Por Diego Aspillaga
20 julio, 2020

“Los criminales necesitan saber que cualquier delito será castigado, tal vez esto los detendrá. No solo serán encarcelados, sino que perderán su fuerza masculina”, dijo Zoya Manaenko sobre la castración química que se practica en su país.

Existen crímenes que hacen dudar de la condición humana de algunas personas.

Ataques, terrorismo, asaltos; todas son acciones que necesitan de un nivel de crueldad y frialdad excepcionales para poder ser realizadas.

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Pero si bien todos estos crímenes son terribles, existe uno que es tan dañino y doloroso, que simplemente no cabe ni perdón ni olvido ni en el más bondadoso de los corazones: la pedofilia.

El aprovecharse sexualmente de un menor de edad, robándole su inocencia y dejando en el proceso cicatrices invisibles que duran una vida entera y de las que muchas víctimas no logran sobreponerse jamás, debe ser sin duda alguna lo peor que alguien le puede hacer a otra persona.

Y si bien las personas condenadas por estos actos son castigados severamente por los sistemas de justicia del mundo, existen muchas personas que creen que el encierro simplemente no es suficiente.

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Y la castradora de pederastas de Kazajistán, Zoya Manaenko, está de acuerdo.

Esta abuela de 68 años es la encargada de inyectarle una sustancia a los condenados por pederastia en su país, lo que los deja sin libido, efectivamente castrándolos.

Zoya Manaenko

Esto, según Zoya, es el castigo perfecto para las personas que ya cometieron el crimen y además sirve como una advertencia para todos quienes piensen en abusar de un menor de edad.

“Creo que esta es la decisión correcta: estas personas deben ser detenidas de alguna manera. Cometen crímenes terribles contra los niños. Por lo tanto, es correcto que la ley lo permita”, afirmó la mujer.

Tangrinews

Kazajistán recientemente endureció sus leyes para usar inyecciones rutinarias en las nalgas para reducir la libido de por vida para aquellos encarcelados por violar o abusar de niños, publicó el Daily Star.

La madre y abuela dice que no tiene reparos en su trabajo: para ella es un trámite que sólo tiene consecuencias positivas. “Estas son mis obligaciones profesionales. Los convictos vienen aquí por decisión judicial. No hay emociones de mi parte“, dijo.

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Zoya está tan convencida de que este proceso es el correcto para terminar con la desviación que insta a otros países del mundo occidental a seguir el mismo camino.

“Los delincuentes potenciales necesitan saber que cualquier delito será castigado, tal vez esto los detendrá. Deben tener en cuenta y recordar en su cabeza que existe tal castigo por este crimen: no solo serán encarcelados, sino que perderán su fuerza masculina”.

Zoya Manaenko

“Creo que tanto Gran Bretaña como el mundo deberían aprender y hacerles saber qué castigo es este“, concluyó.

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