Por Alex Miranda
4 junio, 2018

Quienes van al río a beber o a limpiarse deben enfrentarse a la misma bacteria que se encuentra en el agua de cañerías o en las fecas humanas.

“Yocwitz es una de las localidades de San Juan Cancuc, con mayores grados de rezago social, es decir, la habitan personas con viviendas sin suelo, sin luz, sin drenaje y sin agua”, dice uno los portavoces de Oxfam, una confederación nacional que realiza labores humanitarias en 90 países. “Las condiciones en que viven las personas de Yocwitz son inhumanas, intolerables e insostenibles”, recalca.

Y es que la vida a la que se ven obligados a vivir en este pueblo ubicado en los Altos de Chiapas, es bastante dura. Como bien dicen desde Oxfam, las casas están construidas con palos y no tienen piso. Por lo mismo, es normal ver niños durmiendo en el suelo. Pero lo más preocupante no es eso, sino que la falta de agua que tienen que soportar, porque además de lo escaso de este líquido, las pocas gotas que se pueden conseguir están infectadas ya que no hay infraestructura básica para mantenerla en buen estado.

Los problemas que acarrea la falta de agua

Fundación Cántaro Azul

En la localidad viven aproximadamente 800 personas, y menos de la mitad de esas personas tienen tuberías. La gente que no tiene esa suerte lamentablemente debe ir al río a beber o a limpiarse, lo que tampoco es muy salubre ya que también contiene la bacteria de “Escherichia coli”, la misma que se encuentra en el agua de cañerías o en las fecas humanas. El consumo de ésta puede producir malestares e infecciones gastrointestinales fuertes que deben ser tratadas a tiempo.

Si bien Yocwitz cuenta con un centro médico para tratar este tipo de casos, el centro se mantiene cerrado por las condiciones insalubres en las que tendría que funcionar si abriera. Pero lamentablemente ese problema se expande hasta las calles, ya que al no tener baños capacitados para hacer sus necesidades, los pobladores están obligados a hacerlas en la vía pública, provocando más focos de infección y creando una especie de círculo vicioso.

Este último es un problema gigante más que nada para las mujeres del sector, que al estar obligadas a salir a la calle para “ir al baño” se ven mucho más expuestas que los hombres. Según María Fernanda Álvarez, de Oxfam, la organización ha detectado indicios de acoso sexual a raíz de esto. Un problema más para la lista de obstáculos que se tienen que resolver en Yocwitz.

Y como si eso no fuera lo más complicado para las mujeres, las labores de búsqueda de agua normalmente quedan en sus manos. No es tarea fácil ir en búsqueda de la tan escasa agua, ya que los pozos más cercanos a la ciudad quedan a más de una hora de camino. A pesar de todo, el trabajo de recolección pasa de generación en generación, haciendo que hasta las niñas pequeñas sepan el camino al pozo más cercano.

“Los habitantes no se reconocen a sí mismos como ciudadanos”

Fundación Cántaro Azul

Con respecto al trabajo que puede entregar esta localidad, la mayoría de los hombres se dedican a cultivar café que venden a precios tan baratos que no se comparan con los precios a los que se venden en una cafetería normal de la capital mexicana. Este vendría siendo el único ingreso con el que el pueblo cuenta, además de un poco de ayudas federales. “Se identificó que no hay fuentes de ingreso estables; esta es una zona cafetera y mientras se produce café no hay ingresos justos”, dijo María Fernanda.

El municipio de San Juan Cancuc es donde hay que ir a quejarse cuando es necesario, pero lamentablemente queda a unas dos horas y media del poblado, haciendo que sea una elección importantísima ir o a quejarte al municipio -donde probablemente no te tomen muy en cuenta- o ir a buscar agua para sobrevivir. “Por un lado son destruidos los derechos básicos, pero ellos ni siquiera tienen capacidad de poder exigir esos derechos”, comenta Álvarez antes de rematar. “Los habitantes no se reconocen a sí mismos como ciudadanos”.

Fundación Cántaro Azul

Esto último no es una exageración, en Yocwitz no se habla español, si no que tzeltal, una lengua que viene de los mayas y que es más común de lo que se cree en los Altos de Chiapas. Por lo mismo, hay algunos conceptos que los residentes del poblado ni siquiera conocen, como el tan necesario concepto de “ciudadanía” o de pertenencia a una nación.

“Eso es lo que necesitamos para mejorar y tener agua de calidad”, dice Juana López Mendoza, una joven pobladora de Yocwitz. Ella se refiere a tanques de agua que los ayuden a mantener a raya las infecciones en el agua, además de proveer un lugar donde almacenarla de manera segura, un mínimo de dignidad con el que ni siquiera cuentan.

 

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