consulta tan feliz. La madre creía firmemente en que el niño podía entretenerse sólo porque había recibido clases de autoaquietamiento (autocalma) en casa. Y si los cochecitos le cansaban, sacaba un papel y unos lápices del bolso (un poco como Mary Poppins) y ponía al niño a dibujar».

Ejemplifica el artículo de Aleteia.

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Y es que en la actualidad a los niños no se le enseñan un montón de «cosas vitales». Algo tan importante y primordial, para alguien de esa edad, como simplemente jugar. Ya no explotan la creatividad, no luchan contra el aburrimiento ni dedican tiempo al ocio.

Antes, continúa el escrito, los niños podían «contarse historias a sí mismos», dándole un relato a las historias con cochecitos o cualquier juguete. Y es en esa habla interna que el pequeño era capaz de «darse órdenes así mismo»

Imagen referencial – Pixabay

Los niños de hoy no saben jugar. Su entretención se basa en pararse frente a una televisión, absorber horas de dibujos animados o en el celular. El niño no juega y, como señalan en el artículo:«no sabe hacer casi nada»

Lamentablemente es una realidad. No se genera aprendizaje y los niños no saben cómo entretenerse ni cómo calmarse cuando están sufriendo.

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