Por Maximiliano Díaz
1 febrero, 2018

Maldita por su propia riqueza, le dijeron que tendría un destino horrible si no construía una casa para quienes la atormentaban.

La historia de Sarah Winchester es una de las más famosas y  misteriosas del mundo. Ha sido motivo de intriga desde siempre para los amantes de lo paranormal, y comenzó en 1866, cuando la mujer tenía apenas 26 años, y estaba comenzando a llevar una plácida vida, junto a su esposo William winchester.

Sarah acababa de salir de los 25  cuando su amada hija, Annie, falleció. Quince años después, pasaría lo mismo con su amado William. La pareja nunca tuvo más hijos, y nadie pudo consolar a Sarah desde entonces.

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Golpeada por una pena, y un sentimiento de justicia incontrolables, la viuda Winchester viajó hasta Boston a ver a un famoso psíquico llamado Adam Coons, esperando que él pudiese guiarla en estos difíciles momentos.

La respuesta que él le dio a Sarah fue extrema, y la única solución que ofrecía era tan bizarra, que nadie más que ella podría habérsela tomado en serio.

La fortuna maldita

Para entender la historia, hay que viajar un poco en el tiempo hasta su matrimonio. Ella gozó de la riqueza durante toda su vida adulta. Su suegro, Oliver Winchester, había fundado hace algún tiempo una famosa compañía de armas, donde se desarrolló el fusil Henry, el primer fusil de repetición.

La familia Winchester terminó produciéndolo en masa, y Oliver no pudo disfrutar de la fortuna, pues murió poco después de hacerse millonario. Así que su hijo continuó con el legado: heredó la compañía, y un año después de que Sarah enviudase, quedó con una fortuna equivalente a unos 500 millones de dólares de hoy en día.

Los rifles se vendían como pan caliente cada día, pero eran estas mismas ventas las que, sin saberlo Sarah, estaban condenando a la familia. El psíquico le advirtió a la rica viuda que su familia había sido maldita por todos quienes fueron asesinados por los rifles Winchester, y la única manera de calmar las ansias de esos espíritus de asesinarla, era hacerles una casa que nunca dejase de construirse, de otro modo, ella moriría.

Ben Franske

La construcción

En 1884, Sarah compró una pequeña casa de campo en San Jose, justo al sur de San Francisco, y contrató a un montón de empleados para comenzar a expandirla. 

Construían las 24 horas, los 7 días a la semana.

El trabajo no estaba guiado por ninguna pauta coherente. Solo agrandaban la casa, y así continuaron hasta 1922, año en el que Sarah murió.

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Durante esos casi 40 años de trabajo ininterrumpido, la mansión se llenó de rarezas arquitectónicas: cuartos y distintas secciones de la casa eran añadidas bruscamente, y eso resultó en un desconcertante y bizarro puzzle de pasadizos secretos, escaleras y puertas que no llevaban a ninguna parte, y ventanas que solo servían para ver dentro de otras habitaciones.

La Mansión Winchester llegó a tener más de 500 habitaciones, más de 10,000 ventanas, 47 chimeneas y escaleras.

Muy pronto, la pequeña casa se convirtió en una increíble mansión de 7 pisos con escaleras bajas para que la viuda, ya vieja, pudiera desplazarse con tranquilidad.

Tenía 40 alcobas, dos salones de baile (uno completo, y otro sin finalizar), 17 candelabros, dos niveles subterráneos, tres ascensores, y otros lujos y rarezas. 

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Sarah nunca escatimó en gastos para los adornos de su mansión, que, según ella, solo ensalzaban su belleza arquitectónica. Las vidrieras de sus ventanas, por ejemplo, fueron creadas por la compañía Tiffany, y fueron diseñadas exclusivamente para ella, incluyendo una en particular que tenía un diseño de telarañas. 

A pesar de que esa ventana (avaluada en unos US$ 25,000) nunca se instaló, Tiffany también diseñó una segunda ventana que, al ser golpeado por la luz del sol, tenía un prisma diseñado para proyectar un arcoíris del otro lado. Sin embargo, esa ventana fue instalada en un salón que no recibía la luz del sol, y nunca se probó si efectivamente ese cuarto habría podido ser iluminado por un arcoíris.

Además de esto, el número 13 se repetía constantemente en esa casa, a pesar de que para la época, era considerado como un mal augurio: una ventana estaba conformada por 13 vidrios divididos, las escaleras tenían 13 peldaños, los muros y los techos tenían 13 paneles.

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La forma de una habitación en particular hizo que la llamaran Gorro de Bruja, y aparentemente fue diseñada para crear un extraño eco al estar dentro de ella.

La leyenda Winchester

La leyenda decía que Sarah dormía en una habitación distinta cada noche, y la casa solo tenía un baño funcional, para despistar a los invitados. Además, muchos de los trabajadores de Sarah necesitaban de un mapa para moverse cómodamente por su mansión.

Cuando Sarah murió, a la edad de 82 años, todas sus posesiones (excepto la casa), fueron heredadas a su sobrina y secretaria personal, quien lo terminó vendiendo todo en una subasta privada. Dicen que, para sacar todas las pertenencias de la casa, se necesitaron 6 camiones trabajando 8 horas al día durante 6 semanas.

Una parte de la casa fue destruida durante un terremoto, pero lo que queda de ella sigue siendo una atracción turística, y en 2016, se anunció que otra habitación había sido encontrada: un espacio en el ático que tenía un armonio, vestidos de la época victoriana, pinturas, y una máquina de coser.

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